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opinión

Andrés, salario y trabajo

5 mayo, 2015

Le he comentado a Andrés que el salario es la remuneración que un trabajador recibe en contraprestación de su trabajo. Y que este monto guarda alguna relación con las condiciones personales y profesionales del empleado, la especialización del trabajo y la duración de la jornada. Andrés me miró que como diciéndome “eso lo sacaste de cualquier librito de Derecho del Trabajo” y por eso decidí darle mayor profundidad al tema.

opinan los foristas

Le dije entonces a Andrés que el mundo de las relaciones laborales es mucho más complejo que dar unas órdenes, cumplirlas y recibir unas pagas quincenales o mensuales. Y que en ese mundo, el patrón ético juega un papel importante. Y

Allí capté la atención del muchacho.

No puede un patrón pagar un bajo salario por una jornada que exige salarios dignos y acordes con el trabajador y su familia. Tampoco puede pagar en rangos inferiores a las previsiones legales. También es antiético pagar sumas escandalosas por jornadas u oficios relacionados con actividades dudosas, ilegales o en algunos casos, que nunca se realizan. De manera que en el salario, hay implícito mucho más que dinero, para quien lo paga…y también para quien lo recibe. Lo que pagamos o dejamos de pagar como patronos (incluyendo beneficios legales o adicionales) refleja nuestros valores y principios. Lo que recibimos o dejamos de recibir como trabajadores, refleja cómo nos vemos y como nos sentimos como personas y seres humanos.

Acá Andrés me soltó una perlita que no esperaba. “Lo peor es no tener trabajo. O trabajar obligado. O trabajar en lo que no nos gusta. O trabajar sencillamente por la plata” Y esa bombita que daba pie a una catequesis completa sobre el trabajo y la dignidad humana, me hizo huir hacia adelante y gire nuestra conversación hacia la noticia de la semana. El aumento del salario mínimo decretado por el Ejecutivo Nacional.

Andrés, que tiene cara de monaguillo de edad media, bajó los hombros, levantó el rostro y sopló hacia el horizonte. “Me parece bien, pues no queda de otra. Pero se lo llevará el viento” Yo le indico que los beneficios adicionales hacen más uno menos un paquete digno y el muchacho toma la compostura de un economista frente a las cámaras de TV. “En vez de pensar en tanta aumentadera deberían idear la forma de que cosas no aumenten y además, que se consigan. Nada hacemos con un aumento de un 30 por ciento si las cosas suben 60 o 100 por ciento. Tampoco hacemos nada si tenemos el dinero y no conseguimos las cosas que queremos comprar.” Argumento impecable del muchacho, ¿cierto?

Y para finalizar, el monaguillo economista me recriminò. “Además toda esa paja que estaba hablando de la dignidad y la justicia en las relaciones laborales, no debería aplicarse a los gobiernos? ¡O no es el gobierno en todas partes del mundo quien tienes las herramientas legales, económicas y sociales para crear las mejores condiciones de las relaciones laborales, más allá del populismo y las migajas de los aumentos?” El muchacho se fue, y yo quedé con la palabra en la boca… hasta su próxima visita.

@luishomes



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