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opinión

Maureen Gubbins Vásquez

¡Venezuela digna y gloriosa!

27 febrero, 2014

Nací en Chile, donde todo es organizado y pulcro. Llegué a Venezuela por cosas del destino en 1976 y me fascinó. Me dije a mi misma: esto es lo mío. Me sentí bien desde el principio; cómoda, como si hubiese nacido aquí. Todo me gustaba.

opinan los foristas

Conseguí empleo enseguida. Algo no me agradaba en el trabajo, simple y llanamente renunciaba y al día siguiente tenía uno mejor. Así pasé a lo largo de los años de secretaria ejecutiva bilingüe, a vendedora de vehículos, a modelo y actriz, a ejecutiva de relaciones públicas de una importante editorial, a gerente general, a tener mi propia inmobiliaria, a escritora. ¡En este país lograbas lo que te proponías!

Venezuela dio para todo: como lo puedo asegurar. Menos ahora. Ahora todo es al revés. Todo cuesta un mundo. No se consigue nada, para qué “llover sobre mojado”. Existe odio en el país. Tú eres “rojo-rojito” y yo soy “amarillo, azul y blanco”.

¿Qué significa eso? ¿Cuándo en la vida los venezolanos fuimos así? Digo fuimos, porque aunque no nací en esta tierra la adopté y me adoptó desde que nos conocimos. Nos identificamos de tal forma que dudo mucho, algo pudiera ser tan perfecto.

Es más, en enero de 1995 emigré a mi país de origen. Lo quería conocer de adulta. Vivirlo, estar entre la gente que me vio nacer. Me sentí extraña. No pertenecía. No conocía la idiosincrasia. Me asustaba cuando por una pequeña falta me señalaban con el dedo. Pensaba: “En Venezuela son más condescendientes”. No me sentía cómoda. No estaba acostumbrada a tanto orden. No es que me pareciera mal, es que simple y llanamente, me hacía falta mi Venezuela querida.

Regresé a los dos años y medio. Me encantó. Me volví a enamorar. ¡Qué maravilla! Su gente, su simplicidad, su complicidad, su astucia, su simpatía, su no sé qué, su todo. Me dije a mi misma: eres venezolana de corazón y aquí te quedas. No inventes más.

Aquí estoy, en las buenas y en las malas. Volví en 1997. Al poco tiempo comenzó el Socialismo de Chávez. Al principio muy suavecito, todo olía a democracia con amor a los pobres. Poco a poco se fue convirtiendo en una lucha de clases, en un odio los unos contra los otros. “El rico odia al pobre” y el pobre terminó creyendo que así era, pensando que sólo Chávez lo salvaría de tal fatalidad…

… pero recordando que sólo Dios sabe hasta cuánto viviremos, llegó el final de Chávez y dejó al pueblo acéfalo de un líder que les prometió “el oro y el moro” mientras el país se caía a pedazos.

Chávez designó a Maduro como su sucesor. Ahora es Presidente. El hambre en Venezuela es terrible. Las multinacionales que antes nos empleaban se fueron a Colombia, entre otros países. Expropiaron gran cantidad de empresas y fincas que producían lo esencial para el consumo diario del venezolano, llevándolas a la quiebra. El pueblo tiene hambre y sed.

Los estudiantes se alzaron llenos de rabia por tanta injusticia. Llenos de impotencia y rebeldía por no poder vivir dignamente. Como yo viví, como ustedes vivieron su juventud. ¿Es justo que nos entreguemos a países extranjeros que sólo quieren nuestro petróleo, mientras los venezolanos nos morimos de hambre? ¿Es digno de nosotros que nos dejemos invadir, no por los “gringos” como el gobierno despotrica, sino por los comunistas para convertirnos en sus esclavos?

¿Este es el país que nos merecemos, o el que le conviene al gobierno para someternos, para no dejarnos pensar?

¡No señores, no creo que esta sea la Venezuela digna y gloriosa que Bolívar soñó!

@maureengubbins



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