end header begin content

opinión

José "Cheo" Salazar

Juan Martínez 

30 noviembre, 2014

No escribas como periodista lo que no puedas sostener como hombre. Joaquín Francisco Zarco Mateos (1829 – 1869), político, periodista e historiador mexicano

juan_martinez_foto_jose_cheo_salazar_30nov2014

Juan Martínez. Foto: José “Cheo” Salazar

El día jueves 19 de septiembre del año 2014, Juan Martínez, el periodista, cumplió 51 años de actividades laborales en el diario Antorcha. A ese medio llegó de la mano de Alberto Guzmán Lárez, para ese entonces Jefe de Información y dinámico reportero de calle del que, para la época, era un medio impreso tamaño tabloide y estaba ubicado con sus oficinas y talleres en la calle Guayana, al frente del recordado Abastos Ban-Frut, de Orestes Bandini y Rosa de Bandini. Antorchacomenzó a editarse en los talleres de la Impresora El Tigre el 14 de agosto de 1954. Sus fundadores: Edmundo Barrios y su hermano Mauro Barrios, éste último como financista del periódico, mientras que su esposa Mercedes Rodríguez de Barrios (MERBA), era la secretaria, y el Bachiller Gabriel Ramírez Tovar, el contador. Un equipo grande ligas.

opinan los foristas

La amistad de Juan Martínez y Alberto Guzmán Lárez (QEPD) comenzó en el año 1962, cuando Juan era el secretario de la Comisión Distrital de Deportes en Simón Rodríguez, cuyo Comisionado era Francisco “Muñeco” Figueroa (QEPD), a quien Juan, recuerda con mucho cariño y respeto. En aquel tiempo, hubo necesidad de viajar a Barcelona para una entrevista con don Luis Ramos (Director Regional del IND) y el Ing. Diego Peñalver Gómez, para ese entonces Director de Obras Públicas Estatales (DOPE), luego fue gobernador del estado, para tratar asuntos relacionados con la construcción del estadio “Alfonso ‘Chico’ Carrasquel”, de El Tigre (hoy “Enzo Hernández). Con Francisco y Juan viajaron, también, Alberto Guzmán Lárez y Pedro Emilio Rojas (PEJAS). De allí arrancó lo que sería una grande y sincera amistad. El destino los unió.

Juan Martínez nació en El Tigre, un 20 de octubre de 1939, hijo natural de Antonio Verde y María Gualberta Martínez. De su infancia dice tener muy gratos recuerdos, especialmente el amor, la orientación, consejos y el respeto por sus semejantes que, como buena madre, le prodigó e inculcó su querida madre, doña María. Su formación (estudios primarios) la completó entre la escuela “Honor y Mérito al Libertador” (del maestro Juan Manuel Rízquez); la escuela “José Manuel Cova Maza” (dirigida por la maestra Carmen Luisa Encinales, “La Chata”), ubicada en la calle Ricaurte, frente a lo que hoy es el Registro Civil; y el Grupo Escolar “Simón Rodríguez”, que dirigía la educadora Ada Salges, de donde egresó de 6to. Grado en julio de 1953. No pudo comenzar el bachillerato en el “Briceño Méndez”, porque una fiebre palúdica por poco lo aleja del mundo de los vivos. Eso lo obligó a prepararse con urgencia y buscar empleo, a fin de allegar la arepa al hogar. Eran tiempos difíciles.

A Juan Martínez desde muy niño, dice le llamó la atención una máquina de escribir, doña María, para que no perdiera tiempo y lograra una profesión, lo inscribió en la Escuela Comercial Pitman, bajo la dirección de la señora Celenia de Quiñones, donde aprobó el curso, y en su incesante búsqueda de conocimientos, se inscribió para cursar contabilidad en la Escuela Comercial “Gregg”, bajo la dirección de una dama gratamente recordada y respetada en El Tigre, la excelente profesora Natividad Cintrón de Palomino. Una auténtica institución.

Juan Martínez, con esos cursos aprobados, prestó servicios al Banco de Venezuela, Sears de Venezuela, Stefano Massobrio, a una empresa de servicios en Anaco, y desde 1963, llevado de la mano de su entrañable amigo Alberto Guzmán Lárez, al diarioAntorcha, hasta el sol de hoy, dónde cubre sus guardias, a la espera de la decisión final de la gerencia, ya que el periódico tiene más de un año que no circula y de cuyas razones, se abstiene de emitir opinión. El respeto al derecho ajeno es la paz, nos ilustraba don Benito Juárez.

En el año 1972, Juan Martínez contrajo nupcias con la distinguida señora Maritza Yépez, con quien procreó dos hijos: Jeancarlo José y William José. Afirma que sus hijos, ambos brillantes profesionales y, su esposa constituyen su más valioso tesoro, y sin ambages, los califica como una bendición de Dios. Su palabra vaya adelante.

En el diario Antorcha se inició como redactor deportivo y corrector de pruebas, para luego pasar a información general como reportero de calle haciendo pareja con el “Chamo” Pedro Emilio Rojas (PEJAS), que en ese entonces se desempeñaba como reportero gráfico. En el año 1975, don Edmundo Barrios lo nombró Jefe de Redacción, cargo que aún ostenta. Una larga y dilatada carrera periodística que deja una huella indeleble en la historia de la ciudad. Testigo de excepción.

Al diario Antorcha, que le ha dedicado su vida, le permiten conservar excelentes recuerdos de compañeros de trabajo (hoy desaparecidos), destacando, por supuesto en primer lugar a su fundador Edmundo Barrios, y del ecuatoriano Juan Meza Vergara, quien era el Subdirector. Ambos, afirma eran par de caballeros y los cuales, en esa época dorada, como máximos timoneles del diario Antorcha, nunca utilizaron palabras altisonantes y mucho menos obscenas, para llamar la atención a los trabajadores o empleados; es más, los orientaban en determinadas actividades y contribuían con su formación. Al decir de Juan: ¡Fueron dos verdaderos maestros! Testimonio incuestionable.

La característica más distintiva de la personalidad de Juan Martínez, aparte de su calva, es indiscutiblemente su seriedad, y precisamente por esa forma de actuar en su vida y profesión, es que tiene muchas anécdotas, pero recuerda estas con mucho cariño. Cuenta que, “estando al frente de la máquina de escribir, redactando una nota deportiva, en la pequeña sala de redacción del diario Antorcha en la calle Guayana (la cual destruyó un voraz incendio), llegó una mujer a denunciar la desaparición de uno de sus hijos y, aun cuando no era su área de competencia; le tomó los datos diligentemente, pero con su proverbial seriedad. Don Edmundo Barrios, que lo observaba desde la pequeña oficina de la Dirección, se levantó de su silla, se le acercó y le dijo: Juan, por favor, cambia esa cara. Esa señora se va a asustar, pareces un “juez de crimen”, a lo que Juan ripostó con una leve sonrisa: “No se preocupe… no estoy bravo”… y volvió a poner su cara de cañón. El que nace barrigón, ni que lo fajen chiquito.

Y, del viejo Juan Meza Vergara, también recuerda una anécdota muy simpática. Resulta que en el Bar Restaurant Capri, frente a la sede del diario Antorcha en la calle Guayana, sitio casi obligado de reunión de los “antorcheros”, estaban una tarde el señor Juan Meza, su sobrino Roberto García Meza, autor de la desaparecida columna titulada “Pisa y Corre”, y el linotipista colombiano Hernando Sierra, sentados a la barra disfrutando de unas cervezas bien frías. El tema de conversación giraba alrededor de sus actividades como linotipistas, cuando de improviso llegó Freddy Nogales (para ese entonces un chamo que se había entregado al Señor), también trabajador de Antorcha; y al ver como el trío “empinaba el codo”, se le acercó al viejo Meza y, poniéndole una mano sobre el hombro, le dijo: “señor Meza, señor Meza, mire que ¡Cristo viene!” Y el viejo Meza, mirándolo por encima de los medio-lentes de lectura, le dijo: “Mira hijo, cuando llegue me avisas, para decirle a Pedro Rojas que le tome una foto y me lo traiga para mandarle hacer una entrevista con Juan Martínez”. Eran salidas ingeniosas que tenía el viejo Meza Vergara, para justificar su inclinación a los tragos. Esas anécdotas, y muchísimas otras cosas muy gratas, son parte de las vivencias, de los recuerdos que Juan Martínez, atesora de esos cincuenta y un años de trabajo en el diario Antorcha. Y… de Pedro Marrero Hernández, ni se diga.

Juan Martínez, es un tigrense de pura cepa y recuerda perfectamente en sus años de mozo, que en El Tigre Viejo, allá por los años 47 y 48, cuando a partir de las 5:30 de la mañana, con una cesta llena de arepas, que hacía doña María, acudía a venderlas a las puertas del Mercado Principal, ubicado en la calle Guevara Rojas. Exquisitas arepas, calienticas y a precio de medio real, que los clientes degustaban con deleite, lo que permitía que saliera de la tarea rápidamente, para regresar a la casa; dónde entregaba “cuentas claras”, desayunaba y se preparaba para ir a la escuela. Nunca olvida Juan que las primeras letras se las enseñó una señora de nombre Carmelina Gamboa, oriunda de Margarita, la cual vivía casi al frente de su eterna residencia, en la calle Sucre. Primero, con una Cartilla, y luego con el célebre “Libro Mantilla”. Hacha, cuchillo y machete, musiú.

Muy joven Juan Martínez, vivió una experiencia que lo impacto y fue al mirar muy de cerca, a quien para ese entonces era Presidente de la República, el escritor Rómulo Gallegos. Cuenta que ocurrió durante una visita que hizo a El Tigre y se le brindó un almuerzo en la casa de José “El Mudo” García y su esposa Sara Aslan de García, en la calle Sucre, la casa donde actualmente funciona el Centro Superior de Estudios. Juan perdió el cabello, pero no la memoria y recuerda, también, que poco tiempo después, el gobierno del eximio escritor don Rómulo Gallegos, era derrocado por una asonada militar, que le costó 10 años de una cruenta dictadura al país. Es historia contemporánea.

Juan Martínez durante su ejercicio activo como periodista, cuidó con mucho celo su credibilidad y la ética. Nunca escribió algo que no pudiera sostener como caballero y muy pocas veces fue conminado a alguna rectificación o le solicitaron derecho a réplica. Al referirse a la actividad gremial, hace una apretada síntesis, para destacar que ejerció la Secretaría General del Colegio Nacional de Periodistas en El Tigre durante un período y la Secretaría de Actas. El horario de trabajo no le permitía mayores libertades, sin embargo, cumplió y nunca aspiró reelecciones. En cuanto a los reconocimientos a su trabajo, Juan recuerda un Premio Regional de Periodismo escrito; dos Municipales; órdenes Honor al Mérito al Trabajo en Primera y Segunda Clase otorgadas en la democracia por el extinto Congreso Nacional; y por la Gobernación de Anzoátegui. Merecidos y mejor ganados.

Otra cuestión, Juan Martínez, se empeña en destacar la generosidad de la gente del El Tigre y Anzoátegui, que por su trabajo periodístico al servicio de la comunidad le otorgaron infinidad de placas, pergaminos y también disfrutó del reconocimiento de organismos, gremios, clubes e instituciones locales y regionales, que si los enumera y anoto, este destello, sería una enciclopedia y… esa no es la idea. Basta la mención genérica ¿O no?

Hablar de Juan Martínez, es hablar de periodismo, es hablar del diario Antorcha y hablar de buena parte de la historia de la ciudad. En tal sentido, lo traemos a estos destellos, con la firme aspiración de que, cuando nuestros eximios cronistas, historiadores e investigadores de nuestro prolijo y bello pasado, decidan escribir la verdadera y autentica historia de esta ciudad, que nació al calor del oro negro el 23 de febrero de 1933, lo incluyan, junto a los otros personajes e instituciones mencionados, en el disco duro de nuestra memoria histórica ¡Vale la pena!

¿Le gustó esta crónica? ¿No leyó las anteriores? Lo invito a visitar mis web siteshttp://www.aldabonazos.blogspot.com/ o el link:http://www.noticierodigital.com/author/josecheosalazar/ donde los encontrará todos en orden cronológico.

@Cheotigre
[email protected]
[email protected]
[email protected]
[email protected]
0414-3838097
http://www.noticierodigital.com/author/josecheosalazar/
http://www.aldabonazos.blogspot.com/



Etiquetas:

Canal Noticiero Digital

Twitter Auto Publish Powered By : XYZScripts.com