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opinión

Pedro Lastra

Petkoff y la trascendencia de la intrascendencia

9 octubre, 2013

Nada de lo que viene sucediendo en Venezuela desde que se viniera abajo el tinglado que diera vida a Punto Fijo, algo que debemos datar por lo menos a comienzos de los años 80 y en particular desde el viernes 23 de febrero, día del aciago Viernes Negro, es natural. No fue natural la devaluación del Bolívar, no fue natural la política – o falta de política – económica con que Herrera Campins respondiera a esa crisis, no fue natural que Lusinchi se farreara todas las reservas internacionales para terminar su período con una aberrante popularidad ni muchísimo menos fue natural el levantamiento motinesco del 27 de febrero del 89. No hablemos del 4 de febrero de 1992 que el protector y mecenas político de Teodoro Petkoff, el doctor Rafael Caldera considerara la cosa más natural del mundo. Como para que nadie estuviera dispuesto a salir en defensa de una democracia hambreadora, que fue lo que vino a decir, palabras más, palabras menos el único venezolano que solía dialogar con Dios.

opinan los foristas

De allí que al cabo de veinte años resulte absolutamente natural que la presidencia de la República la ocupe un cucuteño. Es decir: que se viole sistemáticamente la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela. Como es natural que se violen a diario todos sus preceptos para mantener con vida una quisicosa llamada socialismos del Siglo XXI. Como es natural que se haya prostituido todo concepto de soberanía, se le haya regalado la república a los hermanos Castro, y se requiera rendirle pleitesía a un funcionario cubano para recibir una cédula de identidad o un pasaporte.

Que aberraciones de tamaño jaez se hayan convertido en expedientes naturales se debe, en gran medida, a quienes consideran que entre la realidad y la Constitución, lo real y la norma, el ser y el deber ser vale un millón de veces más la realidad que el ordenamiento jurídico. Por ejemplo: si en Venezuela vivían millones de colombianos, dominicanos, ecuatorianos, haitianos indocumentados a los que el gobierno, violando todas las normas, decidía nacionalizar de una plumada, dotarlos de cédulas con la celeridad del rayo e inscribirlos en el REP para inflar exponencialmente la cantidad de votantes, todo lo cual bajo el compromiso de engrosar la clientela electoral de los propietarios del registro, pues eso era de lo más natural.

Me lo dijo un conspicuo miembro de las huestes teodoristas en tiempos de la Coordinadora Democrática: “si viven en Venezuela tienen todo el derecho del mundo a votar, coño, déjate de pendejadas formalistas” me dijo un ex diputado del MAS y personaje muy cercano al cogollo de la macolla teodorista. Un hecho tan natural como ir postergando día a día y mes a mes la realización del Referéndum Revocatorio, exigir firmas planas y darle tiempo al tiempo para que se fueran decantando las fuerzas enfrentadas. Era lo más natural, en la visión de esta extraña cofradía de marxistas leninistas en busca de una revolución imposible, pues bien vistas las cosas, en un país con mayoría de pobres, nosotros los pudientes seríamos minoría per secula seculorum. Era lógico y natural: lo más natural del mundo.

De modo que oír, 14 años después del asalto al poder por parte del castro comunismo de la manera más natural, vale decir mediante elecciones, infladas a los coñazos, que importa un rábano que Nicolás Maduro haya o no haya nacido en Venezuela, porque para Teodoro Petkoff es venezolano, y punto. Es la dialéctica de la razón según Teodoro: si no te gusta, te la calas. Porque la vaina es como es.

Por cierto, me resulta inolvidable recordar a Teodoro Petkoff, echado sobre una silla, sus pies sobre la mesa del pequeño salón en que nos reuníamos la Comisión Asesora de la Coordinadora Democrática, reclamar airado contra quienes mencionábamos el riego de ver imponerse en Venezuela lo que Petkoff llamaba “esa estupidez del castrocomunismo, una patraña de la godarria”. Yo no sé si después de ver a nuestras Fuerzas Armadas comandadas por altos oficiales cubanos, a la DIEX en manos de funcionarios cubanos, a Chávez muriéndose en brazo de médicos cubanos y al Estado venezolano sometido a la tuición directa del castrocomunismo cubano habrá cambiado en algo el pensamiento de Teodoro Petkoff.

A juzgar por el olímpico desprecio a las disposiciones constitucionales, que alguien que lleva años viviendo en Venezuela tiene, según Petkoff, el pleno derecho a pasarse por el forro, es perfectamente dudoso que algo haya cambiado en ese amplio espectro de militancia política, hegemonía comunicacional y pensamiento jus naturalista, que sigue las huellas de nuestro apodíctico comunicador. Si a Petkoff le parece una pendejada cuestionar la legitimidad constitucional del Sr. Maduro, sobrarán los fablistanes, comentaristas de radio y escritores de telenovelas a los que les parecerá asimismo un ex abrupto exigirle a Maduro su partida de nacimiento. Porque a la larga y a la corta, si a Petkoff le parece natural nacer en Cúcuta y presidir Venezuela, le parecerá lo más natural del mundo que las Farc terminen por asaltar el poder, instalarse en el Palacio Nariño y apoderarse de Colombia.

Y luego reclaman indignados si se les acusa de quinta columnas. ¿No lo son?

La respuesta es suya.

@pedrolastra



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