end header begin content

General, opinión

Maureen Gubbins Vásquez

Decir “no hay”, ¿es sabotaje?

2 octubre, 2013

Cuando vivía en Buenos Aires, durante el segundo gobierno Peronista (1972-1976) acababa de nacer mi hija mayor y necesitaba alimentarla con leche “S-26”, también necesitaba azúcar. Para conseguir estos alimentos indispensables para mi bebé, tenía que acudir a un abasto que los vendía al doble de su valor.

opinan los foristas

En esa época, Venezuela era el sueño de todo latinoamericano. En 1976 me mudé con mi familia a Caracas. Recuerdo que veía el “CADA” del Parque Central, con admiración: había de todo. Qué increíble. Estábamos fascinados de poder sentir la libertad de comprar lo que quisiéramos. ¡Venezuela era tan moderna en comparación a la Argentina!

Subiendo del aeropuerto hacia Caracas, me preguntaron qué me parecían las casitas que se veían en el cerro a lo largo de la autopista. Yo estaba tan contenta de dejar aquél país de escasez que ayudada por mi miopía respondí: “¡qué lindas, parecen casitas de muñecas pintadas de colores!”. Esos “ranchos” denigrados por la sociedad, me parecieron hermosos. Cualquier cosa era mejor que la angustia de no encontrar comida y la agresividad de los bonaerenses por la mala política implementada en su país.

Corría el primer gobierno de Carlos Andrés Pérez. Recuerdo que se sentía el progreso. Las autopistas (las mismas de hoy en día) me parecían modernísimas. El C.C.C.T. era espectacular.

Llevo treinta y siete años en este país del cual me enamoré desde el primer día y no he observado progreso social. Todo está peor, incluyendo los “ranchos” que llegan hasta el borde de la Autopista Prados del Este, así como de la Caracas-La Guaira y la Francisco Fajardo a la altura de Petare. Lejos de progresar, hemos empeorado.

En cuanto a seguridad, recuerdo que cuando llegué a Venezuela no tenía carro, así que esperaba el autobús a las cinco y media de la mañana para ir a trabajar. Guindada de las manillas del techo, oía sonar “El periódico de ayer” mientras la gente sonriente se movía al compás de la salsa de moda. No se nos ocurría que alguien podía asaltarnos y quitarnos nuestras pocas pertenencias.

Hace años que no subo a un autobús, que no camino por Caracas debido a la inseguridad y que me encierro en mi vehículo cuando debo rodar por estas calles. No sé si es que estoy paranoica, o si es que el mecanismo de autodefensa lo manejo muy bien.

En el supermercado no consigo las marcas que mi familia consume. Cuando llega el papel sanitario, toallín, servilletas, harina pan, pollo, azúcar, las colas son interminables. Se venden 4 harina pan, 2 toallines, 1 paquete de papel sanitario, 2 pollos y 2 kg. de azúcar por persona.

“No hay” y no es sabotaje, como quiere justificar el gobierno. Nos quedamos sin luz y no es por la tormenta del “Niño” como decía Chávez, es porque hay alguien que no está capacitado para el trabajo que le encomendaron hacer y por el cual cobra un “realero”.

¿Qué pasa con el socialismo que nos prometieron sería una maravilla? ¿Cómo es posible que sigan ganando elecciones cuando ni siquiera las personas de menores recursos están conformes con lo que está pasando porque no les alcanza para subsistir?

Los empleados están desmotivados. Cobran, trabajan menos horas, pero no les alcanza ni para salir a tomarse un “raspado de kolita”.

¿Por qué el gobierno nos quiere callar amenazándonos constantemente? ¿Es que acaso no podemos decir la verdad?

¡Si el Gobierno quiere escuchar que no hay escasez, preocúpese del pueblo, porque la realidad es que estamos pasando trabajo “qué jode”!

@maureengubbins



Etiquetas:

Canal Noticiero Digital

Twitter Auto Publish Powered By : XYZScripts.com