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opinión

¿Por qué seremos tan sordos?

20 noviembre, 2014

Estoy llegando a la conclusión de que lo que le pasa al venezolano no es que sea sordo, sino que no quiere oír. El sordo no se entera, mientras que el que no quiere oír se entera, pero no se quiere comprometer. Basta que no se metan con él. Que lo dejen tranquilo. Y a esto se le llama egoísmo.

opinan los foristas

El egoísta pone por delante sus derechos que los de los demás. Análisis de lo que pasa, hay de sobra. Y muy buenos, pero no les hacemos caso. Oriana Fallacci, periodista italiana ya fallecida y muy perspicaz, decía que lo que hunde a las civilizaciones son las crisis morales. Aquellas donde no se actúa bien, con rectitud.

A todos nos haría falta colocarnos en el pent house de un edificio de treinta pisos para aprender a tener perspectiva. De otro modo tendremos una visión incompleta de la situación. No habremos tocado fondo.

Ver la vida humana y saber valorarla requiere saber mirarla con perspectiva y jerarquización. Todo no es igualmente importante. El hogar es más importante que la urbanización, y el carro es menos importante que la casa. El matrimonio es más importante que la casa y la educación de los novios es más importante que el matrimonio. Por eso se dice que la educación de los hijos comienza 20 años antes de que los padres se casen.

Dar prioridad a nuestros derechos no quiere decir matar a la esposa porque me gusta otra, o desheredarla porque no me hace feliz. La felicidad es una palabra ambigua dentro de la que cada uno coloca lo que le interesa: mi bienestar, mi figura, mi prestigio, mis tragos. El siglo XXI ha sido desposeído de una palabra que nuestros padres tenían como base de la felicidad: el sacrificio.

En el hogar hay que olvidarse de uno mismo. Y los esposos tienen que ceder un poco de lo suyo para que reine la convivencia. Lo mismo pasa en la urbanización, lo mismo pasa en el país. No hay ambiente mejor que el hogar para que los niños aprendan a ser generosos y sepan compartir. Porque lo ven en sus padres. Por tanto los oídos servirán para oír lo que debemos hacer y poner el esfuerzo en realizarlo. El oído nos lleva a descubrir las necesidades de los demás y no solo las nuestras. El oído hay que educarlo, no solo en apreciar la buena música, sino aquello que hace la vida agradable a los demás. Y eso requiere un aprendizaje. Por eso es más importante fortalecer la voluntad, que educar la inteligencia.

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