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opinión

Salvatore Giardullo Russo

Emergencia política, económica y social

8 diciembre, 2014

Después de un año y 8 meses de haber asumido la presidencia Nicolás Maduro, los problemas que padecíamos los venezolanos, en vez de mejorar, aumentaron y de qué manera. La inseguridad, la inflación y la escasez, en estos 180 días han sido los principales protagonistas de la realidad que nos embarga a todos. Pero el gobierno sigue culpando a otros de su propia ineficiencia.

opinan los foristas

Han tratado de paliar la crisis que afecta a los sectores de la población menos favorecidos, con medidas destempladas para combatir la inflación. Es cierto y apoyo que hay que luchar contra la usura, pero no montando un circo, con payasos incluidos y responsabilizando a otros de sus desvaríos económicos, no es la manera.

El gobierno debería reflexionar y preguntarse “qué estamos haciendo mal”, a menos que también sufran escasez de reflexión y rectificación. Pero claro, corregir es admitir la mala administración de su mentor. Estamos entrampados.

No podrán ocultar el aumento de la pobreza extrema. Compatriotas, que posiblemente coman una vez al día y si acaso. Con una inflación que sobrepasará el 50%, con un sueldo mínimo que no alcanza ni para un par de zapatos. Las consecuencias de la degradación de la calidad de vida de los venezolanos serán patentes muy pronto, cuando las regulaciones que impondrán gracias a la habilitante, producirán niveles de escasez jamás vistos en el país.

Por ejemplo, en la provincia hay lugares donde ya ni la pasta de diente se encuentra, donde venden cucharadas de leche en polvo y bolsitas de harina pre-cocida. Si no toman medidas para reactivar la economía, pronto viviremos de la caza, la pesca y la recolección. Claro, y el mercado negro, en pleno apogeo.

Ya ni Mercal, ni PDVAL, ni las misiones en general, podrán paliar esa realidad que viven nuestros conciudadanos, porque simplemente no hay dólares para seguir importando de manera incontrolada y a la vez, subsidiar el clientelismo político, para mantener los acólitos revolucionarios, porque así, así no se gobierna.

Nos encontramos en una situación de emergencia política, económica y social. No se puede perder más tiempo en demagogia barata. Hay que poner a producir al país; activando el aparato productivo, generar confianza en los empresarios, flexibilizar los controles, porque la situación social que ha producido la inflación y la escasez, necesitan políticas de asistencia masiva. Es imperativo.

Pero, nunca falta un pero. El gobierno no da señales de rectificación alguna, más bien es el generador de los problemas. Pensando que aumentando los controles, logrará bajar la inflación y evitar la escasez. Están equivocados. Ninguna empresa, comercio o actividad económica, producirá o comercializará productos con precios inferiores a los costos. Nadie vende a pérdida. Solo el gobierno puede darse ese lujo, porque tiene la máquina de imprimir billetes, por ende, una empresa del estado, no importa las veces que quiebre, siempre contará con un presupuesto para sus operaciones.

Es el momento de Venezuela, donde la prioridad es enrumbarse hacia el progreso, para que todos podamos vivir en paz.



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