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opinión

Los mal-nacidos

30 marzo, 2014

Muchos de ellos, por complacer a tiranos,…están traicionando y derramando la sangre de sus hermanos, exclamaba Emiliano Zapata.

opinan los foristas

Deshonran el juramento constitucional de servirle a la Patria, atentan gravemente contra la seguridad nacional y se encuentran al servicio de un gobierno extranjero. Son dignos de desprecio.

Son seres perversos, personifican la mentira, el odio, el cinismo y la burla.
Se encuentran gobernando a Venezuela, los esperan los tribunales de la Haya y probablemente, más tarde… el Infierno. No queremos avanzar juicios temerarios, pero todo da entender que será así, siguiendo los pasos de Judas de quien Jesús dijo: “Más le valía no haber nacido” (Mc 14,21).Han convertido nuestro país en un caos social, político y económico, son culpables de violaciones a los derechos humanos y han causado muerte y desolación.

El país petrolero con más reservas del mundo, se encuentra en manos del hampa, arruinado, endeudado, sin comida, sin medicinas, en manos traicioneras que han entregado la conducción del país a los hermanos Castro.

Todo comenzó con el ogro, el que llegó para apoderarse de todo y que según ellos sigue vivo. Quizás dentro de las mentes enfermas e incapaces, que se han convertido en el terror de los ciudadanos, de los estudiantes y de las madres venezolanas.

El ogro como en los cuentos infantiles era un ser de aspecto rudimentario, fornido, de cabello hirsuto y abundante vello corporal. No muy inteligente prefería utilizar la fuerza bruta, su característica más temida era su apetito voraz por los seres humano. En sentido figurado puede concebirse que los seres humanos les importa poco, los puede eliminar si se convierten en un obstáculo.

Antes de desaparecer nombró a su heredero, quien tiene la talla de un duende, una criatura malvada, malhumorada, grotescamente desfigurada. Como todo duende puede variar en altura, desde la de un enano a la de un humano.

En el poco tiempo de su gobierno autoritario, terminó por mostrar su verdadera naturaleza, lanzó sus huestes motorizadas, como los Hunos, para oprimir con las balas, aspirando que no creciera más hierba o barricadas donde pisaran.

Al terminar la labor de su predecesor nos convirtió en un país sin soberanía, dependiente de las divisas extranjeras para importar los alimentos, sin reservas financieras, desintegrado, hipotecado a la China y con su empresa petrolera en ruinas.

Un balance que nos coloca en los últimos puestos, con los que se mide el desarrollo de un país.

De ser un país que se colocaba a las puertas del desarrollo, pasamos a ser un país de eructos, gritos, insultos, burla y ordinariez. Donde la corrupción es la manera oficial de actuar, donde se promueve el robo de la propiedad privada y se pretende prohibir pensar diferente.

Los malnacidos no conocen la vergüenza, ostentan con descaro los beneficios de haber sido corruptos, colocan sus familias en puestos “donde hay”. Son cínicos y se jactan de violar las leyes a su antojo.

Imponen su voluntad aun en contra de los derechos humanos y aspiran imponerse por la fuerza. Sus héroes son de la misma calaña: Chávez, el Che Guevara, “el hermano” Sadam, Marulanda, el terrorista Carlos o Lina Ron.

Los indeseables cuentan con las armas y en este momento se encuentran matando pueblo, persiguiendo estudiantes, violando, torturando y privando de libertad de manera ilegal a los que se les oponen.

Juntos y revueltos, militares y mercenarios civiles disparan a la cabeza para que no quede duda de su profesionalidad, aspiran crear temor y paralizar la indignación de toda una nación.

Hoy matan, torturan y encarcelan venezolanos, no son otra cosa que criminales y asesinos al servicio de un proyecto extranjero, olvidan que sus delitos no prescriben.

Algunos fueron gatillos alegres o encapuchados en sus años de universitarios, otros penetraron las fuerzas armadas con el ánimo de dar un golpe, hubo quien aspiraba desde los sindicatos, paralizar el transporte.

El diablo los junto para repetir en Venezuela, el horror creado en Cuba por Fidel y Raúl.

En el pasado otros mal-nacidos de la misma especie han atropellado sus pueblos: Stalin en la Unión Soviética, bajo su régimen ha sido imposible calcular el número de muertos, la mayoría coincide en que sobrepaso los 60 millones de seres humanos.

Adolfo Hitler solamente con el holocausto nazi aniquiló seis millones de judíos, sin contar el número de víctimas consecuencia de la guerra que desencadenó.

El comunismo de Mao en China ocasionó unos 10 millones de víctimas directas, incluidos 800 mil tibetanos. Además, decenas de millones de los llamados contrarrevolucionarios, pasaron un largo período de su vida recluidos en cárceles y tal vez 20 millones murieron presos. El genocidio social y étnico en China se calcula en unos 60 millones de muertos.

Pol Pot, el nombre con el que el principal líder de los Jemeres Rojos de Camboya se bautizó, creó centros de reclusión con el fin de “buscar al enemigo oculto” dentro del Partido y continuar su política de exterminio de todo aquello que consideraba atentatorio a su “revolución”.

Osama Bin Laden con su red terrorista conocida como al Qaeda, “los hermanos” Sadam y Gadafi, que terminaron cazados como ratas, también cumplieron sus cuotas de asesinatos.

Una mención especial merece Benito Mussolini en Italia, su “Milicia Voluntaria para la Seguridad Nacional” fue un cuerpo paramilitar de la Italia fascista. Debido al color de su uniforme, sus miembros fueron conocidos como camisas “rojas”… perdón por el lapsus, “negras”, eran las escuadras que utilizaba el régimen para perseguir opositores.

La lista es extensa, Pinochet, Franco, Kim Jong Il, Idi Amín Dada, Videla, Bokassa, Mugabe, Ceaucescu, todos se ganaron bien el calificativo de mal-nacidos. Sembraron odio y cosecharon tempestades. Muchos pagaron en vida, otros después de muertos.

Existen almas buenas y otros santos que nos hablan de su experiencia de haber visto el infierno. La venerable Ana Catalina Emmerick decía es “un país de infinitos tormentos, un mundo horrible y tenebroso”. Muchas veces, cuando ella iba al cementerio a orar por las almas…“Veía salir como un vaho negro que me estremecía de algunos sepulcros. En estos casos, la idea viva de la santísima justicia de Dios era para mí como un ángel que me libraba de lo que había de espantoso en tales sepulcros”.

Lucía de Fátima cuenta en sus “Memorias” la visión del infierno “Vimos como un mar de fuego y sumergidos en este fuego los demonios y las almas, entre gritos y gemidos de pavor.

Lo peor de todo es que el infierno es eterno, un infierno que los seres humanos malos se fabrican según la medida del odio y la maldad que los habita.

Ex Cónsul de Venezuela en París

Presidente de Venezuela-Futura, Francia

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