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opinión

Maduro y la degradante imbecilidad

5 abril, 2014

¿Qué más queda por decir en esta Venezuela de asesinos, de cobardes, de facinerosos convertidos en escuadrones de terror de hombres – o más bien debería escribir “bestias” – como los que usurpan el poder desde todas las instituciones sembrando el terror y acabando con la vida de más de la otra mitad venezolana que les enfrenta en desventaja siniestra?

opinan los foristas

Nada.

Desde una nube muy particular, la de la corte servil y oportunista que siempre rodea al poder, este hombrecillo petulante, inculto y fofo que es Maduro, ya no tiene contacto alguno con la realidad. Porque todo lo que se sigue sucediendo no permite a ningún ser humano “dormir como un bebé”.

Ni que Diosdado le cante una “nana”.

Cada arremetida de los “escuadrones de la muerte” – que pueden ser colectivos armados o guardias nacionales o los dos juntos matando gente y hogares, destrozando, allanando, secuestrando, desapareciendo venezolanos que en cuenta regresiva llevan la Corte de La Haya – podrian ser detenidos, o tratar de ser detenidos, con una orden de su jefe. Sea éste Diosdado o el mismo Maduro.

Pero ya contar muertos, no importa cómo serán matados, les llena de soberbio orgullo: “uno menos”. El deleite en la creatividad asesina es enfermizo… Le pegan a las mujeres, le abren el cráneo a un muchacho, a otro lo violan con un fusil, los secuestran y cobran en dólares, los desaparecen como si esa vida humana no tuviera raíces ni deudos ni seres queridos desesperados.

Maduro sigue convocando el odio, las diferencias, vociferando como si el 2014 fuera el siglo pasado de la entrada de Fidel a La Habana, como si nada hubiera cambiado y un Granma pudiera zarpar de México al Oriente cubano sin que lo reportaran las redes sociales, la tecnología que a veces supera al mismo ser humano.

No es el siglo desde el que Fidel escribió una carta al Presidente norteamericano cuando era un muchacho. Pero escribe también su carta a Obama al que insulta y acusa todos los días en todos sus discursos. Y lo hace a través del New York Times encabezándolo con su “Excelencia”.

No le costaría mucho asumirlo.

Él, como el difunto que parece que ya se cansó de tanta torpeza y no gorjea ni aparece como un pajarito, ni lo siente ya llegar a dormir con él como pregonaba, se muere porque Obama “le pare”.

Es lo que le falta para “glorificarse”. En su sueño “infantil” contemplará verse bailando con Michelle en la Casa Blanca… Afirma que en Estados Unidos hay una “narración” presentada por el gobierno de ese país en la cual “los manifestantes están ampliamente descritos como ‘pacíficos’, mientras dicen que el gobierno es violento y represivo”. Y pide al pueblo norteamericano que llame al Congreso a abstenerse de adoptar sanciones contra Venezuela y da la bienvenida a cualquiera que quiera ayudar a Venezuela.

¿Cómo se puede ser tan imbécil? ¿Tan degradantemente imbécil? Mendigo de piedad, vergüenza de un pueblo valiente que no se rinde. ¡Qué pena ajena!



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