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Germán Carrera Damas: El rol de los alcaldes es formar ciudadanos, no, ser conserjes

15 mayo, 2014

german_carrera_damas_15may2014Enrique Meléndez / especial Noticiero Digital / 15 mayo 2014.- A juicio del historiador Germán Carrera Damas, algunos de los alcaldes, en especial, de la oposición se conciben a sí mismos como los conserjes del del municipio.
opinan los foristas
“Es decir, corregir todo lo malo que le han hecho los anteriores alcaldes. Pero no atendiendo a lo que eran los objetivos fundamentales del proyecto de descentralización. Esto es, formar ciudadanos y entrenarlos… de manera que el municipio pasara a ser no la célula inicial sino la base de la democracia”, afirma el también catedrático universitario y ex embajador en una larga conversación con Noticiero Digital.¿Se puede considerar que así como ha sido exaltada la figura del Libertador, también ha sido defenestrada hasta incluir su imagen física de acuerdo a prejuicios ancestrales?-El destino de algunos grandes hombres es, justamente, alimentar tanto el talento como las pasiones de los pequeños. Eso es una ley. Si usted considera a Alejandro Magno, ya por su sola denominación sobresale. ¿No es verdad? Pero
Pero lleva a Persia su efebo (figura afeminada) y resulta que el hombre era borracho. Incluso, él poseía la condición física de que el alcohol no le hacía nada, y obligaba a sus generales a beber con él y más de uno murió con un coma etílico mientras a su jefe no le pasaba nada.

-Ése era Alejandro; un hombre que era capaz de acabar con Persia, y llevar sus huestes hasta la India y crear y fundar y crecer. ¿Cuál es el Alejandro Magno que nos interesa para la historia? Para unos, para la historia pequeña, lo que llamaría sus intimidades o sus errores o sus debilidades constituye una temática; ésta hace un tipo de historia que le interesa a mucha gente. Se trata de una historia amena, interesante; lo que fuera.

-Pero si tomamos la historia como disciplina que se rige por criterios científicos, de rigor lo que define al personaje es otra cosa. Es, justamente, aquello de lo cual él, partiendo de un nivel, digamos así, establecido por la tradición, fue capaz de concebir no sólo cosas grandes sino de promoverlas y llevarlas adelante.

-Para mí, en ese sentido, Bolívar fue un gran hombre. Usted se ha fijado en cuanto a los discursos de Bolívar, ¿usted se ha preguntado: quién pudiera entender aquello? Si usted toma el discurso de Angostura que es una pieza maestra de teoría política, ¿cuántos de los que estaban en ese Congreso pudieron entender lo que él decía?

-Bolívar nunca cambió su discurso. Nunca descendió en su discurso; porque su línea no era hacia abajo sino hacia arriba. Bolívar abrigaba unos conceptos y unos criterios que aspiraba traducir en una sociedad; que él consideraba que había sido mantenida dentro del oscurantismo; la negación de sus genuinos valores.

-Eso es lo que hace a un gran hombre. Entonces, desde ese punto de vista yo afirmo que Bolívar, cuando él tomó conciencia de su grandeza, no vaciló en asumir su responsabilidad considerándose un hombre histórico. Yo no sé si es una manía mía pero, ¿usted sabe quien demostró esa capacidad para la historia, ese vivir para la historia? Lo que pasa es que a nosotros no nos gustan los héroes recientes: Rómulo Betancourt.

-Varias veces lo afirmó y actuó en consecuencia también. Un hombre que fue presidente de Venezuela tres veces: primero como presidente de la Junta Revolucionaria de Gobierno; después es designado presidente provisional de Venezuela, designado por la Constituyente de 1947, mientras se preparan las elecciones, para escoger el nuevo presidente; y luego en 1964, como presidente constitucional, dice “más nunca volveré a ser presidente de Venezuela”.

¿Las ideas centralistas del Libertador son las mismas ideas centralistas de Hugo Chávez, que en eso fue a los extremos y revirtió el proceso de descentralización que se llevaba a cabo desde el gobierno de Jaime Lusinchi?

-Esa pregunta yo no me atrevería a responderla; porque yo todavía no he encontrado una idea de Chávez. Todos son lugares comunes. Cosas ya establecidas, ya dichas, pero cero de creatividad. Es más, una gran habilidad para engañar; pero cero para edificar. Ese es el punto.

-Porque la idea de un gobierno centralista y fuerte ya lo venía exponiendo Bolívar desde el Manifiesto de Cartagena; cuando reaccionó contra la primera República, y estoy hablando de 1812. Además, eso es un lugar común a todos aspirantes a tiranos. Desde el más gigante de ellos hasta el tiranuelo. Pero, ¿cuál es la idea que puede considerarse generada, producida por Chávez?

-Lo que pasa es que como nosotros hemos bajado o descendido bastante en la versión de lo ideológico, creemos que cualquier discurso de ideología puede parecer, sencillamente, una grotesca confesión de ignorancia. Sin embargo, basta que sólo sea pronunciada desde el poder para que esa confesión de ignorancia sea calificada de ideología. Mas no hay creatividad.

-Este es el punto que yo veo esencial. Mire, yo puedo hablar de esto con bastante propiedad. Usted me pregunta lo de la descentralización; yo fui el director de la Comisión Presidencial para la Reforma del Estado. A nosotros nos correspondió llevar a cabo la evaluación de lo que había sido la integración nacional en función de los gobiernos que llamaríamos iniciales de la República.

-Hablo de la República autocrática. Efectivamente, no cerramos los ojos ante el hecho de que aquella especie de mosaico quebrado que era Venezuela en 1830 necesitaba algo que vinculara esos fragmentos.

-Efectivamente, desde 1830 y hasta comienzos del siglo XX la tarea fue acercar esos trozos del mosaico que estaban atomizados. Mire, todavía a comienzos de la década de 1940 para ir de Caracas a Cumaná había que tomar un vapor, y si no, el viaje duraba 24 horas porque había que bajar primero a Los Llanos. Éste era un país que carecía de circulación.

-Pero, ya avanzado el proceso de unificación nacional sobre la base de la estructura del ordenamiento jurídico, la tarea fundamental era formar ciudadanos. Es decir, ciudadanos capaces de trabajar o de lidiar con esa nueva realidad. La descentralización sólo era un proyecto político. Lo digo con conocimiento de causa.

-Tenía dos finalidades; primero, formar ciudadanos. Desarrollar el concepto del derecho de ver, de supervisar; segundo, cultivar el arte del gobierno propio; es decir, el ejercicio pleno e inmediato de la soberanía popular. Esos dos elementos reunidos querían significar que el poder central, que había sido absoluto hasta entonces, no era que disminuía, sencillamente perdía capacidad de seguir operando el control político dominante.

-Pasado un período entraríamos, realmente, en una verdadera estructura social y política que se correspondiera con el concepto pleno de soberanía popular; porque hasta ese momento el ejercicio de la supuesta soberanía popular significaba nombrar a alguien que, luego, mandaba sobre toda la estructura política territorial a través de los gobernadores de estado.

-Entonces la tarea nuestra consistía en modernizar el Estado; profundizando la democracia. Pero la tarea esencial quedaba en manos de quién, ¿de los gobernadores?, ¿de los alcaldes? No, de los concejos municipales que tenían como tarea, justamente, echar las bases de la soberanía popular ejercida en la base y no invocada como un principio que se perdía en el camino hasta desembocar en alguna forma de autocracia. Eso era el objetivo.

-¿Qué es lo que me preocupa ahora? Se lo voy a decir, y con esto me meto en el presente con ganas de llamar la atención sobre algo.

-He visto que para algunos de los alcaldes, en especial, de la oposición parece que su tarea es la de actuar, más bien, como los conserjes del municipio. Es decir, corregir todo lo malo que le han hecho los anteriores alcaldes. Pero no atendiendo a lo que eran los objetivos fundamentales. Esto es, formar ciudadanos y entrenarlos en el alto gobierno.

-De manera que el municipio pasara a ser no la célula inicial sino la base de la democracia. Porque hay organismos que representan más directamente la soberanía popular, y eso es lo que constituye al ciudadano, Bueno, yo le diría que, en realidad, el resucitar actitudes autocráticas es parte de un proceso. A mí me choca, por supuesto, que esto suceda. Pero como historiador lo comprendo.

-No lo justifico, lo comprendo. Porque lo que está planteado a partir de 1946, con el Estatuto Electoral de entonces, fue la transformación de la sociedad venezolana de la abyección, del servilismo; en una sociedad democrática moderna. Ahora, eso ningún pueblo lo ha logrado, en el grado en que nosotros lo hemos hecho en tan breve plazo.

Mañana, última parte…



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