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opinión

Carlos E. Aguilera A.

La chikungunya chavista

30 septiembre, 2014

Un amigo lector me sugiere explique qué se entiende por default, término utilizado en los últimos días con frecuencia. Bien, según los entendidos de la materia económica default significa la suspensión de pagos es un término habitualmente utilizado en finanzas para hacer referencia a una situación en la que el prestatario no hace frente a las obligaciones legales que tiene con sus acreedores en la forma establecida en el contrato de reconocimiento de la deuda. El default puede producirse con distintos tipos de deuda, ya sean bonos, hipotecas o préstamos.

opinan los foristas

Desde el punto de vista de la economía internacional, el término “default” es habitualmente utilizado para hacer referencia al impago de la deuda soberana (sovereign default), es decir, cuando un gobierno adopta la decisión de no pagar su deuda externa.

Y eso es lo que se teme ocurra en Venezuela, visto el cuadro que presentan las finanzas públicas, que desde hace 15 años cayeron en un barril sin fondo. Así lo advierten reconocidos economistas y expertos financistas nacionales e internacionales, que temen pueda presentarse una quiebra que viene a ser una situación jurídica en la que el gobierno no pueda hacer frente a los pagos que debe realizar, porque estos son superiores a sus recursos económicos disponibles. La pregunta de rigor es, ¿Cómo el gobierno chavista honrará dichos compromisos con China, Rusia y otros países con los que ha firmado convenios o acuerdos, cuyos préstamos según algunos entendidos supera los 75 mil millones de dólares, hasta los actuales momentos?

A ello se suma – lo que en recientes días denunciaron Ricardo Hausmann y Miguel Ángel Santos – quienes se preguntan si es moralmente honrado pagar los 5.200 millones de dólares en bonos de la deuda externa el próximo mes de octubre, cuando se le deben 3.500 millones a las farmacéuticas, 4.200 a los importadores de alimentos, 3.000 millones a la industria automotriz y 3.700 millones a las aerolíneas. Y la respuesta de Maduro es que los demandará por participar en una “conspiración internacional”.

El riesgo de default que advierten los economistas es apenas una consecuencia de la profunda crisis de ética política que ha consumido a líderes, partidos y ciudadanos por igual. Hugo Chávez reivindicó la legitimidad de su fracasado golpe de estado contra Carlos Andrés Pérez, tras pedir financiamiento al Fondo Monetario Internacional a cambio de implementar un paquete de medidas, que implicaban: eliminar la tasa de cambio preferencial, liberar los precios de los bienes y servicios, aumentar la gasolina y reducir el gasto público y el déficit fiscal. Con este ofrecimiento populista y demagógico, convenció a quienes lo encumbraron al poder. En mala hora.

No conforme con ello, Maduro se niega a renegociar los términos de la deuda externa y se propone vender Citgo, un activo que la industria petrolera venezolana no podrá recuperar y que la pone en minusvalía frente a otros competidores regionales en los mercados energéticos internacionales. Exige a los funcionarios públicos “eficiencia” para evitar se desangren los recursos que ha perdido el Estado en los últimos 15 años a través de la corrupción, y decreta la creación de un sexto fondo de desarrollo sobre el que no habrá contraloría alguna, que de paso nunca lo ha habido.

Una vez que todos los actores económicos y sociales del país se volvieron dependientes de la liquidación de dólares, el Ejecutivo cerró el grifo de las divisas y arrancó la transición hacia un modelo que impone el control del Estado sobre la libertad de producir, crear, opinar y progresar y ello ha derivado en una profunda crisis que ha afectado mayoritariamente a comerciantes, empresarios, industriales y finalmente al ciudadano común que cada día ve con angustia, desesperación e incapacidad, que el salario mínimo que percibe: Bs. 4.254,oo mensuales, apenas le alcanza, ya que el valor de la canasta básica supera los Bs. 18.000,oo, además de los gastos ordinarios del hogar (alquiler, transporte, ropa, calzado y demás).

Maduro está atrapado en un dilema similar al que entrampó a CAP, que trató de encontrar la forma de hacer que el pueblo pague el coste del ajuste sin que proteste, y aún cuando rote a sus Ministros en el gabinete, conformado en su mayoría por militares, que sobrepasan de 398 en Ministerios, Institutos Autónomos y empresas del estado, no podrá superar tal coyuntura, porque no tiene la ascendencia política ni la capacidad con la que contaban CAP y Chávez,

El chikungunya ha cristalizado la inoperancia de la gestión de Nicolás Maduro en una nueva dimensión. El brote coincide con el punto más crítico de escasez de medicamentos, reactivos e insumos sanitarios que se ha registrado este año por la falta de dólares para cubrir estas importaciones. Mientras los pacientes se mueren de mengua en las emergencias de los hospitales de todo el país, por falta de acetaminofén para tratar el chikungunya o de hilos para hacer suturas en las cirugías, el gobierno insiste en que no hay comida, ni desodorantes, ni repuestos para vehículos por el contrabando de extracción en la frontera con Colombia y el coletazo que dejaron las protestas de principios de año.

Esta es la verdadera Chikungunya que lacera la piel de los venezolanos, por la mediocridad con la que se manejan los destinos de la nación.

José Ingenieros, filósofo argentino, profesor de psicología experimental, considerado uno de los máximos representantes del positivismo en Latinoamérica, como miembro del Partido Socialista, defendió también la idea de que la lucha de clases era una de las múltiples manifestaciones de la lucha por la vida, al mismo tiempo que criticaba al hombre mediocre, como observamos en algunos de sus pensamientos, que a continuación reproducimos:

* “Cada cierto tiempo el equilibrio social se rompe a favor de la mediocridad. El ambiente se torna refractario a todo afán de perfección, los ideales se debilitan y la dignidad se ausenta; los hombres acomodaticios tienen su primavera florida.

* El mediocre ignora el justo medio, nunca hace un juicio sobre sí, desconoce la autocrítica, está condenado a permanecer en su módico refugio.

* El mediocre rechaza el diálogo, no se atreve a confrontar, con el que piensa distinto. Es fundamentalmente inseguro y busca excusas que siempre se apoyan en la descalificación del otro. Carece de coraje para expresar o debatir públicamente sus ideas, propósitos y proyectos. Se comunica mediante el monólogo y el aplauso.

* El mediocre no logra liberarse de sus resentimientos, viejísimo problema que siempre desnaturaliza a la Justicia.

* No soporta las formas, las confunde con formalidades, por lo cual desconoce la cortesía, que es una forma de respeto por los demás.

* Los que piensan y actúan así integran una comunidad enferma y más grave aún, la dirigen, o pretenden hacerlo.

* Esta actitud lo encierra en la convicción de que él posee la verdad, la luz, y su adversario el error, la oscuridad.

* Se siente libre de culpa y serena su conciencia si disposiciones legales lo liberan de las sanciones por las faltas que cometió.

* La impunidad lo tranquiliza.

* Siempre hay mediocres, son perennes. Lo que varía es su prestigio y su influencia.

* Cuando se reemplaza lo cualitativo por lo conveniente, el rebelde es igual al lacayo, porque los valores se acomodan a las circunstancias.

* Hay más presencias personales que proyectos.

* La declinación de la “educación” y su confusión con “enseñanza” permiten una sociedad sin ideales y sin cultura, lo que facilita la existencia de políticos ignorantes y rapaces”.

Miembro fundador del Colegio Nacional de Periodistas (CNP-122)
[email protected]
@_toquedediana



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