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opinión

¿Diálogo o anti-diálogo?

17 abril, 2014

Es verdad, que nos contamos entre quienes no creíamos que pese al esfuerzo hecho por algunos de los dirigentes opositores de ir a Miraflores aquello no tenía sentido. Y menos sin la presencia de los estudiantes, sin Antonio Ledezma, sin María Corina Machado, sin el Alcalde del Hatillo y, desde luego, sin Leopoldo López. Pero ellos, constantes en su protesta, pacífica siempre, tenían razón en que no se debería oxigenar al gobierno. Ni se podía ir a allá sin normas verdaderas de diálogo.

opinan los foristas

Por ello para muchos, nos contamos entre ellos, aquello fue un espectáculo. Y por el puro amor, a lo nuestro, a este país y a nuestra sangre libertaria, que siempre he sentido, por contarme entre los nunca han perdido la esperanza de días mejores, reviviendo nuestro sistema de vida: que es la democracia, escribimos estos renglones.

Creemos que sigue siendo válida la consigna de María Corina Machado de no hacer nada que oxigene al gobierno.

Lo que vimos no fue un diálogo. En el comienzo era un monólogo del señor Maduro, creemos que no pudo decir mayor número de falsedades seguidas, nos hizo ver cómo la nación ha perdido diez y seis años. Lo que le escuchamos, con estupor, es todo refutable por los analistas que hemos examinado al chavismo, cosa hecha siempre con dolor, más de una vez con lágrimas, siempre con sudor, con noventa porm ciento de expiración y con diez por cierto de inspiración, empapados siempre de las lecciones de nuestra historia y de nuestra memoria colectiva que hace más de una década el gobierno no escucha. Y sin escuchar al pueblo no se puede gobernar..

Para nosotros aquellas larguísimas palabras, constiuyeron el comienzo del horror, sentado como estaba al lado de todos sus paniaguados.

De todas formas a quienes pudimos escuchar, de lado de la oposición, no dejaron de conmovernos porque esa es nuestra interpretación de lo que sucede, pero no era el día, ni la hora, porque no se habían expuesto claramente las bases para hacer aquello, pese a la buena fe de los interlocutores disidentes.

Desde luego, y por ello la gente en la calle, se siente feliz de aquello que escuchó a nuestros dirigentes. Pudieron ir al Palacio de Misia Jacinta y expresar el análisis de lo que sucede en Venezuela, dicho siempre de forman clara y sincera. La cara del señor Maduro, cuando las cámaras lo paneaban, mientras nuestros compañeros líderes opositores hablaban, nos los decía todo.

Esas exposiciones fueron veraces y ciertas, desde que tomó la palabra Ramón Guillermo Aveledo, con su forma clara de exponer; cuando nos conmovió Henry Ramos Allup, en toda su exposición; el Secretario General de Copei, Henrríquez, con su observación sobre la ruptura del pacto social que todos vivimos, con su trasfondo cristiano que los socialcristinaos, asi ya no seamos copeyanos, celebramos; Liborio Guaruya con su hondura y su serenidad y su agudeza; Henrry Falcón, quien no dejó de exponer pasando de un grave asunto a otro más grave, expuesto con su gran encanto personal; Andrés Velazquez entre los que más tocó las denuncias de respeto a los derechos humanos y quien tocó las angustias de todos los días en que país donde no hay ni siquiera que comer, donde no hay dinero, ni trabajo, ni educación, ni salud pública, ni ética en la politica, lo que es gravísimo. Donde ya ni los periódicos tienen papel para imprimir sus ediciones.

Al final se impusieron, del otro lado de la meza, todo lo que oímos decir con tanta perversidad, sin interés por nuestra gente, sin amor a los que sufren.

Y, desde luego, disentimos plenamente, como un ciudadano más: lo que escuchamos, con terror, cuando el señor Maduro cerró. Al escuchar, con paciencia aquella andanada, comprobamos lo que ya sabíamos: que aquello era tiempo perdido, que aquello no era un diálogo, ni mucho menos una concertación, en donde siempre cada una de las partes debe reununciar a parte de sus propuestas para que haya unanimidad. Vivimos el tiempo de las grandes concertaciones en el mundo, pero eso no lo piensa el señor Maduro y los que lo siguen, por eso hemos llegado donde estamos, recogiendo los sembrado. Pero fue peor, porque sus palabras, ya anunciadas reiteradamente desde hacía días, demostraban que no se sentaron allí a dialogar sino a imponer, y sobre todo a no otorgar nada. Sus palabras, lo decimos de todo corazón, para nosotros signficaron una incitación a que los venezolanos nos enfrentemos unos contra otros, como lo expresó el Gobernador de Lara, diáfanamente. La angustia que nos poseyó después de escuchar aquello fue muy grande.

En verdad, esa noche se dieron cita los dos modos de nuestra experiencia colectiva: la que ama al país y la que lo desamama. La que desea servirla y la que solo piensa servirse de ella. Ambas Venezuelas nos la hizo ver, claramente, el maestro Rómulo Gallegos cuando en su novela Canaima(1935) dijo que la primera estaba formda por nuestros padres fundadores, cuyos ideales estpan en pie en los verdaderos venezolanos. Estos tenían “conciencia de que estaban fundado un país y todo lo hacía con vistas al porvenir”. Los otros, como los chavistas de hoy, también los pintó el gran escritor al anotar, en la misma página de su novela: “Ahí, tiene la historia de Venezuela un toro bravo, tapaojeado y nariceado, conducido al matadero por un brurrito bellaco”.(Canaíma. Madrid: unesco,1996,p.19)..



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