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opinión

La conspiración mediática castrocomunista

29 marzo, 2015

Si hay algún sector donde la fábrica de incredulidad que es el chavismo se ha convertido en un verdadero monstruo de mil cabezas, por no decir una charca pútrida, es en la creación rabiosa y la búsqueda de control total de los medios de comunicación social.

opinan los foristas

Aquí, la doble careta les ha funcionado de acuerdo a sus intenciones: por un lado, hacerse las castas y ofendidas carmelitas por las informaciones veraces que surgen como torrentes debido a la infinidad de desastres gubernamentales, que sólo divulgan los poquísimos medios que no están bajo la férula de la sumisión, y encima de lo cual y al unísono califican de conspiración mediática con cuanto insulto les venga en gana, pese a que estos medios mantienen una programación diversificada y reducen cada vez más sus programas de opinión e información; y por otro lado, la multiplicación de medios improvisados de toda índole con los abundantísimos recursos de todos los venezolanos y exclusivamente dedicados a la más desfachatada y abusiva propaganda oficialista, donde todos los males y vicios de la corrupción administrativa se ocultan y sólo tiene puerta abierta lo que incuestionablemente lleva el calificativo de lavado de cerebro colectivo, que incrementa hasta la saturación una caricaturesca programación dirigida y moderada por un cojitranco elenco de mediocridades cuyo “talento” único consiste en la adoración perpetua del culto a la personalidad y la muy tuerta transformación de verdades en mentiras.

Es en estas mundialmente reconocidas fábricas de incredulidad comunistoide donde aterrizan y se transforman todas las muy diversas y despatarradas calamidades que el gobierno se esmera en crear casi que a diario y donde por artes psicomiméticas mutan de adefesios en radiantes luminosidades extraterrestres, las cuales pasan por filtros cerebro-pulidores de cubana extracción, generadas en la casa publicitaria del Country, para remachacarlas inmisericordemente a través de sus entregados y chimbones medios, que se estiran cual acordeón de feria con una musicalidad que a su entumecida, fanatizada y escuálida audiencia le toca descifrar. Aquí sobrevive un mundo de fantasía que nada tiene que envidiarle a Disneylandia, con la diferencia de que la tierra de la fantasía norteña tiene más audiencia hasta en los barrios más humildes, quizás porque tiene la honestidad de reconocerse sin pelos en la lengua como perteneciente al maravilloso mundo de la ficción.

La doble careta chavista ha logrado frenar la libertad de los escasos medios de comunicación no oficialistas a través de cuanta tracalería se les ha ocurrido, tracalería igualmente utilizada –por supuesto- en la construcción de su tinglado mediático y en toda la institucionalidad otrora conocida como democrática. La susodicha tracalería requiere y se empeña en destruir a los medios de comunicación que osen pensar democráticamente, ya que ningún régimen comunista puede sobrevivir con tanta gente pensando libremente y menos con capacidad para dilucidar autónomamente la diferencia entre la verdad y la mentira (cosa que para ellos es una misma bazofia).

La supervivencia totalitaria, negada pero vista a cada rato a través de la histeria deshilachada de sus líderes convertidos en animadores y actores de mala muerte, papeles en los cuales creen que se la están comiendo, requiere que todos y cada uno de los medios de comunicación acaten sin chistar cuanta imposición les salga del forro de las esféricas, forros cuyos arrugues consideran únicos (aparentemente porque brillan en su opacidad) y dignos de ser clavados a martillazos en el cerebro de la colectividad desvalida, especialmente aquella perdida que sueña con que el nuevo “él” (Maduro) les otorgue hasta el peso de su propia individualidad. Es decir: sin el control absoluto de los medios, no hay “dictadura democrática” posible. Entra, entonces, la doble careta: lo ajeno es conspiración mediática, y sus desvaríos propios palabra bíblica.

Hemos afirmado anteriormente que al chavismo hay que entenderlo al revés: la verdad de lo que digan está en lo contrario de lo que afirman. Ergo: es el chavismo el que desde hace rato viene ejecutando una conspiración mediática con miras al control absoluto y/o la eliminación de los medios de comunicación social con pensamiento libre e independiente. Para cualquier pata-en-el-suelo está más que claro que es el gobierno castrocomunista el que ha estado aplicando una ensañada persecución judicial, policial y económica a medios, periodistas, editores y hasta a quienes en los medios opinan adversamente, sin excluir a sus propios partidarios que protestan públicamente. Todo el oficialismo, cuando ve reflejar en los medios libres su tan evidente fracaso, recurre a la acusatoria de “conspiración mediática” como fórmula para acallar e invisibilizar la torta magna que día tras día ponen; acusatoria que hacen acompañar por multas billonarias, acosos, insultos y la abierta invitación para que todas las instituciones bajo su control apliquen también cualquier abuso que consideren conveniente imponer, incitando así un jalabolismo exacerbado.

Y todo lo hacen con sus caras de pendejos amanerados, como si todos los demás fuéramos del mismo cultivo, ya que al exigirle a los ajenos que sean justos, imparciales y menos críticos con ellos (siempre funcionando en realidad a la inversa de lo que dicen), pulen sus colgajos para que brillen como el dedo de ET y aprovechando la distracción creada arremeten con su implacable y multibillonarias campañas mediáticas de injusticias impregnadas a tiempo completo de parcialización y fanatismo, con sus tristes y aburridísimas cancioncitas de lamentación frustrada, donde su abundancia de programas producidos con rancia metodología cubana buscan devaluaciones absurdas de adversarios ausentes, condimentándolo todo con la neo-técnica especializada de la burla baja e indecente sobre grabaciones sonsacadas de otros medios, haciendo gala de la impresionante escasez de talento e imaginación por parte de quienes no llegan a ser más que lastimosas marionetas cuyas psiquis atrofian con el mayor gusto.

No es lo mismo los medios no oficialistas manteniendo tres o cuatro programas de opinión-información contrarios al gobierno –con una decencia que asquea además- que los medios del gobierno con su íntegra programación obsesivamente dedicada a la defensa de su vacío, con chanzas y un gigantesco lavado de cerebro que no convence ni a sus propios adláteres. Agréguese a ello el despilfarro complementario de infinitas cuñas, marabunta donde a falta de obra propia asimilan cualquier nimiedad como logros a difundir, además de obligar a la prolífica retransmisión por todos los medios, con enmamarrachamiento de ministerios, institutos autónomos, poderes morales y otros aportando sus chirriditos de inverosimilitudes tendenciosas; toda una suprema conspiración mediática abundantísimamente bañada con cataratas de recursos económicos que jamás llegan a la mínima recolección de basura, al mínimo autoabastecimiento alimentario, a la mínima construcción de viviendas, pero que chorrean como petróleo explotando y palabras huecas en la otra costosa farsa confesional de las fastidiosísimas cadenas presidenciales, donde las horas de todo el mundo se botan infinita y obligatoriamente; horas de paja de una patología que jamás conoció la síntesis, contentiva de una egolatría narcisa descocada. Este monumento al despilfarro inútil se contabiliza como una estupidez que pasa por encima del respeto, los derechos, el honor, la libertad y cuanta cosa represente algo digno, democrático e inteligente. Las huellas de esta infeliz conspiración mediática van quedando como bostas, con la ventaja para estas últimas de que al menos sirven como abono.

El Consejo Nacional Electoral es un agente principalísimo de esta conspiración mediática castrocomunista. Aquí tenemos una tracalería que permite no sólo el fabuloso uso de fondos, infraestructuras y bienes públicos para los candidatos chavistas, sino que también tenemos el monstruoso desbalance entre la propaganda del gobierno y de la oposición, clave como centro motor del silencio que aspiran imponerle a toda Venezuela. Ante la rapacidad antidemocrática del régimen, no hay manera de que este abuso degenerado llegue jamás a ser legitimado. El descaro y la indecencia han copado la credulidad. Bajo las actuales condiciones es imposible un resultado electoral legitimador. Mucho de lo que había para deslegitimar ha sido deslegitimado. Este es un gobierno sin vergüenza y forajido que sólo sobrevivirá por la trampa. Aquí no se trata de elegir la ineficiencia que carga a unos y a otros candidatos. Se trata de cargar acciones de persistencia inteligente que rescaten a la democracia y eviten que Venezuela toda caiga en la sinrazón totalitaria. El castrocomunismo hiede a totalitarismo por todos lados.

Pese a todo, no hay coherencia en una estrategia de abstención. No hay abstención en la conspiración mediática chavista. La abstención es la mejor arma del castrocomunismo, un adelanto del silencio que buscan imponer, una entrega fácil sin el honor de las peleas más recias que se dan sólo cuando el terreno está minado y contaminado con injusticias. La pelea puede darse con efectividad atípica concentrando la fuerza en los centros y en las mesas de votación, con la exigencia de limpieza encarnada. Porque será triste la alternativa de ver correr la sangre entre hermanos…



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