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opinión

Salvatore Giardullo Russo

El espejo retrovisor

4 agosto, 2014

Hoy nadie discute en Venezuela, la necesidad urgente de un cambio en la política económica que viene aplicándose desde hace 15 años, pero que se recrudeció a raíz del paro cívico de finales de 2002, marcado por el control cambiario y la regulación de precios de algunos artículos. La realidad, mucho más terca que las teorías ideológicas trasnochadas, terminó indicando que las bases de ese supuesto crecimiento, eran endebles e inestables, a pesar que a este país le han ingresado durante el período 1999-2013, más de un millón de millones de dólares, se dice fácil.

opinan los foristas

Obligado por estas circunstancias, pero sin alejarse de su afán centralista, el gobierno ha implementado una serie de correctivos, que han impactado de manera traumática al venezolano. Nos referimos a la devaluación de nuestro signo monetario y el ajuste en los precios de los productos regulados.

Sin embargo no hay una toma de conciencia por muchos sectores de la sociedad, que se resisten a entender y aceptar la nueva realidad que enfrenta nuestro país, basado en un control total del aparato productivo, sin importar el rubro, sin importar sus consecuencias. El ejecutivo en vez de aplicar esquemas de reconversión del Estado y políticas de descentralización, ha actuado en sentido contrario.

Con su afán de controlarlo todo, evitan mirar los cambios que sacuden al mundo. La caída del muro de Berlín; la apertura a los mercados y a las libertades de muchas naciones ex-comunistas; formación de bloques regionales, tales como la Unión Europea, el eje Estados Unidos, Canadá y México; la asociación de naciones asiáticas, lideradas por Japón y China; la Alianza del Pacífico; la Comunidad Andina de Naciones y otros. Son grupos que favorecen la mutua protección, pero fortaleciendo las defensas externas, consolidando su moneda, sus productos y las libertades económicas.

Sin embargo, hay resistencia a las nuevas tendencias de la globalización, para poder ser más competitivos y así, poco a poco, buscar alternativas que nos deslastren de la dependencia petrolera, para la obtención, no sólo de divisas, sino de los productos que consumimos en nuestro país.

Todos los sectores, desde los agricultores hasta los industriales, sin importar el tamaño de la empresa, han venido realizando exigencias claves: que se respete la propiedad privada, que cesen las invasiones, que impere el reino de la ley, que haya políticas claras hacia el sector productivo y desmontar los controles, que se tome en cuenta la realidad, tanto nacional como internacional, para competir en una economía global de mercado.

Productores del campo, agroindustria, empresas manufactureras, cadena de comercialización, comerciantes, precios justos, poder adquisitivo, salario real y Estado, es el conjunto de factores que pueden dinamizar nuestra economía y por ende nuestra sociedad, para avanzar hacia nuevos rumbos. Sin embargo el gobierno no tiene la misma disposición para mirar hacia el futuro y se empeña en avanzar viendo a través del espejo retrovisor.



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