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opinión

¿Extranjeros en el Gobierno de Kiev?

28 noviembre, 2014

No es mi intención el parecer repetitivo con el tema de las tensiones políticas y los conflictos que se viven en el oriente europeo, por el contrario, debido a que mis actividades académicas me han llevado por el rumbo del estudio profundo de la realidad política, histórica, social, cultural y económica de aquella región del planeta, siento entonces que tengo el deber de compartir una opinión objetiva de esos fenómenos tanto en las aulas donde comparto con mis alumnos, como en estas líneas en las cuales transmito esas informaciones para un público más general, usted mi amable lector.

opinan loa foristas

La inquietud que hoy nos motiva a redactar estos breves párrafos es lo acontecido durante la presente semana en Ucrania; como fiel seguidor desde hace varios lustros de todo aquello que sucede a diario en esa zona de Europa, no he podido dejar pasar por alto la instalación de la Rada Suprema (tal y como se denomina el Parlamento ucraniano), así como los hechos políticos que han acompañado dicho evento. En primer lugar resulta necesario resaltar que el parlamento que inició actividades en esta última semana de noviembre es el resultado de las elecciones organizadas por el gobierno de Kiev el pasado 26 de octubre, el cual irrespetó en dicho proceso el derecho inalienable de expresarse en las urnas de votación a los habitantes de las regiones de Donetsk y Lugansk, al suspender el acto electoral en las mismas para de esta manera garantizar el triunfo electoral de las tendencias ultranacionalistas y pro occidentales, dejando sin voz y representación a millones de ucranianos en la Rada por el simple hecho de ser rusoparlantes y solicitar un estatus especial que les brinde cierto grado de autonomía administrativa y política.

Luego de la instalación de esta muy parcializada Rada, los dos grupos mayoritarios, el Bloque del señor Poroshenko y el Frente Nacional del Primer Ministro Arseni Yatseniuk, firmaron un acuerdo de coalición política que les garantice a ambos una “chequera en blanco” con el objeto de gobernar Ucrania sin ningún tipo de trabas parlamentarias, ya que además se garantizan en los acuerdos la cooperación absoluta de las otras tres fuerzas políticas ultranacionalistas con representación minoritaria en la Rada; sin embargo lo más alarmante entre todas estas noticias son las declaraciones que paralelamente ofrecía Petró Poroshenko al señalar que reformaría algunas leyes con el objetivo de permitir que algunos extranjeros puedan ocupar algunas de las carteras ministeriales, palabras que de inmediato serían confirmadas a través de las declaraciones de Yuri Lutsenko, líder del Bloque Parlamentario de Poroshenko, al declarar que en el nuevo gabinete pueden incorporarse cuatro extranjeros, de los que no mencionó nombres, pero sí dejaría entrever que tal vez ocupen cargos claves como los ministerios de Finanzas, Energía y Minería, Infraestructura y la vice jefatura del Gabinete.

Lo que resulta irónico de todo esto es que el mismo “gobierno” que acusa a Rusia de irrespetar su soberanía, anuncia públicamente que esa “soberanía” resulta un concepto muy sui generis cuando sus intereses se anteponen al del resto de la población ucraniana, y que por el solo hecho de controlar y mantenerse en el poder, un o unos extranjeros ejercerán cargos ministeriales de gran importancia, entre ellos el encargado de las finanzas nacionales, el que supervisará y regulará las actividades mineras que casualmente se hayan ubicadas en la región del Donbás, y el del responsable de las multimillonarias obras de infraestructura que requiere Ucrania para su reconstrucción. Así mismo, en el mismo documento macro acordado por las fuerzas políticas antes mencionadas, se incluye además el solicitar el ingreso de Ucrania a la OTAN y la Unión Europea, en un acto de absoluta provocación y agresión en contra de la Federación de Rusia, la cual ha venido reclamando el estatus de neutralidad en este país.

Frente a todo esto el gobierno de Moscú ha venido insistiendo en la urgente e inmediata necesidad del diálogo para resolver la crisis, pero dejando ver de manera enérgica que Rusia exigirá respetar sus derechos y no cederá ante provocaciones, tal y como lo manifestó el presidente Vladímir Putin en sus declaraciones del 26 de noviembre en ocasión de una reunión con los jefes de las fuerzas armadas rusas, al afirmar que “…no amenazamos a nadie ni planeamos ninguna injerencia en ningún juego geopolítico, intriga o mucho menos en ningún conflicto, a pesar de los intentos de obligarnos a hacer lo contrario…”. Así mismo el canciller ruso Lavrov declaraba en paralelo que Rusia no tenía ninguna intención en negarse a cooperar con la Unión Europea, pero las relaciones no serán las mismas de antes, lo cual resulta comprensible ante la escalada rusofóbica adelantada por algunos países europeos y los Estados Unidos en los últimos meses.

Como podemos ver, el gobierno de Poroshenko que tanto reclama sin presentar prueba alguna sobre la violación de la soberanía ucraniana, decide entonces obviarla al momento de entregar puestos estratégicamente claves del gabinete ministerial a extranjeros, pero al mismo tiempo ignora los derechos civiles y políticos de millones de ucranianos a los cuales somete a una especie de nuevo estilo de apartheid, además de continuar la cruel y despiadada avanzada militar, con bombardeos inclementes sobre civiles como el último de la pasada noche del 26 al 27 de noviembre, el cual arrojó el saldo de trece civiles asesinados por misiles y morteros del ejército ucraniano.

Politólogo
@J__Benavides



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