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opinión

Las tortas de doña Rita

19 febrero, 2015

Wilmer, un chamo de catorce años, fue a pasar unos días al campo para acompañar a su abuela que hacía unas tortas deliciosas. Una noche vieron juntos la televisión.

opinan los foristas

Aparecieron en la pantalla unas escenas desaconsejables y la abuela cambió de canal. Wilmer reaccionó como un sabelotodo: -Mira abuela, lo que pasa es que a ti no te dieron educación sexual y estás reprimida. La doñita sonrió y calló. Cuando Wilmer regresó a casa recibió una carta de su abuela:

-Wilmer: eres bueno y cariñoso. Pero, de vez en cuando se te sale una tontería. Ya sé que estás arrepentido por lo que me dijiste el sábado. No te preocupes, no necesitas disculparte, pero pensé que debías recibir una respuesta razonada de tu abuela.

Hoy le he dado gracias a Dios por la educación sexual recibida de mis padres. Estoy convencida de que ha sido de primera. Como primera lección me regalaron cuatro hermanos y tres hermanas. No sé si entiendes la importancia de eso. Ahora hay demasiados hijos únicos como tú que no conocen la alegría de tener hermanos.

Yo supe enseguida que los chicos y las chicas éramos diferentes y aunque vivíamos juntos, pusieron a los chicos en la habitación de arriba y a nosotras en la de abajo. Había un solo cuarto de baño y eso causaba incomodidades, pero nunca se nos ocurrió compartirlo con ellos.

Yo era despistada y un día mi madre me dijo que cuando usara el baño, cerrara el pestillo por dentro. Yo le dije: -¿Y qué importa? Entonces me habló del pudor. -Mira Rita, si alguna vez te regalan una joya no la tratarás como un juguete, ¿verdad? La guardas con agradecimiento hasta que la entregues por amor.

Mis padres, queriéndose, me dieron una lección importante. Lo bonito de aquél cariño es que era tan real como los embarazos periódicos de mi madre. Se amaban, pero no en público. Aprendí que los besuqueos no son para la parada del autobús. Que el amor tenía un ámbito sagrado, al que ni siquiera nosotros teníamos acceso.

Hay que proteger el amor de los comerciantes del sexo que tratan de destruirlo. Bien Wilmer, quizá me puse cursi, pero debía decírtelo. Para terminar, de “plomería sexual” no me explicaron casi nada, pero no hizo falta.

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