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opinión

La interioridad en la era digital

26 febrero, 2015

Llegué a una esquina y a mi lado se detuvo un automóvil “escarabajo” de la Volkswagen. Me llamó la atención el ruido que salía de aquél carro tan pequeño. Mientras el semáforo cambiaba a verde me fijé en el origen del alboroto. El carrito era chofer y un equipo apretado de música que hacía tanto ruido que parecían mover el automóvil al ritmo de la canción.

opinan los foristas

Las redes sociales nos permiten estar en comunicación continua con amigos y familiares que están a kilómetros de distancia. Esto, como todo lo humano, es un arma de doble filo, es decir, puede ser muy bueno o puede ser muy malo, depende de cómo lo utilicemos.

Un día estaba en un restorán y llegó una familia que decidieron lo que iban a comer y ordenaron. Acto seguido, cada uno de los comensales sacó su celular y comenzó a atender llamadas, contestar mensajes, enviar fotos, y no se hablaban entre ellos porque cada quien estaba en lo suyo, completamente aislado de los demás.

La interioridad, la capacidad de pensar, de crear, de conversar, la podemos perder ante el bullicio informático que nos acerca a los lejanos y nos aleja de los cercanos. Ha aumentado el volumen de información que recibimos en cada instante y quizá hoy ya no nos sorprenda que nos lleguen en tiempo real las noticias desde otro extremo del mundo.

Tener datos de lo que sucede es cada vez más fácil. Surgen quizá nuevos retos, y, en particular este: ¿Cómo gestionar los recursos informáticos? La información disponible exige a cada uno de nosotros la necesidad de reflexionar. Es decir, la capacidad de discernir los datos que son valiosos de los que no lo son. No es fácil, pues “la velocidad con la que llegan las informaciones supera nuestra capacidad de reflexión y de juicio y no permite una expresión mesurada y correcta de uno mismo” (Papa Francisco).

Si a lo anterior se suma que las tecnologías de comunicación nos ofrecen una gran cantidad de estímulos que reclaman nuestra atención, (mensajes de texto, imágenes, música) es evidente el riesgo de acostumbrarse a responder a éstos inmediatamente, sin tener en cuenta la actividad que estamos realizando.

El silencio forma parte del proceso comunicativo al abrir momentos de reflexión, que permitirán asimilar lo que se recibe y dar una respuesta adecuada al interlocutor. Las ideas son como los granos de azúcar. Necesitan tiempo para sedimentarse, ser asimilados, y puestos en práctica. No perdamos esta sana costumbre crítica.

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