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opinión

Verdades y esperanzas

31 enero, 2015

La gente desengañada quiere oír del liderazgo opositor la verdad. En este sentido, quién como Churchill prometa “sangre, sudor y lágrimas” le estará hablando al país con la verdad y abonará mucho su credibilidad. El deseo de cambio instalado en el pueblo venezolano es ya casi unánime y cada día se torna en una aspiración irrefrenable, a la cual hay que buscarle un cauce para evitar males mayores. Esto ahora no tiene discusión; por eso encontrar mecanismos que transformen la ira creciente en energía constructiva, de aquellos que hacen cola durante horas todos los días para conseguir pocos de los alimentos, productos y medicinas que requieren, es tarea primordial del liderazgo político opositor. Una manera de conseguir eso es, a la vez que se diagnostique la gravedad de la situación del país, se dibuje la dura y difícil senda que nos tocará subir, se establezca el lapso prudencial en que remontaremos la cuesta, también se explique con claridad y sencillez las diferentes vías como atacaremos y resolveremos esta severa problemática.

opinan los foristas

Así, restituido el orden constitucional, rescatado el equilibrio de los poderes, fortalecida la institución de la propiedad privada, devuelta la confianza de los actores económicos, sociales y políticos, logrado el equilibrio fiscal, derrotada la inflación, establecida la unificación cambiaria, buscado el equilibrio del bolívar con el dólar, renegociada la deuda, controlados los factores de perturbación política, lograda la paz social, etc., habremos completado una parte fundamental de la nueva gobernabilidad.

Otra tan importante como la anterior, y previa a ella, es haberle explicado al país cómo vamos a afrontar el déficit eléctrico, cómo vamos a aumentar el suministro de agua potable, cómo mejoraremos la seguridad ciudadana, cómo daremos techo a los casi tres millones de hogares que no lo tienen, cómo mejoraremos los hospitales y dispensarios, cómo recuperaremos las escuelas y liceos, cómo restituiremos la vialidad, cómo haremos fluido el transporte público, cómo vamos a combatir el desabastecimiento y la escasez, cómo rescataremos la agricultura, qué vamos a hacer para volver productivos los parques industriales, cómo enfrentaremos el problema de los barrios, cómo vamos a rescatar la infraestructura (puertos, aeropuertos, silos, etc.), qué vamos a hacer con las empresas del Estado (Sidor, Venalum, Alcasa, Ferrominera, etc.), cómo restituir a sus dueños los terrenos y empresas expropiadas y no pagadas, cómo rescatar a Pdvsa, cómo mejoraremos el ambiente, etc.

Decir la verdad por delante acerca de la gravedad del país, como explicar lo que vamos a hacer en cada caso para rescatar a la nación, es perfectamente posible, aunque en principio luzca endemoniadamente complicado. El trabajo que hizo la MUD, durante casi dos años, recogido en el documento “Lineamientos del Programa de Gobierno de la Unidad Nacional”, que agrupó a muchos técnicos de alto nivel, dio respuesta y solución en las diversas áreas de políticas públicas, a toda esta problemática señalada anteriormente. De manera que es esperanzador contar con tal acervo de conocimientos, extremadamente útiles para la reconstrucción nacional. Por otra parte las Academias Nacionales en su conjunto, produjeron un extraordinario trabajo denominado “Propuestas a la Nación”, muy relevante para reconstruir al país. También la Academia Nacional de la Ingeniería y el Hábitat ha venido desarrollando diversas líneas de trabajo en materia de desarrollo urbano y vivienda, planificación y energía, que también constituyen valiosos aportes. Grupos como el Centro de Orientación de Energía (Coener), han hecho extraordinarios esfuerzos en al campo de los hidrocarburos, electricidad y energías renovables. De todo este material tiene que servirse el liderazgo opositor para comunicarle al país como se va a afrontar, con éxitos tempranos, su progresiva recuperación.



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