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opinión

Así se sale del atraso económico monumental

1 febrero, 2015

El Gobierno de Coalición, durante el quinquenio 1959-1964, cumplió con el deber ineludible de rendir cuentas de su gestión y de entregar públicamente un análisis pormenorizado de los aspectos sectoriales de la economía, de la evolución fiscal, de la obra realizada y de los proyectos por ejecutarse, que estaban ya estudiados y que se dejarían como buena herencia para la siguiente administración.

opinan los foristas

En 1959, cuando se inició el período constitucional que concluiría en 1964, la situación económica y fiscal de Venezuela presentaba muchas facetas negativas. El país había vivido dentro del vértigo engañoso de una alegre y derrochadora política de gasto público no orientada hacia el desarrollo económico sano, ni al comienzo de la solución de los problemas básicos del país. Y sobre el fisco gravitaba una deuda flotante a corto plazo por millares de millones de bolívares, que contrajo la dictadura con desprecio de toda fórmula de buen gobierno.

La historia pormenorizada del proceso que condujo -errándose a veces, rectificándose los errores y reemprendiéndose nuevos caminos, al momento preciso de 1964 en Venezuela- era en lo económico, de confianza para los inversionistas y de desarrollo acelerado. Y, en lo fiscal, de equilibrio presupuestario y de apreciable superávit acumulado.

En 1963, y como una revelación en cifras del acelerado desarrollo económico de la nación, el producto territorial bruto se situó en 30.140 millones de bolívares, superándose con apreciable margen los 24.327 millones de bolívares a que alcanzó en 1958. Esto representaba un incremento a una tasa anual de 4,5%. El crecimiento del producto nacional a una tasa de 5,8% en 1963 tuvo una característica que cabe subrayar: la de que ocurrió no obstante que la tasa de crecimiento del sector petrolero fue apenas del 1,5%. Ello significaba que ya Venezuela estaba en proceso franco de diversificación de su economía y que estábamos dependiendo cada vez menos del petróleo. Así, para alcanzar en 1963 la tasa global de 5,8% fue necesario que el producto de los otros sectores creciera a una tasa promedio del 7%. Al analizar los renglones básicos de la producción del país –agricultura e industria- se aprecia cómo se había acelerado la capacidad productiva de frutos de la tierra y de mercancías manufacturadas, obtenidos mediante el esfuerzo empresarial nacional y el trabajo de nuestros hombres de la ciudad y del campo.

En lo que a agricultura se refiere, ésta creció anualmente a una tasa de 6,5%, superior en casi una tercera parte al crecimiento en los años de 1951-1959. Esta tasa de producción fue alcanzada a través del incremento de muchos renglones de la producción agrícola. De 357 mil toneladas de maíz que se produjeron en 1958 se llegó en 1963 a 500 mil toneladas. La producción de arroz para 1958 fue de 19 mil toneladas; en 1963 se llegó a 100 mil toneladas. En 1958 se produjeron 21 mil toneladas de ajonjolí, en 1963 a 32 mil toneladas. En algodón se pasó de 21 mil toneladas (58 ) a 32 mil toneladas (63); y en otras áreas de la producción agrícola vegetal, como la caña de azúcar, papas y tabaco, el incremento fue igualmente considerable. De la misma manera hubo aumento en ganadería y avicultura, lográndose el autoabastecimiento en algunos renglones. En Venezuela, según el órgano especializado de las Naciones Unidas (Cepal), se comenzó a romper el esquema de retraso de la producción agrícola con respecto a las necesidades de consumo de las poblaciones latinoamericanas. Los avances permitían concluir que en un futuro no lejano estaríamos en capacidad de autoabastecernos y de impulsar la exportación con perspectivas halagadoras.

El proceso de industrialización también se cumplía a pasos acelerados. Difícil sería señalar otro país de América Latina que en el lapso de cinco años haya logrado un ritmo de desarrollo tan rápido como el que Venezuela vivía entonces en materia de industrialización. En cinco años el producto industrial creció a razón de 8% anual, al pasar de 3.456 millones de bolívares en 1958 a 5.105 millones en 1963.

La Planta Siderúrgica del Orinoco alcanzó en 1963 una producción equivalente al 50% de su capacidad instalada de producción de acero, cuya capacidad de autofinanciamiento de sus operaciones se obtendría a finales de 1964. Su desarrollo futuro, así como de otras ramas de la producción electromecánica y electroquímica, contribuirían con miles de millones de dólares a las exportaciones venezolanas.

Índice definitivamente revelador de cómo se estaba dejando atrás el subdesarrollo y el atraso, fue el crecimiento a trancos en el consumo de electricidad, que se duplicó en el período 1959-64. De un consumo de 1.915 millones de kilovatios-hora existente en 1958, se pasó a la cantidad de 4.000 millones de kilovatios-hora en 1963. El consumo para uso industrial alcanzó un ritmo del 20,7% al año, sin contar los consumos de las empresas que se autoabastecían de energía eléctrica. La industria eléctrica generó en 1963 más del doble de la electricidad producida en 1958. Le correspondió a las empresas del Estado cuadruplicar las cifras de aquel año, habiendo sido factor determinante de ese incremento el programa de electrificación rural.

Con la iniciación de los trabajos de la represa del Guri, la gigantesca obra destinada a transformar en energía eléctrica las torrenteras del Caroní, se comenzó a darle un vuelco histórico a Venezuela. En los próximos años se concluiría la primera etapa de esa represa y con 1 millón 750 kilovatios instalados se duplicaría la capacidad de energía eléctrica instalada en el país, con las líneas de alta tensión extendiéndose ya de las márgenes del Caroní al centro de la República, para ser transportada a toda la nación la energía de Guayana. Sabido es que la principal materia prima de la industria moderna es la electricidad. A ello se agregan las múltiples ventajas que para el bienestar humano y desde el punto de vista del consumo doméstico significa la electricidad barata. Aquí se previó la instalación de 6.000 kilovatios instalados, desarrollo únicamente comparable con el que se hacía entonces en la Unión Soviética.

El enfoque del desarrollo de la economía venezolana necesita del complemento de dos apreciaciones: la primera, si este desarrollo se lograba en beneficio exclusivo del sector adinerado del país; y si el precio pagado por el desarrollo económico, y especialmente del industrial, era el de una creciente alza en el costo de la vida, sufrida por las vastas capas consumidoras.

En Venezuela se apreciaba como, mediante una política laboral de sólidas alzas de salarios y sueldos, y de las inversiones públicas en obras de contenido popular, se produjo una variación sana y con sentido de justicia social en la distribución del ingreso. Mientras en 1958 la remuneración del trabajo representaba un 54,5% del total y el resto de los sectores recibía un 45,5%, para 1962 la remuneración del trabajo se había elevado a 59,7% y la de otros sectores había descendido a 40,3%. Otras metas habrían de ser alcanzadas en ese proceso de realizar por vías pacíficas una mejor distribución de la renta y de la riqueza nacionales. Lo obtenido hasta ese momento era una demostración de que sin huelgas ni motines, mediante la acción sindical responsable y de una bien orientada política del gasto público por parte del Estado, se puede lograr que los pobres vayan elevando progresivamente su nivel de vida, sin que para ello sea necesario arruinar a los ricos.

En lo que se refiere al costo de la vida es de señalar, como lo demuestran los índices estadísticos de la época, que en Venezuela no se produjo una espiral inflacionista, ni alzas desmedidas en los precios de los artículos de consumo generalizado. El incremento del costo de la vida en este período fue del 1% anual, cifra que demuestra una estabilidad de los precios en Venezuela que no tenía parangón con ningún otro país de la América Latina con un proceso similar de desarrollo. En México, Colombia y Perú el costo de la vida había aumentado entre 1958 y mayo de 1963 en 11%, 55% y 43%, respectivamente.

Particular mención debe hacerse a la producción petrolera y minera, que tanto gravita en la economía venezolana. La producción de petróleo crudo durante el período 1959-64 alcanzó a 870 millones de metros cúbicos. Tuvo esa producción una tasa promedio anual de crecimiento de alrededor de 4%.

Signo saludable fue el aumento apreciado en la producción de refinados, lo cual significaba que estaba disminuyendo el volumen de esa materia prima que se exportaba en estado crudo. En 1958 la producción de refinados fue de 42,4 millones de metros cúbicos mientras que en 1963 alcanzó 60 millones de metros cúbicos, o sea un aumento del 30%.

También se apreció un avance evidente en la utilización del gas petrolero, que ya se había dejado de quemar en las alarmantes proporciones anteriores en los mechurrios, que por las noches eran lenguas de fuego en los campos petroleros del Oriente y del Occidente. En 1963 la producción de gas fue de 37.465 millones de metros cúbicos y se utilizó un 60% (22.435 millones). En 1958 se produjeron 31.517 millones y se utilizaron sólo 13.801 millones (44%).

Con la creación de la Corporación Venezolana del Petróleo (CVP) se iniciaron los primeros contratos de operaciones, sustituto y alternativa a la política de no concesiones del Gobierno de Coalición. La CVP constituyó el instrumento más eficaz para permitir la participación más directa del Estado venezolano en la actividad petrolera en los campos de producción, refinación y distribución de los productos, brindando también a los técnicos venezolanos mayores oportunidades para conocer, en beneficio de toda la nación, las peculiaridades del negocio petrolero. Hasta 1964 el potencial de producción evidenciado en los pozos perforados era de apenas 20.000 barriles diarios, pero la actividad que continuó desarrollando la CVP, a través de su gestión directa y de los contratos de operaciones y de servicios, permitió la fortaleza corporativa que llegaría a ser PDVSA.

En la Organización de Países Exportadores de Petróleo (Opep), Venezuela continuó su defensa, coordinada con los países del Medio Oriente y de otras zonas del mundo, del precio de los crudos en los mercados consumidores.

Son pocas las palabras para señalar el gigantesco esfuerzo que todo ello significó. Pero sí: en Venezuela arrancó una Revolución Democrática que la iría sacando de su atraso monumental.



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