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opinión

Salir a flote a pesar de todo

27 noviembre, 2014

Hubo alguien que dijo: “Solo aciertan a alcanzar el éxito quienes han llegado a comprender que toda adversidad lleva en su entraña la semilla de un beneficio”.

opinan los foristas

Vivimos en un mundo pragmático en el que cuentan, no las ideas brillantes, sino los resultados. El pragmatismo defiende que el fin justifica los medios. Todo lo supedita a obtener lo que sea, a costa de los que sea: matar, robar, pisar a los demás, etc.

Está claro que no puede ser buen triunfador quien no contemple la posibilidad del fracaso, de que las cosas no nos salgan como queremos. La constancia nos debe llevar a aprovechar las oportunidades, y, si es el caso, insistir. Solo pierde de verdad, quien no lo intenta.

Aristóteles tiene una frase muy expresiva: “Somos lo que hacemos día a día. De modo que la excelencia no es un acto, sino un hábito”. La vida humana está entretejida de éxitos y fracasos, si no, dejaría de ser humana. Por eso hemos de aprovechar las ocasiones en que las cosas nos salen torcidas, para mejorar y sacar experiencia. Aprendemos más cuando nos salen mal, que cuando todo nos sale bien.

La persona se va haciendo poco a poco. Los disgustos, nos hacen reflexionar para enfrentar los hechos de otro modo, con optimismo. Hoy día se habla mucho de valores pero se habla poco de virtudes. Y éstas son más importantes. La virtud es el valor personificado. A mí no me interesa saber lo que es la sinceridad sino ser sincero. No me interesa saber lo que es la valentía, sino ser valiente. A esto se refiere Aristóteles, cuando dice que la excelencia es un hábito, una costumbre.

Muchos padres creen que, porque sus hijos hayan dicho la verdad una vez ya son sinceros. Craso error. Hay que infundirles que han de ser sinceros siempre, también cuando quedan mal por decir la verdad. Es mejor inculcar virtudes, actos concretos, que valores. El valor siempre es teórico, la virtud es práctica. Por eso educar requiere constancia para insistir una y otra vez hasta que el valor forme parte de la persona. Cuando un muchacho practica tenis, va incorporando una serie de movimientos, hasta hacerlos casi automáticos. Eso es la virtud. La repetición de actos buenos.

Despertar en los niños el gusto por lo bueno es la función de los padres y maestros. Pero hay que insistir. Hasta que el hábito se practique casi sin darse cuenta. Las dificultades sirven para poner a prueba los hábitos y fortalecer la voluntad.

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