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opinión

La libertad de los hijos

13 noviembre, 2014

Cuentan de una mamá que le dice a su criada: -Josefina, asómese al patio a ver qué están haciendo los niños y prohíbaselo. Esta mamá no es pedagoga, por muy importante que sea lo que lleve entre manos. Además, presupone que lo que están haciendo los hijos está mal. En cualquier caso, para estar segura se los prohíbe de antemano.

opinan los foristas

El contacto padres-hijos es indispensable para educarles J.R. Ayllón nos recomienda la lectura de un libro de Natalia Ginzburg: “Las pequeñas virtudes”. Dice a este propósito Ayllón: -Tras ese título, podría esperar un libro de ética o autoayuda. Encontré, sin embargo, un puñado de relatos cortos, a medio camino entre el ensayo y la autobiografía.

Están escritos por una mujer que nace en la Italia de la primera guerra mundial y tiene que huir con su marido e hijos pequeños durante la segunda. Esa vida de refugiados, en un pueblecito va dando cuerpo al primer relato. Su tono hogareño y costumbrista no parece mejor ni diferente al de otros escritores, pero su última página borra con dos párrafos esa impresión.

Todo el libro es profundamente humano. Escrito con palabras cotidianas y hermosas que nos hablan de un amor y de un amigo, de la propia ciudad y del oficio de escribir, de la niñez y de la adolescencia, de los padres y de los hijos. Los hijos protagonizan su último relato que da título al libro. Un título paradójico para una propuesta preciosa:

“Por lo que respecta a los hijos creo que no hay que enseñarles las pequeñas virtudes, sino las grandes. No el ahorro sino la generosidad y la indiferencia hacia el dinero; no la prudencia sino el coraje y el desprecio por el peligro; no la astucia sino la franqueza y el amor por la verdad; no la diplomacia sino el amor al prójimo y la abnegación; no el deseo del éxito sino el deseo de ser y de saber”.

En “Las pequeñas virtudes” encontramos una inteligente reflexión sobre la pedagogía familiar, a través de las palabras y los ejemplos de los padres a los hijos. Es también un comentario agudo de experiencias cotidianas, un conjunto de finas observaciones sobre el comportamiento infantil o adolescente. Siempre con el recuerdo de sus padres, de sus hermanos, de sus hijos y de sus propios años.

Educar no es fácil, pero tampoco imposible. Requiere sacrificio pues hay que encontrar el tiempo para estar con ellos. Como dice Jesús Urteaga: “Los padres que ayuden a sus hijos a ganarse el cielo, brillarán eternamente como estrellas”.

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