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opinión

Salvatore Giardullo Russo

La edad de la ilusión

21 julio, 2014

El niño trabajador, a la hora de jugar, trabaja; en el momento de aprender, lucha por la vida; en la edad de la ilusión, es realista; la exigente escuela de la supervivencia no deja lugar para la fantasía, en su mente sólo hay trabajo, porque para él es el único sistema para sobrevivir.

opinan los foristas

A pesar que se diga que nuestra infancia goza de todas las facilidades y recursos que ellos necesitan, podemos ver en nuestro acostumbrado andar por las calles de ciudades y pueblos del país, muchachos bregando y luchando por el diario vivir.

Bajo el peso de la responsabilidad temprana, se nos está frustrando una carga de esperanza y futuro en medio de una sorda indiferencia; deben enfrentar cada día la batalla por la subsistencia, alejándose cada vez más de la esencia de su propia niñez, de la posibilidad de realizarse en un medio adecuado a su naturaleza y su potencialidad. Esta es una historia vieja de egoísmo y crueldad, en todas las épocas y en todas las civilizaciones; niños han sido explotados como mano de obra barata; fácil de manejar, porque desconocen sus derechos; fácil de chantajear, porque casi siempre laboran ilegalmente. Por estas sencillas razones y por la apremiante realidad de su pobreza, hoy bregan en el país miles de chiquillos menores de 16 años.

En su mayoría provienen de zonas populares y debido al régimen de vida que llevan, son propensos a robar, prostituirse, traficar o consumir drogas. Hay otros, que son itinerantes, deambulan en la búsqueda de un destino incierto. Además de sufrir alimentación inadecuada y padecer de embarazos precoces, es decir, niños engendrando niños.

La indolencia de nuestra sociedad, irresponsabilidad de los padres, dificultad para estudiar, falta de oportunidades, instituciones que no funcionan, en fin, un rosario de calamidades que han empujado a nuestros chicos a hacer frente una realidad que escapa de su dominio, porque su esencia es la felicidad y caen en el abandono. Comienza así, desde muy temprana edad y antes del tiempo que le corresponde, su lucha para resistir. Ese crio ve entorpecido su desarrollo físico, psíquico, moral y se convertirá o se verá obligado en convertirse antes de tiempo, en adulto, en una nación que no tiene rumbo, para nuestros hijos que no tienen futuro.

La mayoría se enfrentan a esta dura realidad, que día a día aumenta de una manera tal, que se ven obligados a laborar para sostenerse en esta sociedad que los considera como una imagen pintoresca.

Cada día el niño trabajador va a ocupar su puesto, como queriendo dar un toque familiar al rostro anónimo de la muchedumbre, formando parte del paisaje, entre miradas indiferentes, hostiles o desconfiadas; deambulan por callejones luchando por su existencia. Para el ciudadano común, son solo una representación habitual y hasta típica; para las estadísticas, una cifra muy significativa; miles de pequeños que tienen sueños que difícilmente se realizarán.



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