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opinión

En comunismo no hay democracia, camaradas

17 mayo, 2015

Uno

La palabra democracia se originó en los estados-ciudades de Grecia, con el significado de gobierno del demos, el cuerpo ciudadano: el derecho de todos para decidir sobre lo que son asuntos de interés general. El tamaño de los modernos estados-naciones ha implicado que (apartando aquellos que incluyen provisión de referéndum en sus constituciones) la democracia ya no es directa sino indirecta, a través de la elección de representantes; de ahí el término democracia representativa.

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Los criterios de la democracia son por lo tanto: a) si tales elecciones son libres, si se realizan frecuente y periódicamente, si cada ciudadano tiene el derecho a votar, si los candidatos y los partidos son libres para hacer campañas en oposición al gobierno de turno, y si el votante está protegido contra la intimidación por el secreto del voto; b) si tales elecciones otorgan una efectiva selección, si la selección de los electores no está limitada a un solo partido, y si el voto mayoritario contra el gobierno en el poder lleva a un cambio de gobierno; c) si el cuerpo de representantes electos (parlamento, congreso, asamblea nacional) tiene el derecho a legislar, el derecho a votar impuestos y control del presupuesto (decidiendo tales asuntos por voto mayoritario), y el derecho público para cuestionar, discutir, criticar y oponerse a medidas gubernamentales sin ser objeto de amenazas de interferencia o arresto.

La democracia está basada en una creencia en el valor del ser humano individual, y otro criterio más es por lo tanto la extensión hasta donde ciertos derechos básicos son garantizados (en la práctica, no sólo en papel) a cada ciudadano. Estos derechos son: seguridad contra arresto y encarcelamiento arbitrarios; libertad de expresión, de la prensa y de reunión (el derecho a hacer encuentros públicos); libertad de petición y de asociación (partidos, uniones, otras sociedades); libertad de movimiento; libertad religiosa y de enseñanza. Como corolario, la democracia requiere el establecimiento de un sistema judicial independiente y cortes a las cuales cada quien tiene acceso.

Los críticos de la democracia se resumen en dos grupos. El primero está opuesto a la democracia, raíz y ramas, sobre la base de que: es la forma menos eficiente de gobierno y uno en que la estabilidad del Estado está amenazada por facciones, temáticas complejas son distorsionadas por discusión popular, decisiones difíciles se evaden o descartan, y asuntos de juicio se reducen al más bajo común denominador aceptable para una mayoría de los votantes. El segundo, en favor de los principios de la democracia, argumenta que éstos son inadecuadamente realizados a menos que se lleven más lejos, extendiendo derechos iguales para todos los ciudadanos a la esfera política, legal y económica, sin lo cual –se arguye- la democracia queda incompleta, disfrazando la realidad del gobierno de clases.

Una variante de este tipo de crítica plantea que, con el crecimiento de la burocracia y el poder de los gobiernos, las decisiones ya no son efectivamente influenciadas por el punto de vista del gobierno o los representantes electos; de ahí la demanda para una más grande participación a todos los niveles de la toma de decisiones y el problema de cómo reconciliar esta demanda con la necesidad de prontas y efectivas decisiones en temáticas complejas y controversiales.

Dos

Los mismos principios de democracia representativa pueden ser aplicados a otras organizaciones diferentes al Estado (concejos de gobierno local, sindicatos, asociaciones, partidos políticos, iglesias protestantes, etc.). Una de las demandas de los movimientos radicales de protesta en países occidentales ha sido que la democracia se haga más efectiva en tales organizaciones, así como en el gobierno, con mayor participación de los miembros en la toma de decisiones, extendiendo los procedimientos democráticos a otros tipos de organización (fábricas, universidades).

Tres

Juzgados por los criterios expuestos arriba (Uno), ningún Estado de partido único comunista puede ser considerado democrático debido a que no ofrece a los ciudadanos libertad de selección y poco –si algo- de libertad de expresión. Los comunistas, sin embargo, han rehusado prescindir del atractivo de la palabra “democracia” y afirman que han establecido una forma alternativa que les permite ostentar mejor el título.

Cuatro

El canon de “centralismo democrático” fue utilizado por el leninismo y como principio organizacional de todos los partidos comunistas. Se supone que combina la libre discusión política en el Partido y libre elección de sus líderes con estricta disciplina jerárquica en la ejecución de decisiones alcanzadas por métodos democráticos. La evidencia histórica sugiere que la primera parte de la fórmula no ha sido operativa en ningún lado y que ha sido consistentemente subordinada la segunda.

En efecto, el centralismo democrático llegó a significar el método de control autocrático u oligárquico del Partido a través de su apparat central. Esto quedó claro en Las 21 Condiciones de Admisión al Comintern, donde se declara que “el Partido Comunista podrá cumplir con sus deberes sólo si su organización es tan centralizada como sea posible, si prevalece la disciplina de hierro, y si el centro del Partido, mantenido por la confianza de la membresía del Partido, tiene fuerza y autoridad y es equipada con los poderes más comprensivos”.

Cinco

La social democracia es la parte del movimiento socialista y laboral que acepta la estructura democrática del Estado y postula cambios sociales por vía de reformas. Históricamente, la social democracia surgió después del colapso de la Primera Internacional, cuando los varios partidos socialistas que formaron la Segunda Internacional se integraron casi en todas partes a la vida política de sus respectivos países.

En Rusia, las condiciones políticas no eran favorables para la aproximación socialdemócrata. En otras partes, los socialdemócratas atrajeron apoyo significativo de los trabajadores, y los partidos socialistas abandonaron las políticas revolucionarias, primero en la práctica y después en la teoría; la transición hacia el gradualismo parlamentario fue corolario a las ganancias sociales y económicas de los trabajadores y el incremento en la fuerza de los partidos socialdemócratas y de las uniones antes de la Primera Guerra Mundial. La división en el movimiento socialista causada por la victoria bolchevique en Rusia concluyó en una clara división entre social democracia reformista y comunismo revolucionario.

Después de la Segunda Guerra Mundial, los socialdemócratas recuperaron su influencia en Europa Occidental, y fueron suprimidos en la Oriental. Las políticas de los partidos socialdemócratas gobernantes en países occidentales les parecieron a muchos como insuficientemente militantes; de ahí la continuada tensión entre sus alas de izquierda y derecha y hasta las divisiones que resultaron en partidos socialistas y socialdemócratas separados.

El desencanto con las ideologías en general volvieron algo escépticos a los socialdemócratas moderados y agotaron su fervor socialista, mientras era precisamente el elemento utópico del socialismo lo que atraía a la generación más joven. Esto se manifestó con el surgimiento de la Nueva Izquierda y en su hostilidad hacia la social democracia, afectando su idea de “planificación en libertad”.

Las perspectivas de la social democracia están conectadas a las perspectivas de la democracia en general y a su continua vitalidad política para enfrentar los problemas de cambio social y económico.



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