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opinión

La ciencia de saber esperar

11 diciembre, 2014

Esperar siempre denota un gran carácter. Floro

Hay personas que son muy impacientes. Eso tiene un aspecto positivo y otro negativo. El positivo es el deseo de realizar los proyectos, el negativo, es apresurarnos. Según el tema de que se trate, los asuntos y las personas requieren tiempo. Esperar el tiempo necesario es un factor de madurez. Lo otro es atolondramiento.

opinan los foristas

Por ejemplo, la sabiduría, entendida como experiencia de la vida no se adquiere con prisas. El conocimiento no se improvisa. Hay muchachos que se quejan de salir mal en un examen afirmando haber estudiado. Pero estudiar no asegura entender. Las ideas tienen su proceso de asimilación y decantamiento.

¿Interesa estudiar acompañado? Sí, pero después de haber estudiado individualmente y captado lo principal. La asimilación requiere silencio. Una vez entré en la biblioteca de la facultad de ingeniería de la Carabobo y había un barullo descomunal, porque todos estudiaban “en equipo”. Me acerqué y les pregunté si antes habían estudiado la teoría y me dijeron que no, Porque en los exámenes no les hacían preguntas teóricas, sino les planteaban puros problemas.

Yo me preguntaba: ¿Y cómo aplican las fórmulas, si no conocen su origen? Si no hay razonamiento previo no hay asimilación y mucho menos resolución de problemas prácticos. Se harán mecánicamente, como un robot.

Los problemas humanos necesitan tiempo, porque intervienen varias personas, de carácter distinto, de distinta procedencia y que cada uno ve el asunto desde su óptica, muchas veces errada, o por lo menos incompleta. Allí si ayuda el estudio en equipo.

Otras veces ocurre que la gente discute sin haberse puesto de acuerdo en lo que quieren expresar las palabras que utilizan. Entonces se convierte en un diálogo de sordos, porque mientras escucho a mi interlocutor, en vez de atenderle, estoy pensando en lo que le voy a replicar.

Los malos entendidos complican el diálogo. Hemos de repreguntar cuando algo no está claro. No hay nada más desagradable que discutir con dudas. Si a eso añadimos el apasionamiento, que ciega la mente, el problema se vuelve insoluble. Por soberbia, al no reconocer nuestra ignorancia, nos empecinamos en lo absurdo. No damos el brazo a torcer.

El tiempo tiene un alto poder curativo así como lo tiene la capacidad de escuchar. Ayuda mucho ponerse en el lugar del otro y tratar de entender su postura, quizá distinta de la nuestra, pero que encierra gran parte de razón.

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