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opinión

Birdman – González – Keaton – Norton

6 marzo, 2015

Salgo de la convulsión que significa ver esta película y mi primer pensamiento es para los hermanos Lumière, mi agradecimiento por haber inventado el cinematógrafo que permite entrar por un tiempo, que me pareció un segundo, en el mundo de González – Keaton – Norton. Nunca pude imaginar que un actor en interiores, sin afeites, mostrando el paso de los años en su cuerpo, pudiera llegar a los extremos de sublimación de un personaje como lo hizo Michael Keaton. Todo lo demás parece fanfarria cuando se logra la conexión subliminal con el personaje en su trágica búsqueda de ser algo que puede significarle estar vivo, o sentir que vale la pena vivir.

opinan los foristas

En el torbellino de secuencias, imágenes, nos introducimos violentamente en un mundo sin excusas, rudo, donde los seres humanos parecen perder su forma física y convertirse en manojos de nervios, sensaciones y sentimientos. Norton entra en escena y sientes que estamos frente a un monstruo de la actuación, un Brando dialogando con el cadáver de su madre en el Último tango en París.

Por instantes provoca correr tan duro como Michael por las calles de la ciudad, sin ninguna protección, sin maquillaje, es como si los actores no tuvieran cara, como si se hubiese filmado desde adentro de los personajes, de sus tripas, de su corazón, de sus venas. Keaton vomita la angustia de no encontrarse, el temor de no ser comprendido pues llega a la irremisible e inconsciente conclusión de que quiere ser mirado como si fuese otro, no el que todos conocen, el que admiran, al que piden un autógrafo, no, quiere ser visto y aplaudido como otro. Cada muestra de admiración a Birdman es un latigazo en su cuero seco, casi grita -No por favor, olviden yo soy otro- el que se atreve a empeñarlo todo solo para probar que es mucho más que una figura que solo tiene vida exterior, que vuela, pero que al final no es nada pues dentro del traje de Birdman solo hay un inmenso hueco, un vacío, que no es más que la muerte física y espiritual.

González Iñárritu dice que intentó hacer un viaje profundo hacia el poder del ego, yo creo que le pasó como a los aventureros que buscando llegar a Asia por el oeste encontraron América. No es el ego lo que rozó en esta película, es el misterio insondable de lo que significa ser humano, impredecible, cambiante, ajado, reseco de vivir pero buscando desesperadamente la luz como cualquier insecto nocturno.

Gracias al cine y a estos personajes por devolvernos desde el terrible mar de angustias que vivimos en este país a un mundo donde las personas son humanas, indefinibles, cambiantes, donde no se recitan cartillas, no se golpea al contrario, ni se somete entre barrotes, en tumbas frías, la rebeldía. Donde lo más abusado que acometemos es tratar de desdoblarnos en algo que consideramos mejor de lo que siempre hemos aceptado ser. Bravísimo por González – Keaton – Norton.

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