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opinión

Dimitry Belov

Entre “elecciones” y rebeliones

11 marzo, 2015

Dictadura de izquierda no sale con votos, o yo no voy a legitimar a la dictadura, ¿cómo vamos a hablar de elecciones cuando torturan, persiguen y matan a nuestros activistas civiles? Todos argumentos válidos, lógicos y coherentes a la hora de justificar el no acudir a una posible convocatoria a parlamentarias, pero, totalmente incoherentes si se analiza este posible evento como un acto de resistencia clave dentro de lo que han sido las luchas por la libertad en Venezuela.

opinan los foristas

Slobodan Milosevic, dictador Yugoslavo genocida y comunista al igual que Maduro, es tal vez el ejemplo más claro de una dictadura de izquierda que encontró su final en el irrespeto a un acto “electoral“. Lo coloco entre comillas pues al igual que en Venezuela, las elecciones de allá se convirtieron en una cayapa vulgar que recibieran los sectores opositores durante varios meses, en contra de un ventajismo ilimitado y una campaña terrorista por parte del régimen totalitario, nada diferente de lo que viene sucediendo y va a suceder aquí. Pero el acto en sí, de convocatoria al sufragio y luego el irrespeto a la voluntad civil, fue el detonante que llevó a las fuerzas civiles unidas a la calle, sin control de partidos, sino por el contrario fue la coordinación de Otpor –el movimiento de resistencia juvenil- lo que logró el pronunciamiento militar que produjo que el dictador abandonara el poder.

En Venezuela tenemos dos agravantes, uno es la intervención del régimen en algunos “liderazgos opositores” dentro de partidos que desde hace décadas se desconectaron de la realidad ciudadana. Para nadie es un secreto que, en algunos estados, el régimen financia a unos cuantos personajes de la MUD para ridiculizar y pervertir a la oposición, restando algo de fuerza a líderes civiles más radicales adversos al régimen. Lo positivo de eso es que esas golondrinas tarifadas no hacen verano. Y el caos es tan grande a lo interno del Psuv, que al régimen le cuesta cada vez más encontrar decadentes que se presten para ese show. El otro agravante es la perversa y planificada desarticulación de nuestras Fuerzas Armadas Venezolanas, ese aumento desenfrenado del generalato en los componentes, de unas pocas decenas a unas decenas pero de cientos que hay hoy en día, tuvo un delicadísimo impacto en su capacidad de ejecución para hacer cumplir la Constitución. Pero no hay agravante que detenga a una sociedad civil organizada que quiere de vuelta sus oportunidades de construir su futuro.

Dos cosas son vitales ante el inminente escenario de una huida por la izquierda del régimen con el llamado a oxigenarse a través de “elecciones”. La primera es no abandonar la calle, por el contrario, hay que dejar más al desnudo este Estado fallido y su desgobierno, haciendo exactamente lo que se ha venido haciendo. La segunda es la intervención frontal y activa de la ciudadanía en el proceso de depuración de los que van a “medirse” contra la cayapa que significa ir a, lo que en apariencia suena pero en el fondo no es, un proceso democrático.

La lucha, y que nadie lo olvide, es por la libertad de Venezuela, y cuando hablamos de conquistar la libertad nos referimos al “respeto irrestricto a la propiedad privada, inmueble o mueble, tanto en lo que se refiere a habitación, como así mismo a fuente o medio de producción. Instauración del sistema de promoción al emprendimiento, a la privatización de fuentes y medios de producción con escasa o mínima intervención estatal, acotando ésta, exclusivamente a la mediación en los conflictos que se generen entren los particulares”. También nos referimos en lo social a un estado donde haya “plena vigencia y respeto irrestricto al ejercicio de las libertades individuales consagradas en los Derechos Humanos Universales, conforme a las leyes que reglamenten su ejercicio” (fuente http://es.wikipedia.org/wiki/Estado_liberal), y en lo político a una república descentralizada, federal, de independencia de poderes, con elecciones libres y justas. Todos estos conceptos se encuentran plasmados hoy en nuestra legislación, pero el estado fallido castrocomunista simplemente hizo de nuestra carta magna letra muerta.

Incluso, cuando hablamos de libertad, hablamos de la mental, debemos entender que para lograr un mayor nivel intelectual como nación, debemos obligatoriamente exigir como ciudadanos la profesionalización de la carrera política. Nuestra nueva democracia debe dejar de ser un concurso de popularidad entre demagogos ignorantes con real, financiados de manera legítima o no. A estos personajes, que llegan a veces hasta alcaldes sin saber qué significa un plan de desarrollo urbano, debemos impedir que puedan llegar a cargos claves de nuestra administración pública hasta que se preparen y se vuelvan letrados. La futura política en Venezuela, luego que el régimen caiga, debe ser una digna profesión de carrera y no sólo una forma de lucro.

Si se colegian los requisitos para acceder a cargos públicos, podemos exigir a través de la ley un mayor nivel en los títulos universitarios para los puestos de elección popular, para alcaldes y diputados debemos al menos exigir una maestría a nuestros candidatos. De esa forma dejaremos de tener una república con funcionarios tan nefastos como Ricardo Sánchez diputado suplente, como Miguel Cocchiola alcalde de Valencia o como otros tantos guabinosos salta talanqueras que aparecen en la palestra pública para hacer de su candidatura una empresa altamente lucrativa. Para alcanzar la ansiada libertad, Venezuela debe ser la Republica liderada por los capaces y preparados.

Hemos protestado, hemos hecho ayunos y huelgas de hambre, hemos denunciado al régimen nacional e internacionalmente, hemos marchado, hemos ido a concentraciones donde las fuerzas de la represión nos superaban dos a uno, hemos sido amenazados de muerte, golpeados, perseguidos y sin embargo siempre dimos la pelea. Los derechos civiles se exigen y pelean en todos los escenarios. Esta que se vislumbra “es una pelea donde vamos a un ring desnivelado, con los ojos vendados, con las manos amarradas y donde el árbitro es hermano de nuestro enemigo” (parafraseando a un importante luchador civil venezolano). La pelea perdida es la que se abandona, así que la ciudadanía tiene el deber de acudir a un día más de protesta en esas urnas. Eso sí, con el compromiso moral de los factores políticos, en que estemos todos juntos, en real unidad, durante la rebelión civil, constitucional y legítima cuando nuevamente desconozcan nuestra voluntad.

@DimitryBelov



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