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opinión

Tamara Sujú Roa

La Razón / ND

Sometidos, sobrevivientes y ciudadanos

30 junio, 2014

Máxima lealtad y disciplina dijo Maduro que exigiría a los miembros del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) luego de que tres de los ex ministros del fallecido Presidente Chávez, criticarán su actuación y lo llamarán a la reflexión. Giordani fue hasta hace pocos días Ministro de Planificación, Rafael Isea quien ahora se encuentra en Estados Unidos, fue Ministro de Finanzas y Héctor Navarro fue Ministro de Educación y directivo del PSUV hasta ésta semana. También lo han hecho otras personas pertenecientes o simpatizantes del partido del gobierno.

opinan los foristas

Todo empezó por una carta de Giordani donde criticó el gasto público y la falta de liderazgo de Maduro entre otras cosas. Es decir, quien tuviera en sus manos la planificación económica del país durante tantos años, se dio el tupé al salir del ministerio, de criticar a Nicolás, siendo ambos parte del “equipo” culpable de la debacle económica que está viviendo el país, uno por mal planificador y cómplice silencioso de las malas decisiones y el otro por permitirlo. Porque lo que molesta no es que ahora empiecen a tenerle asco a la ignorancia supina de los demás , sino que nunca se dieron cuenta de la suya propia y se gastaron el dinero de todos los venezolanos en todavía no sabemos exactamente que, pero se lo gastaron, y la renta petrolera millonaria que debió llevarnos estos años a ser un país del primer mundo, se despilfarró de tal manera que hoy mendigamos comida y medicinas en largas colas mientras que ésta gente se saca los trapitos sucios al aire a ver a quien le echan la culpa.

Además, el amedrentamiento e intimidación contra el que se atreva a denunciar o criticar a un “camarada” es tal, que no sólo han sido llamados traidores, sino que además están viviendo en carne propia lo que la oposición democrática ha sufrido durante 15 años: La criminalización del disentimiento, la libertad de pensamiento y de opinión. ¿Qué se siente compatriotas? Este gobierno lo que quiere son súbditos. Obediencia absoluta aunque estén comiendo pasto. No importa que el pueblo no consiga medicamentos, que no se consiga algún producto de primera necesidad, que a la gente no le llegue los reales para cumplir con sus compromisos familiares básicos, como los estudios de los hijos, que tenga el carro parado porque no consiguen repuesto, que el hampa lo tenga a monte y el alma en vilo cada vez que usted o alguien de la familia sale a la calle, por no mencionar aquello que podría ser considerado lujurioso, como lo es planificar un viajecito con tiempo, o invertir algún dinero para el futuro de sus hijos.

Usted estimado lector, es un simple sobreviviente y su vida gira entorno a las malas políticas públicas que el Estado ha tomado por quince años, por pocas personas que siempre tuvieron un proyecto de poder absoluto y nunca un proyecto de país y que a través de los poderes públicos pretenden someter al ciudadano y convertirlo en súbdito obediente sin pensamiento propio. En este sentido quiero reseñar la gravedad de lo ocurrido las últimas semanas con la empresa que presta un servicio público, como lo es CONVIASA que violando la Constitución y Leyes de la República, discrimina a ciudadanos venezolanos y no les permiten hacer uso de sus servicios. Yo invito a la Defensoría del Pueblo a que se pronuncie sobre este claro atropello. Porque así actuaban los nazis. Los venezolanos simplemente no podemos permitir que nos sigan discriminando e intimidando por pensar distinto. Y las Instituciones están en la obligación de no aceptarlo e investigar cualquier acto, hecho u omisión que así lo indique.

Para culminar, no hay nada que moleste más al venezolano que la imposición de ideas, normas o decisiones, cuando éstas pretenden controlarlo y someterlo, cercenándole el derecho básico a su libertad de discernir y actuar conforme a sus valores y principios. Desde el más estudiado académico, hasta el más humilde ciudadano. Quizá podrán tratar de imponerse por un tiempo más continuando con las amenazas, intimidación y ofrecimiento de dádivas. Pero el malestar social se siente ya muy a flor de piel. El venezolano se está sintiendo encarcelado dentro de su propio cuerpo y mente, porque ya lo está en lo que se refiere a su día a día. Cuidado. El ciudadano que hasta ahora se ha mostrado sumiso por distintas razones sociales y personales, se puede convertir en cualquier momento en un León enfurecido y volverse contra el amo que extiende su látigo para domarlo. No en vano, la letra del Himno Nacional hace honor a los nacidos en esta tierra.



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