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opinión

Mariano Picón Salas

23 marzo, 2014

Cierta vez en una conversación se me preguntó que era lo que yo creía más necesario de modificar en Venezuela para adapatarnos a las halagadoras esperanzas que brotaron en nuestro país después de la muerte de nuestro último y más empedernido dictador. Mucho más que para hacer una frase, contesté que necesitábamos cambiar era nuestra alma; concretamente aquella alma con que los venezolanos se oxidaron, renunciaron y prolongadamente se desengañaron, en el bochornoso sopor de la tiranía. Los que siquiera ojearon alguna vez un modesto volumen de Psicología colectiva saben que el ala de los pueblos, aunque influida por por imponderables factores étnicos o telúricos, no es precisamente una constante, y que su posibilidad de modificación, de actuar con nuevos estímulos para producir nuevas reacciones, es lo que diferencia el mundo del espíritu del más inexorable mundo de la Nauraleza. El violento reactivo de las circunstancias históricas impone al individuo o a los pueblos, maneras de proceder o de defenderse aparentemente insospechadas”.

opinan los foristas


Traigo hoy como invitado muy especial a esta columna a un venezolano excepcional, vigente, angustiosamente reclamante: Mariano Picón Salas.

Yo tengo a mano su “Comprensión de Venezuela”, preguntándome cada vez que acudo a él cómo no se ha reeditado otra vez desde que Monte Ávila lo hizo en 1976. Escritor, diplomático, ensayista, escribe sobre esta Venezuela saliendo de la tiranía gomezista, y tomo estos estractos en su capítulo dedicado a la juventud.

Muy amigo de mi padre, Alejandro Oropeza Castillo, nos peleábamos mi hermana y yo por atender el desayuno que casi siempre reunián a Luis Beltran Prieto, Picón Salas, Miguel Otero Silva… Uno no podía, ni siquiera levitando en la adolescencia, ignorar lo que esos hombres significaban. Y cuando aparecía Andres Eloy, entonces ¡era una fiesta!

Por eso tengo a mano siempre lo que entonces recibí. Despues de una dictadura como la de Gómez, se abrían las puertas de la esperanza. Y las abríann los jóvenes estudiantes que habían sufrido atrocidades, cárceles inhumanas, torturas y muertes. Como lo estamos sufriendo hoy en nuestra juventud que nos ha obligado a reaccionar…

La esencia de toda conducta humana no consiste en renunciar, en cerrar los ojos ante el torrente de las cosas, sino en conducirlas y dominarlas. Todavía se escucha “no hay que meterse”. Meterse dentro del Pais, en la más encendida entraña de sus necesidades y de sus problemas, es y tiene que ser una obligación irrenunciable de la juventud venezolana

Eso es lo que ha despertado el alma agobiada de Venezuela.

Que nuestra juventud, ésa que vemos asfixiada por gases prohibidos, sangrando, muriendo por disparos en la frente, torturada, madres corajudas alzando a los hijos heridos o enterándolos, esa Venezuela hoy en manos de asesinos pagados, sufriendo una historia de terror, es la misma que Picón Salas reseña y en la que confía:

La Historia es lucha, choque de fuerzas y necesaria pugna de ideas. Donde eso no reina, donde todos están conformes, apenas prospera la calma letal del pantano”.

¡Fuerza, Venezuela!



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