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opinión

Una censora llamada Jaqueline Faría

25 abril, 2014

Me es imposible como persona de la cultura, como animador de sus actividades, dejar de decir unas palabras crítica sobre lo hecho por la funcionaria Jaqueline Faría en contra de la pieza que acaba de poner en escena Héctor Manrique.

opinan los foristas

Ayer, leímos el análisis, certero, de Gisela Kozak. Pero hay otras cosas que decir. Creemos que no se necesita ser ni gay, ni lesbiana, ¡no es contra ti Gisela!, para dar nuestra opinión, lo que está en juego es demasiado importante para la sociedad de nuestro tiempo.

Desde luego, protestamos porque lo de la ingeniera Faría es una forma de censura. El vituperio que hace de Frase y Chcocolate no tiene sentido. Y no lo tiene, porque una de las grandes conquistas de nuestro tiempo, es el respeto a la diversidad sexual de las personas. Es un hecho contemporáneo.

De hecho, no sé si ella lo sabe, Fresa y Chocolate es una película cubana, hecha allá y exhibida allá. Y después en todas partes del mundo. No nos dejó de llamar la atención en su momento, la primera vez que la vimos fue a través de Venevisión, que la censura cubana hubiera permitido no solo hacer esa película, basada en un cuento de Senel Paz, sino su exhibición. Pero así fue.

En estos años se ha impreso en Cuba, aunque la gente no lo crea, El hombre que amaba los perros, de Leornardo Padura, un escritor disidente quien vive en La Habana y desde allá escribe. El hombre que amaba de los perros es la requisitoria más grande, escrita en América Latina, contra el sistema del socialismo autoritario, que si bien desapareció en el mundo, en 1989, allá, en Cuba, pervive inexplicablemente. La novela es una gran condena del régimen stalinista, y al sistema cubano, pero escrito con grande belleza literaria. Cuando abrí la novela no pude soltarla hasta llergar a su última línea, ya amanecía cuando la cerré.

Pero es muy grave considerar homofóbica esa película y la pieza surgida de ella, dirigida por el gran Héctor Manrique, a quien tanto ha perseguido intekectualmente el chavismo. Y humillar a este destacado director públicamente, incluso decir que esa obra es producto de la derecha, algo que practicamente ya no existe, los grandes partidos conservadores, como los de Alemania e Inglaterra, se están convitiéndo en agrupaciones de centro. Y así gobiernan a sus pueblos. Tampoco existe la izquierda, mucho menos entre nosotros.

Pero censurar una obra de arte, comentar su esencia sin comprender de lo que se trata, tratar de ser, como ella pretende, una crítica de teatro, humillar el gran talento de Senel Paz, de Héctor Manrique y de sus actores, es imperdonable. Revivir la censura sexual, siempre presente en los régimenes comunistas, es algo que no tiene sentido. No lo tuvo en el siglo XX, la centuria del sexo y de la mujer, de las libertades, de la democracia plena. Recuerdo a mi admirado Milan Kundera que definió su obra diciendo que tratan de la politica y del amor, Olvidar que el tiempo pasa y se alcanzan nuevas metas. Revivir lo pasado, lo muerto, lo inerte, no tiene sentido.

Atacar aquí Fresa y chocolate la misma semana en que el Papa Francisco autorizó a una esposa católica, casada en un divorciado, para que pudiera confesarse y recibir la comunión, es ir hacia adelante. Le abrió una puerta a los divorciados. En cambio aquí camina el cangrejo, que siempre lo hace hacia atrás, y los anacronismos históricos, varios de los mayores están aquí, creer que quienes nos mandan son socialialistas es un anacrinismo histórico. Eso ya no existe, a menos que sea el socialismo democrático. Tampoco existe en la teoría politica, otro anacronismo como el socialismo del siglo XXI. Hay, doctora Faría, recuerdo a don Quijote, “Cosas veredes, Sancho amigo”. Y que viva Héctor Manrique y la libertad creadora sin censura.



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