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opinión

Felicidad por decreto

31 octubre, 2013

Que el nuevo Viceministerio para la “Suprema Felicidad” es una mamadera de gallo, lo sabe hasta el pueblo chavista. El vigente gobierno “obrerista” y de los “humillados de la tierra” está raspado en eso que pudiéramos llamar “sensibilidad social”. La ostentación de riquezas súbitas y mal habidas alrededor de las huestes gubernamentales es signo de la decadencia de un régimen sin posibilidades de remisión. Y ese mal ejemplo ha desmoralizado hasta el más creyente de la “revolución bonita” y sino que le pregunten al inventor del engendro, por lo menos en sus siglas: Heinz Dieterich. (http://www.aporrea.org/ideologia/a175119.html)

opinan los foristas

“El camino al infierno está empedrado con buenas intenciones” y la aspiración por vivir en un mundo mejor se tropieza con nuestra picaresca caribeña, que no es otra, que la indisciplina social de más rancio abolengo, en una sola palabra: improvisación. Y luego, ese empeño mundano nuestro de salvar al mundo a través de proclamas vacías e irresponsables que nos convierten en el hazmerreir de la gente y los países serios. Aunque ya sabemos, que si el Padre Bolívar fue capaz de irrumpir contra lo imposible con aquello de: “Si la naturaleza se opone, lucharemos contra ella y haremos que nos obedezca”, porque no seguir entonces su temerario ejemplo.

Los hijos de Bolívar hoy están más perdidos que “el hijo de Lindbergh”. El llamado “gigante” les dejó tremendo aprieto y ni idea tienen de que como salir del embrollo. Todo apunta a un auto suicidio sin heroicidad. Cuando todos sabemos por elemental sentido común, que si de veras se cree en el bienestar de los venezolanos, sin distingos de ningún tipo, esto es posible conseguirlo a través de un Gobierno de base ancha: plural y generoso, dialogante e inteligente, y luego, ejecutorias consistentes y eficientes, en suma, imponer la meritocracia. Aunque ya sabemos que para con el “enemigo”: NADA, y todo ello, de acuerdo a las cándidas lecciones del caudillo de Sabaneta.

Ojalá éste fuese un gobierno socialista sin cortapisas, o hasta cristiano al estilo del nuevo Papa Francisco, en donde los pobres fuesen tratados con dignidad y respeto, y no ésta pantallería de rencorosos tira piedras, dedicados a subvertir la vida empobreciéndola tanto en su vertiente material como espiritual.

“Aleja de mi la mentira y la palabra engañosa, no me des pobreza ni riqueza, déjame gustar mi bocado de pan”. (Prov. 30, 8 ) El fracaso de estos últimos quince años tiene que ver mucho con la insinceridad de un proyecto en apariencia emancipador pero que en la práctica se ha quedado en el ámbito de la excusa y la mediocridad más pasmosa. Los pobres de Venezuela, los cuáles son muchos, no entienden como se degusta eso de ser feliz por decreto.

El Dr. Ángel Lombardi Boscán es Director del Centro de Estudios Históricos de LUZ



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