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opinión

Maureen Gubbins Vásquez

El comercio con los enfermos de cáncer

25 octubre, 2013

En el año 2003 le diagnosticaron cáncer de pulmón. En el 2004, luego de seis meses de quimio y radioterapia, oración, sicóloga, nutricionista, homeopatía y amor, la enfermedad hizo remisión. ¡Qué felicidad tan grande para toda la familia! Ese mismo año nos casamos rodeados de apenas treinta personas, a orillas del mar, con una llovizna que nos acarició el alma; con una alegría que nacía del fondo de nuestro ser.

opinan los foristas

Durante los años siguientes, le aconsejaron continuar un estilo de vida lo más saludable y plácido posible; basados en la opinión de que todo lo que produce “stress”, puede provocar que las células malignas se reproduzcan.

Trabajaba incansablemente. Había tenido una situación económica excelente. Luego de perderlo todo y estar al borde de la muerte, sentía que debía recuperar “su vida”.

Transcurridos cinco años, empezó nuevamente el calvario. Primero una neumonía. En vista de que no encontraban la causa, luego de costosos análisis, le recomendaron un escaneo de cuerpo completo para detectar células malignas. Diagnóstico: cáncer de pulmón con metástasis ósea. Pasó la Navidad del año 2009 haciéndose radioterapia en la columna.

Comenzaron los ciclos de quimioterapia. Cada vez que terminaba un ciclo se descomponía, le bajaba la tensión hasta casi desmayarse y vomitaba. Para palear el malestar le daban más medicamentos. Adelgazaba abruptamente. Miraba con ojos perdidos y amarillentos, la tez lúgubre, un caminar lento y encorvado, deseos de dormir constantemente. El dinero se nos iba de las manos y no mejoraba.

Mientras haya vida hay esperanza, me decía a mi misma pidiéndole a Dios un milagro. El médico repetía: “Que haga lo que quiera. No tiene limitaciones.” Lo llevaba a la playa con la intención de darle ánimos para que sanara, complaciéndolo en lo posible.

En enero del año 2010 la compañía de seguros que usaba desde hacía veinte años, le renovó la póliza por el mismo monto del año anterior, Bs.100.000. Conocían su diagnóstico. Como yo estaba sana, me la renovaron por Bs.200.000 (el comercio con la salud). Entre la quimioterapia, los remedios y las consultas, su cobertura de salud se agotó en seis meses.

Al concluir todos los ciclos de quimioterapia, le hicieron otro “CT PET” para detectar células malignas, resultando que tenía dos tumores más en los huesos: cinco en total.

El Oncólogo nos aconsejó continuar con más quimioterapia, lo cual me pareció insólito. Mi marido estaba peor que cuando comenzó el tratamiento, al borde de la muerte, quebrado económicamente ¿y el oncólogo aconsejaba seguir inyectándole drogas que deterioran incluso las células buenas?

Observándolo en tal estado le pregunté: ¿Quieres seguir con la quimioterapia? “La verdad es que me siento peor cuando me ponen la quimio”, respondió.

Cada vez que lo internaba le hacían examen tras examen, como si no supieran lo que tenía. Millones de bolívares en gastos clínicos para justificar que el paciente estaba allí. Finalmente, en agosto del año 2010 falleció.

¿A qué juegan los médicos, las clínicas y las compañías de seguro con los enfermos de cáncer y sus familiares? He visto morir a tantos amigos, luego de costosos tratamientos.

Con esta experiencia, confirmé que la medicina es un comercio más a costa del sufrimiento de familias enteras. El juramento médico pareciera una falacia intencional.

La deshumanización que observamos en diferentes ámbitos, nos obliga a meditar. ¿Tenemos cura como sociedad?

@maureengubbins



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