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opinión

¿Qué será el cielo?

7 mayo, 2015

Iban dos viejecitos por un “mall” de Miami agarrados de la mano como si fueran novios. Un transeúnte, al ver escena tan inusual como valiosa, se detiene para felicitarlos por su exitoso y largo “noviazgo”, inalterable a través de los años.

opinan los foristas

Cuál no sería su sorpresa cuando el viejecito le responde: -No es por amor que la tengo agarrada, sino porque, si la suelto, empieza a gastar dinero a diestra y siniestra, sin mi control.

Esta es una anécdota de la sociedad de consumo en la que estamos metidos, en la que el hombre, -creado para ser feliz-, tarde se da cuenta de que ha sido engañado.

Por eso, de vez en cuando, vale la pena detenernos y reflexionar sobre el rumbo de nuestra vida: a dónde nos conduce, qué hay que corregir para llegar a puerto, etc. Este examen nos ayudará a ver mejor el camino, sobre todo si estamos al frente de una familia, pues se involucra a otros.

Y no es egoísmo soñar con la meta. Más bien, será un acicate que motive y sostenga el esfuerzo por conseguirla. Por eso, a quienes creen en Dios, les resulta muy sano pensar en el Cielo que les aguarda, si triunfan en el intento.

San Josemaría Escrivá, lo expresaba gráficamente: “¿Os imagináis qué será llegar allí, y encontrarnos con Dios, y ver aquella hermosura, aquel amor que se vuelca en nuestros corazones, que sacia sin saciar? Yo me pregunto muchas veces al día: ¿Qué será cuando toda la belleza, toda la bondad, toda la maravilla infinita de Dios, se vuelque en este pobre vaso de barro que soy yo, que somos todos nosotros? Y entonces me explico bien aquello del Apóstol: ni ojo vio, ni oído oyó… Vale la pena, hijos míos, vale la pena”.

Y en otra parte: “Para mí, la muerte es Vida, la muerte es el Amor. ¡Si no nos morimos! Cambiamos de casa y nada más. Con la fe y el amor, los cristianos tenemos esta esperanza; una esperanza cierta. No es más que un <hasta>. Nos deberíamos morir despidiéndonos así: ¡hasta luego!” Nunca es tarde para corregir la brújula si nos hemos desviado.

Gilbert Chesterton, escritor converso al cristianismo, contaba que, “a la edad de doce años era yo un pagano, y a los dieciocho era un completo agnóstico”, pero se dio cuenta a tiempo:

“Lo que yo llamo mi temporada de locura, coincidió con un período de ir a la deriva y no hacer nada. Una época en la que alcancé la condición interior de anarquía moral, sumiéndome, cada vez más, en un suicidio espiritual. Supongo que mi caso era bastante corriente”.

Y ese examen lo ayudó a cambiar: “La alegría, que era la pequeña publicidad del pagano, se convierte en el gigantesco secreto del cristiano” Nosotros también podemos intentarlo… ¿Por qué no?

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