end header begin content

opinión

La Cumbre del G-20

21 noviembre, 2014

El pasado fin de semana culminó la cumbre del G-20, el foro que reúne a los veinte principales países industrializados y emergentes del orbe. Este evento se llevó a cabo en la ciudad australiana de Brisbane, y tenía como temas básicos para la discusión el crecimiento económico, en cuanto a la propuesta de expansión de un 2% hasta el año 2018; la desigualdad, en función de la necesidad de generar un desarrollo inclusivo y la generación de nuevos empleos; el clima y lo imperioso de reducir las emisiones que contaminan el ambiente; la inclusión por primera vez en la agenda de un tema sanitario frente a la amenaza del Ébola; los planes para un intercambio automático de información fiscal en materia de impuestos; las regulaciones sobre el mercado financiero mundial; las inversiones necesarias para el desarrollo de grandes proyectos de infraestructura como motor de crecimiento, y por último, aun cuando no menos importante, la reducción de la brecha laboral entre hombres y mujeres que debería reducirse en un 25 por ciento hasta 2025, es decir que las mujeres deben ver aumentadas sus posibilidades de empleo.

opinan los foristas

Todo lo que hemos señalado anteriormente puede ser muy alentador, en el sentido que las principales economías del mundo se encuentran trazando hojas de ruta en la búsqueda de la solución de los principales problemas que afectan a la comunidad internacional; sin embargo, no dejan de causarnos incomodidades el manejo mediático e interesado que se le ha dado tanto a las rondas de discusiones bilaterales y multilaterales sostenidas, como al encuentro en sí. Como en todo foro internacional, la política rige las actividades que se desarrollan en el marco de este tipo de eventos, el interés nacional de cada uno de los participantes se pone en juego procurando llegar a puntos de encuentro con el resto de los participantes en función del juego diplomático con el objeto de lograr los acuerdos necesarios; pero en esta cumbre australiana hemos sido testigos del intento de imponer una visión parcial del desarrollo de los acontecimientos.

Los medios internacionales se han empeñado en señalar un presunto aislamiento de Rusia en dicha cumbre, cuando en realidad el presidente Vladimir Putin, siguiendo su constante propuesta de la necesidad de sostener un diálogo de alto nivel en las relaciones internacionales, sostuvo excelentes encuentros bilaterales con varios de sus homólogos, como por ejemplo el llevado a cabo con la canciller alemana Angela Merkel, del cual se desprenden las declaraciones que más tarde en esta misma semana, la líder germana adelantara en el marco de su visita a Polonia al afirmar que “Solo junto con Rusia podremos garantizar la seguridad en Europa”, y agregando además que las sanciones económicas impuestas a Rusia por Occidente no son un objetivo en sí y se debe entablar el diálogo. Es aquí donde entra en juego la desinformación, luego que los medios occidentales especularan hasta por el hecho del temprano regreso del presidente Putin a Moscú, cuando hasta el propio primer ministro australiano Abbot confirmara que desde antes de la cumbre, el vuelo se había programado a esa hora.

Se ha querido desviar la atención de la agenda principal al resaltar el tema de Ucrania, pero no se señalan en los reportes de noticias el que Australia estaba en contra de debatir el tema climático, o que tampoco apareciera en el documento final la referencia al desarrollo inclusivo. Y es que mientras estas agencias reportan la presunta “injerencia” de Rusia en Ucrania en los días posteriores a la cumbre, la OTAN por ejemplo, anuncia por intermedio de su Secretario General Jens Stoltenberg que la alianza atlántica ubicará los centros de mando de sus fuerzas en los países bálticos (Estonia, Letonia y Lituania), Polonia, Rumanía y Bulgaria, en un claro acto de provocación que da al traste con los acuerdos de 1990 que llevaron a la reunificación de Alemania.

Todo esto llega acompañado de una campaña rusofóbica en Europa, fomentada por las fuerzas armadas de varios países del viejo continente, quienes insisten en denunciar presuntas y continuas incursiones de submarinos y aviones rusos en aguas y cielos suecos, daneses o noruegos, tratando de promover de esta manera (y permítame reírme apreciado lector) el renacimiento de la Guerra Fría. Es por esto que quisiera tomarme la licencia en este punto de señalar un elemento importante que no puede pasarse por alto frente al presente planteamiento, y es el hecho que algunos de los miembros de la alianza atlántica como Noruega, Dinamarca, los Países Bajos, Italia, Canadá, Bélgica y Gran Bretaña, así como algunos de los observadores como Australia, son socios de los Estados Unidos en el desarrollo del nuevo avión furtivo de combate F-35 Joint Strike Fighter, que se pretende sustituya en las fuerzas aéreas de los mismos a los ya veteranos F-16; sin embargo los retrasos en las pruebas y fabricación del mismo, así como el enorme incremento en los gastos de investigación para poner a punto el mismo han hecho que en los últimos cuatro años, varios de estos países reconsideraran su participación en dicho proyecto, manifestando incluso la necesidad de retirarse del programa que ya sobrepasa inversiones que ascienden a centenares de miles de millones de dólares. Entonces, en mejor momento para la industria militar no podía llegar la vieja amenaza de ¡“allí vienen los rusos”!.

Como podemos apreciar entonces, lo que pudiese significar una buena noticia para las relaciones internacionales, como los acuerdos que puedan lograrse en esa hoja de ruta diseñada en la cumbre del G-20, en función del desarrollo global, termina siendo empañada por la manipulación de la información y la mezquina negación al diálogo al cual en repetidas ocasiones el Kremlin ha llamado, y del que ahora se hace eco también la canciller alemana.

Politólogo
@J__Benavides



Etiquetas:

Canal Noticiero Digital

Twitter Auto Publish Powered By : XYZScripts.com