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opinión

El misterio de Francisco Isnardi 

24 septiembre, 2014

Que la historia nunca termina de escribirse, que ésta siempre puede ser rectificada, desde luego, siempre que se cuenten con los serios documentos que apoyen los asertos que se van a sostener. Y, desde luego, que esta no se puede cambiar por el deseo de un Jefe de Estado quien desea ponerla a su servicio alterándola en su verdad cierta. 

opinan los foristas

Todo esto que decimos nos lo viene a enseñar el libro que ha escrito la profesora e investigadora Marisa Vanini de Gerulewicz (1928 ), quien temprano tuvo dudas de que el Francisco Isnardi de 1810-1812 no era exactamente el mismo turinés que siempre habíamos creído como el único de aquel nombre y apellido. Se dio cuenta, interrogando la documentación, copiosa por cierto, que tuvo ante sí, y logró darse cuenta que en los últimos dos siglos nuestra historia había contado como la vida de una persona las de tres personajes distintos del mismo apellido, homónimos los de primeros, y casi desconocido el tercero, del mismo apellido. De tal manera que a la luz de su libro debemos rectificar completitamente todo lo que sabíamos de los dos Francisco Isnardi y colocar en su sitio a Enrique Isnardi, todos personajes del mismo período: los días de la emancipación. Todo esto lo debemos a la profesora Vanini.

A ello dedicó su fascinante libro El misterio de Francisco Isnardi (2ª.ed.Prólogos: Ramón J. Velásquez y Edgardo Mondolfi Gudat. Caracas: Fundavag, 2014. 223 p.), obra altamente esclarecedora.

Su origen no pudo ser más interesante, propio de alguien que sabe indagar: ¿cómo se explicaba el buen castellano en que escribía, en 1810, el único Francisco Isnardi (1750-d1820) que habíamos conocido, ya que si era italiano, y había aprendido nuestra lengua, desde luego la escribía con tal perfección que era imposible que no fuera la suya, la aprendida de niño, la que llevamos en el alma, la lengua que ilumina nuestra alma y nuestra escritura. Allí comenzaron sus conjeturas.

El misterio descubierto

Así su conclusión, tras larguísima pesquisa en archivos venezolanos y europeos, es que en realidad hubo tres Isnardi en la historia venezolana, dos llamados Francisco, uno italiano, nacido en Turín, el otro español. Y un tercero Enrique Isnardi.

Por ello indica: “A nuestro juicio el seguimiento de la actuación de Francisco Isnardi Esq. a partir de 1803…tendría en aquel momento 38 años… no debería hacerse en América sino, como intentamos hacer, en Europa, concretamente en España, Francia e Italia, y podría dar insospechados resultados” (p.77). Ese, lo llamamos el primer Francisco Isnardi, ha sido hasta ahora el único que hemos conocido.

En 1803, indica, “A partir de esa misma fecha, deberían en cambio empezar en mares y tierras americanas las averiguaciones acerca del segundo y tercer Isnardi, respectivamente Francisco José Vidal y Enrique” (p.77), “Pero resulta que en Venezuela no se hace ninguna diferenciación, y bajo la entrada Isnardi, Francisco, se engloban documentos con fechas entre 1796 y 1812, y hasta posteriores, relacionados con cualquiera de ellos, particularmente con los Francisco, hecho que sugiere una falsa continuidad del mismo. Quizá llevados por esta distorsionada información archivística…[algunos autores]se han esforzado por establecer un ‘retorno’ de Francisco Isnardi Esq. a tierra americana. Han logrado hacerlo supuestamente volver a las islas de Martinica y Margarita, gracias a una indicación que el viajero francés J. J. Dauxion Lavaysse (1774-1829) proporciona” (p.77-78 ).

No fue así. Los datos hallados le permiten “llamar al prócer por su nombre completo, Francisco José Vidal Isnardi y atribuir su verdadera nacionalidad, la española, al hombre que ayudó a nacer la República de Venezuela como país libre, le dio estructuración legal y jurídica, y sufrió por este acto de coraje y justicia social largos y penosos años de persecución” (p.93).

El primer Isnardi: el italiano

Como hemos señalado este primer Francisco Isnardi es el que los historiadores venezolano han estudiado como un sola y única persona.

El turinés Francisco Isnardi (c1765-d1820), fue italiano, quien pasó a Venezuela, vivía en Güiria. En 1801 dijo tener treinta seis, o treinta y siete años, había nacido pues en 1765 o 1766, natural de Turín, capital del Piamonte, católico, dedicado al comercio años antes, cuando había viajado a Holanda desde donde pasó a la América del Sur, trabajó para una factoría de la Compañía de Indias, en Demerari; en 1795 pasó a Trinidad, territorio español entonces, provincia de Venezuela, donde siguió dedicado al comercio, supo de la feracidad de las tierras del Golfo Triste y en 1796 se radicó en Güiria, dedicándose al cultivo del algodón.

Trinidad dejo de ser parte del imperio español en 1797, como consecuencia de una invasión inglesa.

Desde el mismo año de 1801 existe un documento sobre su actividad del primer Isnardi en el Valle de Güiria (p.58 ). Ese año fue detenido, uno de los reos traidores “de la monarquía española acusados de tener relaciones con los ingleses, enemigos, en aquel momento, de España…Isnardi fue denunciado como espía al servicio de Inglaterra, autor del ‘horrible crimen de seducir y conmover los ánimos de los habitantes del continente de Güiria y costa firme de Cumaná para poner en independencia la América’. Una vez apresado, fue trasladado a Maturín, luego a Cumaná, a Barcelona, por fin a Caracas donde permaneció en el Cuartel San Carlos desde septiembre de 1801 hasta enero de 1802” (p.55).

En 1802 fue enviado preso a España y recluido en el Castillo de Santa Catalina. En 1803, el rey dio órdenes de ponerlo en libertad con la prohibición de no volver a Güiria, ni a ninguna parte de los territorios americanos de España. No volvió, no podía hacerlo. De tal manera que no era el italiano Francisco Isnardi el personaje de su mismo nombre y apellido enviado por Monteverde preso a España, junto con otros patriotas. Y anota la profesora Vanini: “El hecho de no mencionar específicamente la nacionalidad del citado Francisco José Vidal[Isnardi] es prueba de que este no era extranjero sino peninsular” (p.57).

Francisco Isnardi, el gaditano

Este es el gran hallazgo de la profesora Vanini. No ha puesto ante un personaje de grandes relieves que desconocíamos. Para llegar a este personaje debió la autora, a partir de una intuición: lo bien que escribía en castellano Francisco José Vidal Isnardi, revisar toda la historia hecha sobre los dos Francisco Isnardi, considerado hasta la investigación de ella como una sola personaje, confundiendo las biografías de ambos.

Explica ella: “El cotejo de los documentos redactados y firmados por Isnardi en sus supuestos primer y segundo período americano, fue decisivo, y sobre todo la firma del primero y segundo período, son sin lugar a dudas y a primera vista, diferentes: es obvio que no pertenecen a la misma persona. Además el análisis caligráfico llevado a cabo por técnicos, nos confirmó que tanto la letra como la firma correspondían a personas distintas… estábamos entonces en presencia de dos personajes diferenciados con el mismo nombre de Francisco Isnardi, pero con distintas formas, caligrafías, y posiblemente de distintas culturas” (p.50), “En los documentos examinados notamos que también variaba el trato que daban a los dos Isnardi las autoridades españolas. A fines de 1700 y comienzos de 1800 mencionan a un don Francisco Isnardi “Esquire”…es decir, persona de respeto, noble, hidalgo, mayor de edad, pero sin título académico. A partir de 1807 se dirigen a un Francisco Isnardi, ‘Médico Cirujano’ o ‘Ilustre Prócer’, evidentemente que había recibido un grado académico y ejercía una profesión, y que evidentemente era otra persona” (p.50-51).

Ese segundo era Francisco José Vidal Isnardi Descubrir la identidad, rasgos vitales y acción es el tema central de este libro, nos pone ante una persona que claramente no conocíamos por haberlo confundido nuestra historiografía con otro, italiano, del mismo nombre y apellido.

Apunta la profesora Vanini: “En la historia de la Independencia en Venezuela se destaca la intensa actividad de Francisco Isnardi, erróneamente considerado originario de la península itálica, durante la Primera República…Fue Secretario del Congreso Constituyente de Venezuela, [junto a Juan Germán Roscio]redactor o corrector del Acta de la Independencia, signatario de la misma, inspirador, redactor o responsable de documentos fundamentales entre los cuales la primera Constitución Republicana, fundador y director de importantes publicaciones periódicas” (p.41).

“La verdad sobre Francisco Isnardi, recientemente comprobada con documentos inéditos que anexamos…resulta impactante: Isnardi, el secretario del Primer Congreso de Venezuela, figura cumbre de la emancipación, no era italiano sino español…no había nacido en el Piamonte sino en Cádiz. La firma que sella el Acta de la Independencia no es la de un piamontés sino la de un gaditano. La pluma con la cual todos los diputados suscriben el Acta de la Independencia no les fue ofrecida por un italiano, sino por un español peninsular” (p.46). Que les ofrecía la pluma para que firmaran lo corrobora el cuadro de Juan Lovera (1776-1841), testigo de la escena, que luego plasmó en su famosa pintura.

Pero los dos Francisco Isnardi fueron “fusionados en uno solo a pesar de sus distintas nacionalidades, procedencias y profesiones” (p.47).El segundo, era de nombre Francisco José Vidal Isnardi, nacido en Cádiz, donde se graduó de médico (1799), pasó, mas tarde, a Venezuela,

Fue aquí un adelantado de la medicina social, actuó en Puerto Cabello y Caracas como galeno, se ocupó de la sanidad pública, hizo investigaciones científicas, sobre enfermedades que aquejaban a la población en los Valles de Aragua. En Caracas fue el creador de la Cátedra de Anatomía (1811-1812), con disecciones de cadáveres, en la Universidad de Caracas, esta sería el preámbulo de la fundada, años más tarde, por el sabio José María Vargas (1796-1854) a quien la misma Universidad dio el título de de Catedrático de Anatomía (1826).

Explica la profesora Vanini sobre Isnardi: “Desde su arribo como médico a tierra venezolana, hasta su deportación como revolucionario a las cárceles españolas, decidió Isnardi grandes y valiosos esfuerzos al país…Su lucidez y pensamiento liberal” (p.139).

Esto vivió hasta octubre de 1812, cuando salió de La Guaira preso de los realistas hacia España, aquellos revolucionarios procesados fueron llamados los “ocho monstruos” por Domingo Monteverde (1773-1832), pero eran figuras esclarecidas: Juan Germán Roscio (1763-1821), el mayor ideólogo de la emancipación, el canónigo José Cortés de Madariaga (1766-1826), Juan Paz del Castillo (1778 ), Juan Pablo Ayala (1768-1855), Manuel Ruiz (1763-1834), José Mires (c1780-1829), Antonio Barona y Francisco Isnardi” (p.142). Españoles Isnardi, Ruiz, Mires, Barona. Llegaron a Cádiz el 18 de noviembre, tras 43 días de navegación.

Los diputados venezolanos, ante las Cortes de Cádiz, los auxilian. Eran Fermín Clemente y don Esteban Palacios (1763-1830), tío de Simón Bolívar (1783-1830), “quienes hacen una suscripción para mantenerlos, pero la suma que reúnen es modesta, y la comida y la ropa en España, son costosas” (p.143). Pese a ello, tuvieron solidaridad con aquellos patriotas.

Los ocho patriotas enviaron representaciones ante las Cortes, en ese momento la Constitución Liberal de 1812 ya había sido promulgada (marzo 19,1812). Meses más tarde, en 1813, les siguieron las Cortes Ordinarias.

Sus representaciones fueron tomadas en cuenta por las Cortes y la actitud de Monteverde censurada. Los prisioneros fueron trasladados a Celta, no estuvieron presos en una cárcel, se les dio la ciudad por prisión, otro detalle muy singular que nos revela la profesora Vanini, porque entre otras cosas, fue allí donde Roscio comenzó la escritura de su libro El triunfo de la libertad sobre el despotismo (1817), el libro ideológico más importante, y sólido en su argumentación, publicado durante el proceso de la emancipación.

Los cuatro americanos, los otros cuatro eran españoles, fueron liberados el 15 de septiembre de 1815.

En 1820, tras la Revolución de Riego y Quiroga, comienzo del Trienio Liberal (1820-1823), Isnardi obtuvo la libertad. En Ceuta, en 1820, fue nombrado secretario del Cabildo Municipal. Lo hizo hasta septiembre cuando renunció. Llevó también, como antes en Venezuela, una intensa actividad periodística. Isnardi había casado con Ángela de la Cueva, tuvieron un hijo Ángel Isnardi de la Cueva. Francisco Isnardi murió en 1826, ya que el 25 de diciembre de ese año se le concedió a su viuda la correspondiente pensión, por ser “viuda del segundo profesor médico cirujano de la armada” (p.156).

Enrique Isnardi

Del tercer Isnardi, llamado Enrique, son pocos los datos que logró allegar la profesora Vanini. Este fue un patriota activo en la isla de Margarita. Al parecer en 1807 tenía 37 años, era de nacionalidad española y de oficio interprete público. Dio su vida en aras de nuestra libertad en los días de la guerra. Todo parece indicar que ya en 1810 vivía en la isla. Ese mismo año el Gobernador Vicente Emparan (1747-1820) le revocó el nombramiento, seguramente conocía las ideas que movían a Enrique Isnardi. En 1811 se contó entre los que firmaron allá la adhesión a la decisión tomada en Caracas el 5 de julio. “Lo firma Enrique Isnardi, secretario. A nuestro juicio se trata del mismo interprete” (p.85). Eso fue el 17 de septiembre. En 1818 seguía participando en la lucha al lado de los patriotas margariteños. Murió en el vivac, aunque no está aún claro los por qué y cómo. Pero Enrique Isnardi existió, investigar su vida es tarea para los historiadores.



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