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opinión

Jairo Cuba

Que Dios nos agarre confesados

31 diciembre, 2014

Concluye un año difícil para Venezuela donde el antagonismo fue el gran protagonista. 2014 comenzó caliente desde muy temprano al anunciarse una serie de actividades denominadas “La Salida” que hoy mantienen preso sin garantías al líder opositor Leopoldo López, a dos alcaldes y a un nutrido grupo de dirigentes estudiantiles y populares.

opinan los foristas

Las protestas y la represión oficial dejaron un saldo trágico que ratificó el rostro de un país dividido y un clima de crispación que lejos de atenuarse se intensifica cada día con lenguaje oficial provocador e insultante. No parece existir posibilidad de acuerdo que permita que el país logre en el corto plazo superar la crisis.

Poco valió el diálogo entre gobierno y opositores que fue rechazado por gran parte de la población disidente.

Ocurrió lo previsible. El gobierno jamás tomó en cuenta lo acordado ni las voces de sus adversarios, todo lo contrario, arreció la persecución y el amedrentamiento.

A las protestas se les sumó la escasez de alimentos y nuestro signo monetario continuó devaluándose con una inflación que rompió los moldes. La suma de estos últimos acontecimientos ha convertido a Venezuela en un país de tercera categoría azotado por la inseguridad y el desorden generalizado.

Nuestra política economía carece de planificación realista y se esperan soluciones mágicas castigando el bolsillo de la ciudadanía y del sector productivo con más impuestos ante la drástica baja de los precios del petróleo, lo que prevé con la nueva legislación laboral un indeseable incremento de la tasa de desempleo.

Con las cargas impositivas se pretende seguir soportando la demagógica carga social de los sectores populares sin que exista la más mínima intención de invertir en educación que es la única tabla de salvación que nos queda a mano para no perderlo todo.

Hoy el presente y el futuro están hipotecados, motivo por el cual las nuevas generaciones están abandonando el país buscando oportunidades.

Ante todo este panorama, el gobierno, que ha sufrido una drástica caída en los índices de aceptación, no da muestras de rectificación y no se conoce un plan B capaz de garantizar la estabilidad de nuestras finanzas.

El próximo año es electoral y el gobierno hará lo humanamente posible para no perder la patente de corso que significa su mayoría coyuntural en la Asamblea Nacional, la cual defenderá a muerte. De ello en buena medida dependerá que el país siga sometido a una fórmula que no está dando resultados satisfactorios a la población.

La oposición, por su parte, tampoco tuvo un año de aciertos y termina en medio de una absurda confusión con la elección del poder moral, magistrados del TSJ y rectores del CNE, lo cual le obliga a sepultar intereses subalternos y enfocarse en el objetivo de ganar las elecciones parlamentarias.

Pese a que el panorama no es alentador, apelamos al esfuerzo, la audacia y la creatividad del venezolano que no tiene otra opción que sobreponerse a este malestar que ha causado una honda conmoción en la sociedad venezolana.

Que Dios nos agarre confesados. Dejemos por un rato el pesimismo pues siempre habrá, aún en el peor de los casos, una luz al final del túnel y esta siempre es imprevisible.

Y por favor, nunca pierdan la esperanza. Es lo único que nos queda… por ahora.

Feliz año para todos.

Volveremos a mediados de enero.

@jaircuba



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