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opinión

Salvatore Giardullo Russo

Populismo

3 noviembre, 2014

Con el transcurso del tiempo, no hemos sido capaces de consolidar el imperio de la ley, la autonomía de los poderes y el respeto a la autodeterminación. Venezuela ha fracasado en defender la justicia social, luchar contra corrupción y la pobreza. Hemos llegado al punto de satanizar la democracia, donde ahora la alternabilidad es un pecado, porque aquellos que no están con el proceso, son fascistas, golpistas y apátridas.

opinan los foristas

Sin embargo, hemos sido exitosos en engendrar líderes populistas, que se han esmerado en polarizar al país, generando un debate insulso entre derecha e izquierda, adaptando la historia a su conveniencia, porque lo que les importa es acceder al poder y consolidar el culto a la personalidad.

El populismo se ha dedicado desde hace años, en desmantelar las instituciones, en re-escribir la constitución nacional, para acomodarla a las necesidades de estos caudillos, que lo que buscan es perpetuarse como única alternativa de gobernabilidad.

Estos populistas no llegaron como paracaidistas o por casualidades extraordinarias, fue debido al pobre desempeño del sistema democrático venezolano, nacido en 1958, ocasionando que la sociedad entrara en crisis por la mala conducción de la patria, que reventó en 1998, donde la desesperación en la búsqueda de una salida, se optó por la alternativa más demagógica.

El venezolano necesitaba respuestas a sus demandas y estos embusteros vendían mentiras como verdades, apelando a las pasiones, ideales e ilusiones de una comunidad ávida de un cambio. Los revolucionarios se esmeraron en prometer lo imposible, aprovechando la miseria, jugando con las necesidades, para así imponer un régimen que se creen y se sienten imprescindibles.

Por haber alcanzado por vía democrática el acceso al poder, han justificado su permanencia a través de todos los desmanes posibles, dinamitando la autonomía de las instituciones, el derecho a la protesta, así como la libertad de expresión, todo con el fin de controlar.

Estos bolivarianos aman tanto a los pobres, que los han multiplicado, redoblando las penurias para garantizar el clientelismo político, un voto por una lavadora, o los más afortunados, un voto una casa.

Su fin ha sido anular la dignidad humana, haciéndoles sentir que son incapaces de superarse, donde la figura del comandante supremo es necesaria para poder sobrevivir. En pocas palabras, el populismo es una postergación de la indigencia, de la ignorancia, sometiendo a una nación entera bajo la ilusión de que están mal porque otros están bien, se apela a las falacias para descalificar la razón y la verdad.

¿Cómo cambiar? Fortaleciendo la república, mejorando la educación, garantizando la libertad, consolidando la seguridad jurídica, el estado de derecho y rescatando la esencia del ciudadano para que sepa debatir ideas, con argumentos, racionalidad y lógica, podemos superar así la necesidad de estos falsos Mesías.



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