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opinión

Salvatore Giardullo Russo

Un futuro desconocido 

22 septiembre, 2014

Entender nuestra realidad es difícil y a veces confusa, debido a que la verdad no es clara y menos de aquellos que deben propagarla, debido a que se esconden en las tinieblas de la ignorancia, arrastrando consigo a todo un país para que comulgue con ideales del pasado, para construir un futuro desconocido. 

opinan los foristas

La sociedad venezolana, desde finales del siglo XX, pedía a gritos un cambio, debido al desgaste que sufrieron los partidos tradicionales, sumado a que la institucionalidad del estado estaba en constante discusión, ya que no se respetaban los derechos fundamentales de la mayoría, porque su función era favorecer esa minoría parasitaria del gobierno de turno, engendrada y parida en el Pacto de Punto Fijo.

Además, en los años 90, estábamos sumidos en problemas económicos, con un barril de petróleo que no llegaba a 10 dólares; inseguridad, corrupción y pobreza. Estos y otros factores, tenían como una única válvula de escape, las elecciones que se celebraron en diciembre de 1998, porque era necesario darle un giro de 180 grados a una realidad que tenía asfixiada a toda la nación.

¿Cuál fue el error? Muchos y ninguno. Solo se optó por seguir a un golpista carismático, con poder de convencimiento, que vendió mentiras como verdades, pero con la opción cierta de romper con la hegemonía del bi-partidismo que existía, para producir ese cambio tan deseado por los venezolanos y tan necesario para la patria.

La transformación que se anhelaba era el fortalecimiento de las instituciones, separación y autonomía de los poderes, libertad informativa, económica y política, combatir la inseguridad y la corrupción, luchar contra la miseria, en fin, elementos que hicieron un gran peso en el momento de escoger al hombre que diera el golpe de timón al estamento político de la cuarta república, surgiendo así, lamentablemente, una sopa ideológica, con visos autoritarios, que se auto proclaman bolivarianos y que lideran una pseudo revolución.

¿Qué ha cambiado? Todo y nada. Estos últimos 15 años, Venezuela ha representado lo peor de lo que se criticó del punto-fijismo, ahora repotenciado y con un añadido, con una alta dosificación de ineptitud e improvisación. Lo que importa hoy es mantener la indigencia, para generar esa dependencia necesaria del pueblo, para convertirlos en clientes políticos. Ya no se piensa, no hay libre albedrío, lo que importa es la adoración al jefe supremo, usar una franela roja y convertir las consignas en dogmas, acompañadas con canciones de Alí Primera.

¿Y los cambios? Se alteró todo, para empeorarlo. En este momento lo que importa es el control, desde el aparato productivo, hasta el pensamiento, porque ya no somos ciudadanos, sino pobladores de una gran extensión de tierra.

¿Hacia dónde vamos? A ninguna parte y a todos lados. Nuestro porvenir dependerá de un pajarito que habla, de rezar un Chávez nuestro y la claridad de interpretación de un dinosaurio, sobreviviente de la guerra fría.



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