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opinión

Y Maduro duerme feliz como un niño

8 marzo, 2014

Bueno. Yo me imagino que la periodista Christiane Amampour estaba preparada para entrevistar a Nicolás Maduro y por eso se “caló” la mentira sobre la estabilidad y paz, el respeto a la Constitución, el uso reiterado de adjetivos contra más de media Venezuela, las “relaciones excelentes” con Estados Unidos, la libertad de expresión, etc., etc.

opinan los foristas

La traducción de la entrevista estuvo a cargo del despacho “presidencial”, pero al final la Amanpour editó y salió lo que ella decidió, entre ello la salida que tiene que haber dejado en el ánimo de los televidentes del mundo que lo veía, la afirmación del “hijo putativo” del difunto que aseguró dormir “feliz como un niño”.

Mientras esta entrevista se realizaba, la información internacional sobre los hechos diarios desde el 12 de febrero, continuaban.

Fernando del Rincón y Patricia Janiot han demostrado el logro de un intenso trabajo investigativo confrontado por videos comprobados por sus equipos , y de norte a sur del mapa y de este a oeste, Venezuela ha sido foco de atención.

No puede ser de otra manera. Los sucesos sangrientos, los atropellos, los desaparecidos, heridos, secuestrados y muertos, los allanamientos, los destrozos, los desmanes de los colectivos violentos, las desgarradoras violaciones de Derechos Humanos en agresiones casi imposibles de recordar sin estremecerse a ancianos, mujres, niños, indetenibles, crueles, el abuso de las armas y maltratos, las torturas denunciadas por el Foro Penal que no ha descansado un segundo en este apoyo jurídico a las víctimas, en fin, esta Venezuela de terror que permite a Maduro “dormir feliz como un niño”. Son uno tras otro los videos, las fotos, las declaraciones que sustentan con veracidad los hechos de violencia, las figuras uniformadas, los grupos armados, los rostros de odio, los golpes con que maltratan a los detenidos o sacados de sus propios hogares, dicen claro de lo que vivimos.

Es esa perversidad, ese odio inculcado en esas fuerzas de terror que son los dueños de los garrotes, las manoplas, los perdigones, las tanquetas, las ballenas, los gases prohibidos, en fin, lo que vemos todos los días y que este régimen se niega a detener.

El cinismo del “cartel” de Miraflores alimenta el salvajismo; uno puede ver en los rostros y los ojos de los grupos armados y los guardias la venganza alimentada en el discurso oficial… Y Maduro, “durmiendo con un niño. Tranquilo”, en cadenas fastidiosas y burlonas, no soluciona lo imperativo y crucial: anaqueles vacios, cajas registradoras que sin papel, no funcionan , farmacias desoladas, colas eternas, ya se olvidaron de todo, la obsesión es este manejo delicuencial del poder armado, los secuestros exigen dólares para devolver muchachos, las redes se llenan de imágenes de golpes, maltratos, de motos con muchachas arrastradas, de ancianos, de adolescentes desaparecidos … y esa es, además de no encontrar ya alimentos ni medicinas ni repuestos de nada, la gran tragedia del venezolano: ¿a quién acude ante el grupo que destroza su puerta, que amenaza a su hija, que arrastra a su hijo, para que lo defienda?

Esa realidad tenebrosa, esta angustia ante el avasallamiento de nuestros derechos sin defensa, en esta soledad de justicia, de consideración humana. Y nuestros estudiantes allí, en esta desventaja canalla y cruel de un poder viciado, insensible y obsceno ante el cual Venezuela no puede dormir tranquila. ¡Ay, Nicolás!



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