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opinión

Elinor Montes

No podemos permitir que el régimen destruya a la gente

7 mayo, 2015

El grado de destrucción que el régimen está ejecutando es de tal magnitud que de continuar por este camino seremos el país de los zombis. Sí, el hombre nuevo, creación de esta revolución, será ignorante y limitado, incapaz de pensar por sí mismo y lo más grave es que mientras más tiempo se quede mayor será el daño.

opinan los foristas

La mayor y peor destrucción que ejecuta el régimen de Cubazuela es el de su gente. A los niños y adolescentes, crecidos en revolución, se les ha negado el derecho a la educación de una forma sofisticada, se les ha fomentado el desinterés absoluto por el conocimiento, por la disciplina, por el respeto y el logro, entre otros, a través de un sistema de educación perverso en el que hay escasez de docentes calificados e insumos y, el irrespeto, la anarquía y la flojera lejos de ser sancionados son premiados con el ascenso en el progreso estudiantil. Igualmente se ha trasformado la educación en un instrumento eficiente para el adoctrinamiento comunista y la promoción de la idolatría al difunto, al sucesor y a la “Revolución Bolivariana”.

La Lopna y ciertos consejos de protección en las charlas que dan a los alumnos también aportan su granote de arena al fomentar en los jóvenes la cultura del derecho sin conciencia de deber y la sensación de impunidad ante el quebrantamiento de normas de convivencia y reglas del colegio, como el uso de celulares en clases, apariencia personal, etc., lo cual dificulta aún más la tarea de los padres y maestros en lograr la disciplina y el respeto indispensables para la formación de una persona humana.

Los jóvenes de las universidades no bolivarianas, adicionalmente, presencian el cierre de varias materias por falta de insumos en los laboratorios, y pudiera ser una realidad el cierre de varias carreras. También se les niega el derecho al trabajo a través de la destrucción de la iniciativa personal y el consecuente futuro emprendimiento y con ello la posibilidad de ganar un salario o ingresos dignos que les permita independizarse y formar su propia familia.

Otro factor de destrucción, no menos importante, es la fuga del talento profesional y técnico que con tanto esfuerzo se formó durante la democracia -las áreas más sentidas son la asistencial y educativa-, entre otros, por la igualación hacia debajo de un salario de esclavos que ha distorsionado completamente el mercado de trabajo, hoy un obrero gana más que un profesional asalariado, entonces, ¿para qué estudiar?

Así la mesa está servida para el menú de la dependencia total al régimen, del colectivismo o la clase única y los ricos rojos mediante la adhesión al partido rojo, la corrupción, la delación y el robo y con ello la aniquilación de la persona humana y su conversión en cosa que se usa y luego se desecha y en un ente sin libertad, sin amor, sin piedad, sin verdad y sin justicia.

El asunto es destruir, luego de ellos la nada, como dijo el difunto, pues no habrá personas humanas con quien reconstruir el País.

La gente decente no puede permitir que esta destrucción siga adelante, nuestro deber moral es rescatar y cultivar los valores cristianos donde quiera que estemos, de forma militante y crear conciencia de las terribles consecuencias de nuestra transformación en una sociedad sin alma.



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