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opinión

Nelson Ramírez Torres

FANB debe pronunciarse sobre nacionalidad de Maduro

28 febrero, 2014

El país se encabronó de tal forma que es imperativo buscar una solución y quizá la mejor − pensando imparcial y desapasionadamente− es prescindir de Nicolás Maduro en la presidencia de la República. La vía es sencilla porque se trata de un mandato de la Constitución: El Presidente de la República debe ser venezolano y no lo es.

opinan los foristas

La nación está mal y empeorará. No es dable esperar las elecciones presidenciales de diciembre de 2019 para cambiar el rumbo. Si el Gobierno no quiere ver que la oposición es mayoría, por lo menos debe ver que es la mitad, para que sumado a los hechos sangrientos que estamos viviendo quepa la idea de pensar en soluciones para encaminar al país.

No se trata de los llamados al golpe, sino de poner los pies en la tierra, sopesar los hechos y sus fundamentos, siempre con la premisa de que Venezuela no puede continuar como está y que es imperativo cambiar a toda velocidad su rumbo de explosión.

La columna vertebral de Venezuela siempre ha sido su Fuerza Armada. Basta tal premisa para reafirmar su misión de salvadora de la patria a través de sus opiniones ajustadas a la Constitución. No es concebible una Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB) muda, indiferente a lo que estamos viviendo, pues le corresponde garantizar la independencia y soberanía de la nación, y la defensa nacional incluye garantizar la libertad de la República y de sus ciudadanos, así como la estabilidad de las instituciones democráticas. El mandato de “cooperación en el mantenimiento del orden interno” abarca detectar las causas del desorden y cooperar en la búsqueda de las soluciones.

La FANB sustenta su estructura en una estricta jerarquización que conforma una pirámide con una cadena de mando, con inclusión del Comandante en Jefe. El pilar de la obediencia y subordinación de la FANB no la obliga a tener un Comandante en Jefe extranjero (Maduro no es nacional ni ciudadano), sino, por el contrario, es imperativo categórico asegurar el cumplimiento de la Constitución, cuyo acatamiento estará siempre por encima de cualquier otro deber.

Con la fuerza de la verdad acerca de la condición de extranjero de Maduro, la oposición y el Psuv deben coincidir en tal apotegma. ¿O es que dejamos de ser venezolanos? El miedo de éste para prescindir de Maduro nace de dos fuentes: una, la de quienes piensan que removerlo los debilitaría interna y externamente frente a la oposición e internacionalmente; otra, el temor a las represalias cubanas y a ser catalogado de traidor a la revolución, cuyos códigos − dicen − están por encima de la Constitución de Venezuela.

Las divergencias de la oposición surgieron porque existe un lado que no quiere convivir con el gobierno de Maduro, que no admite que la MUD sea complaciente o insignificante ante los desmanes del Consejo Nacional Electoral, y que no considera “irrelevante” la nacionalidad del jefe del Poder Ejecutivo.

Es ineludible buscar una solución ajustada a la Constitución, destinada a cambiar al Presidente de la República, no al gobierno o al régimen, pues no se trata de “tirar una parada”, ni de “salir como sea”, sino de buscar la salida constitucional − de fácil ejecución para todos, Gobierno, Psuv, FANB y oposición − por estar afectados los venezolanos y particularmente la FANB.

No se trata, pues, de aventuras golpistas ni de plan conectado con el pasado 12 de febrero, ni con los hechos de abril de 2002, sino que se persigue, en primer lugar, que la FAN sea consciente de que su Comandante en Jefe no es venezolano, y que tal realidad no permite convalidaciones ni soslayos o premeditadas indiferencias que a todas luces rayan en la traición a la patria.

La tesis chavista de que el país no puede volver al pasado no es pertinente, porque Venezuela cambió, al punto de que si algo tiene claro el pueblo es que la sociedad civil no quiere el pasado ni el atroz presente. Ya no se trata de partidos o ideologías, sino de que no queremos inseguridad, inflación, desabastecimiento ni injerencia extranjera. La sociedad civil pasó por encima de los partidos e ideologías, y no tiene nada que ver con el pasado punto fijista, ni con el Psuv ni con la MUD. El movimiento popular se fortaleció, el poder social se expandió y los problemas del país exigen una dinámica distinta.

Si los Poderes actuales se consideran democráticos y constitucionales ¿Por qué no se pronuncian sobre la nacionalidad de Maduro? ¿Por qué el Tribunal Supremo de Justicia y la FANB mantienen silencio? En ninguna parte del mundo ocurriría esto. ¿Existe acaso hoy mayor violación a la Constitución que permitir que un extranjero sea presidente de la Republica?

Por cuanto fue intencional la omisión del Tribunal Supremo de Justicia sobre la nacionalidad del señor Maduro; y en virtud de que al Presidente de la República corresponde el uso del uniforme e insignias de Comandante en Jefe de la FANB, cuyo uso pretende Maduro, es imperioso que la institución militar, con la base legal (Ley Orgánica de Identificación) de que Maduro no tiene partida de nacimiento venezolana − porque no nació en Venezuela − y de que, por lo tanto, no podía obtener la cédula de identidad venezolana Nº 5. 892.464, en síntesis, que Maduro no es venezolano, haga pública su convicción de que la comanda un extranjero.

El Tribunal Supremo de Justicia debe decretar la destitución de Maduro, encargar al Vicepresidente Ejecutivo de la Presidencia de la República (porque la falta absoluta se produce dentro de los primeros cuatro años del período) para que convoque la nueva elección presidencial como lo pauta el artículo 233 de la Constitución.

@NRamirezTorres



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