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opinión

Adiós Ironman

10 mayo, 2015

Enrique era un hombre normal, posiblemente con los problemas de triglicéridos y colesterol que muchos sufrimos en la actualidad. Varias veces en el conjunto residencial conversamos cuando nos cruzábamos paseando nuestras mascotas, las cuales por cierto, de alguna manera nos unieron como familia, en otras oportunidades lo entrevisté en mi programa de radio Gente Deportiva, y no recuerdo que habláramos de cual había sido su secreto para conseguir el éxito.

opinan los foristas

Enrique comenzó de cero y terminó siendo un Ironman, su fortaleza mental lo llevo a esforzarse como nadie, su disciplina era más que ejemplar, su concentración lo llevó a ubicarse entre los mejores triatletas del país en su categoría. Todos los elementos anteriores le otorgaron una condición física envidiable que día a día lo motivaba a asumir más y nuevos retos.

El Triatlón se convirtió para él en un nuevo amor, uno tan apasionante como Valentina y sus hijos. Toda su familia siempre estuvo a su lado, disfrutaban de la satisfacción personal que evento tras evento Enrique iba sintiendo.

La práctica del triatlón le brindó muchas satisfacciones, lo convirtió en un luchador indoblegable.

El Triatlón es uno de los deportes más exigentes que hay en la actualidad. Quienes lo practican deben ser unos duros para soportar en un mismo evento la competencia de natación, ciclismo y trote. Enrique nos demostró que era de esa estirpe de excepción, de esos que cuando comienzan no pueden parar. La transformación de Enrique solo era posible entenderla al observar que el deporte más exigente del mundo se había convertido en el nuevo estilo de vida de nuestro amigo.

Lechería tiene las mejores condiciones para la práctica de esa disciplina, de ahí que Enrique Molero, se obsesionara en construir una organización (TRIANZ) que promoviera el triatlón. Lo consiguió con éxito, constituyó un equipo sólido que año tras año demostró estar preparado para presentar las mejores y más seguras competencias del país.

En las diversas tertulias que tuve con Enrique, siempre las concluíamos con un par de sonrisas llenas de optimismo. Su energía positiva lo mantuvo al margen de las divisiones, el odio nunca fue un sentimiento que le conociera, por el contrario, lo sentía como un conciliador natural. Siempre me alentó en mi lucha política, lo hacía con la mejor de la buena fe entendiendo lo importante que era la reconciliación para los venezolanos.

Hace un par de meses nos conseguimos en Playa Los Canales, trotando, el preparándose para el Triatlón de Margarita, yo luchando contra mi barriga. A pesar de que nuestro corazón latía fuerte por el ritmo de la carrera, eso no impidió que nos detuviéramos con la sonrisa y el abrazo de costumbre. Ambos nos invitamos a seguir luchando, cada uno en su trinchera.

Nunca imagine que sería la última vez que vería a mi querido amigo. Hoy me comprometo por siempre a una campaña eterna para que los venezolanos cuidemos a nuestros campeones, debemos proteger a nuestros atletas de calle, ellos entrenan en el asfalto. Esa es su pista. Hay que entenderlo.

Lechería debe seguir siendo cuna de los mejores triatlones. El Morro será testigo del nacimiento de muchos campeones. El legado de nuestro Ironman Enrique Molero no se perderá. Recordaremos con alegría las hazañas del campeón para seguir como siempre promoviendo el triatlón.



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