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opinión

Conectando Venezuela a la democracia nacional, regional y municipal

31 octubre, 2013

Desde 1959, el país comenzó a conectarse con puertos, aeropuertos, telecomunicaciones, y carreteras tan variadas como Valera-Motatán, Valera-La Puerta, El Junkito-Leprocomio, Tocópero-Cumarebo, Morón-Coro, Mérida-Panamericana, Coche-Valles del Tuy-Tejerías, Valencia-Puerto Cabello, Catia-San Martín, Túnel La Planicie, enlace Este-Oeste del Valle, el Puente sobre el Lago de Maracaibo, El Guapo-Barcelona, Carora-Lagunillas, Coro-Palmarejo, Valencia-Tocuyito-Chivacoa, Morón-Coro, Valle de la Pascua-Pariaguán, Barinas-Pedraza-La Pedrera, San Juan de Payara-Puerto Páez-Puerto Ayacucho, Tabasca-Tucupita, Las Mercedes-Cabruta, El Baúl-Arismendi-Apurito, Cumaná-Cariaco-Casanay, Orope-Encontrados-Machiques…

opinan los foristas

En 1960-1961 el presupuesto con fines educacionales fue de 800 millones de bolívares, la más alta cifra en la historia presupuestaria de Venezuela y América Latina. No se trataba de batir records. La creación de la Universidad de Oriente, por ejemplo, se fundamentaba en estrategias de desarrollo integral: la mitad de los pocos e insuficientes profesionales de Venezuela –médicos, ingenieros, arquitectos, farmacéuticos, dentistas- estaba en el Distrito Federal, prestando servicios apenas a un séptimo de la población, mientras 6 millones de provincianos reclamaban médicos, ingenieros agrónomos, veterinarios. Las Universidades, como la de Oriente, que se multiplicarían por el país, sembradas en el corazón provinciano de Venezuela, permitirían que quienes ahí se formen, ahí se queden. Otra cosa: los estudiantes debían venir de todas las capas sociales, ya que en democracia la única aristocracia aceptable es la del esfuerzo tesonero, laborioso y creador.

Así fue que ahora podían estudiar ingeniería eléctrica y metalúrgica los hijos de obreros de Matanzas, medicina los hijos de los pescadores de la costa del Golfo, agronomía los hijos de los peones de los hatos ganaderos de Monagas, y hasta ser militares-beisbolistas los hijos de maestros de Sabaneta, todos gratuitamente. Se buscaba también que estudiaran al margen del tráfago politiquero, pensando en Venezuela, sin facultades enteras controladas por totalitarismos minoritarios extranjeros, como señalaba el maestro Rómulo Gallegos: lo mejor del esfuerzo del estudiante debe orientarlo hacia el estudio, hacia la adquisición de conocimientos, hoy muy difíciles de adquirir, porque la ciencia es cada vez más compleja y porque el país estaba creciendo de una forma tal y tenía perspectivas tales de desarrollo que como un reto se nos presentaba la formación de legiones de técnicos que el país exigía a gritos. (En el transcurso de los próximos 40 años se construirían 4.500 edificaciones docentes, 25 universidades y más de 120 planteles Tecnológicos y Politécnicos.)

Fue con técnicos y mano de obra venezolana que se construyó e inauguró el Acueducto Submarino de Margarita el 30 de mayo de 1960. Margarita y Coche fueron dotadas de agua potable y cloacas, de acuerdo con el decreto de Gallegos en 1948 (paralizado por la dictadura). Llegó el agua a Nueva Esparta, qué noticia. Otra cosa más invisible aun es que también llegó el tratamiento de aguas negras para utilizarlas en riego, junto a inversiones agrícolas, la primera Cooperativa Pesquera, unidades automotoras refrigeradas, la Escuela de Pesca de la Universidad de Oriente, el Instituto de Investigaciones Oceanográficas y Pesqueras de La Salle, cuarenta escuelas, un liceo, cinco centros asistenciales, créditos para los artesanos de la isla, la ampliación del aeropuerto de Porlamar, la terminación de los muelles de Pampatar, la ansiada carretera San Juan-Los Bagres, y la de Punta de Piedras-La Arestinga, y el turismo que venía creciendo gracias a que el país se conectaba por todos lados. Una manera de conectarse que, políticamente, surgía del Gobierno de Coalición.

De la misma manera, el Estado Carabobo despertaba al desarrollo de una economía propia y estable vinculada al avance industrial. En Valencia crecían las industrias aceleradamente, con préstamos del Gobierno y la estratégica instalación de la Planta Hidroeléctrica de Puerto Cabello, con la Escuela Técnica de Valencia, la construcción del Dique Seco de Puerto Cabello, la Escuela Politécnica, y universidades politécnicas…y todo lo que ya hemos visto que comenzó a suceder a escala nacional y por sectores sociales como la educación, las obras sanitario-asistenciales, la agricultura, viviendas, obras comunales, vialidad y de todo menos un Estado “inmovilista” y “sin dirección”. La respuesta a por qué las prioridades e insistencia en cierto tipo de obras por parte del Gobierno de Coalición estaba en otra gran estrategia “invisible”.

La estrategia regionalista tenía también la intención de animar y fortalecer lo que tardaría muchos años en lograrse para el fortalecimiento de la democracia: la valorización municipal. En 1911 se había celebrado un Primer Congreso de Municipalidades, con motivo del Año Centenario de Caracas. Y el 18 de septiembre de 1960 se realizó la II Convención Nacional de Municipalidades. El Gobierno de Coalición buscaba lograr el interés municipal en los programas de desarrollo de la comunidad para las áreas urbanas y rurales como propósito fundamental de la democracia, fomentando y manteniendo el establecimiento por parte de los organismos nacionales dentro de una máxima coordinación con las municipalidades en el planeamiento y ejecución de los programas de desarrollo.

La descentralización administrativa se inició entonces, porque el Gobierno sabía que en una nación de vastísima área geográfica y de tan dispersa ubicación poblacional, era lo pertinente. El Plan de la Nación coincidía con la autonomía municipal, y sus obras daban pasos efectivos hacia el autogobierno local. De lo que se trataba era de deslindar campos y actividades, determinando precisamente cuáles eran aquellos que corresponden a los ministerios e institutos autónomos y cuáles atribuibles a los gobiernos estadales y a los concejos municipales. La tarea sería larga porque esto era desconocido en Venezuela y había que crear conciencia, además de preparar los técnicos y profesionales requeridos.

El panorama que presentaba el país en cuanto a servicios públicos básicos –los más directamente vinculados con la actividad municipal, y muy “visibles”- no era favorable. Por el contrario, se presentaba en términos de desafío a los venezolanos para ver si eran capaces o no de echar los cimientos sólidos de una nación moderna. Desde el punto de vista sanitario, apenas el 34,5% de la población estaba servida por acueductos y sólo el 45% por cloacas, y apenas un 50% de las casas en ciudades que disponían de cloacas tenía empotramiento en ellas. De los acueductos rurales construidos hasta 1957 sólo el 6% se encontraba en buenas condiciones. Sólo el 30% de la población urbana del país, es decir 2.257.000 personas, disfrutaba de agua potable. El 70% no. En las áreas rurales la situación era peor, como sabían los venezolanos que estaban verdadera, directa y angustiadamente informados de los problemas del país.

En el Plan de la Nación se contemplaba, tentativamente, elevar al 59% y al 72% la población que estaría servida por acueductos y cloacas, respectivamente, para 1964. La aspiración era que al final del período hubiera pocas poblaciones venezolanas desprovistas de sus servicios sanitarios indispensables, sin los cuales la medicina preventiva no alcanzaría resultados óptimos. Por ello es que este plan de desarrollo y mejoramiento de unos servicios públicos ineficaces se conectaba con las redes de puestos de salud pública, de hospitales, de asistencia a los niños, y con el de escuelas, colegios y universidades.

Se sabía que toda la acción en marcha no podía ser obra exclusiva del Gobierno. Ninguna empresa de superación humana ha sido posible sin el concurso activo, dinámico y creador del pueblo; y en este sentido la responsabilidad de los ediles, tal vez la más directa expresión del voto popular, era de singular importancia. De ahí que la política o el empeño fuera que los vecinos de la población den aporte de su trabajo para la construcción de cloacas, para el mejoramiento de las calles, para el funcionamiento de los comedores escolares. Se creía que los concejos municipales de toda la República podían ser los gonfaloneros de esa empresa de lograr que la comunidad aporte entusiasmo, mano de obra, cooperación activa, y los Gobiernos nacionales y regionales materiales de construcción, técnicos, maestros, etc.

Otra tarea de singular importancia, asignada a los concejos municipales en la Convención, era la de realizar una terca labor educativa para que la población entendiera que los dineros fiscales no son inagotables, y que el pago de los servicios públicos es una obligación de todo ciudadano de ellos beneficiado. Sostener la tesis de que las tarifas de servicio de agua y de otros deben alcanzar niveles mínimos, porque se trata de inversiones hechas por el Estado, es una forma demagógica de prolongar en el tiempo la creencia muy generalizada en el venezolano de que los dineros invertidos por el Estado no son recuperables. Cuando es lógico que esas inversiones gubernamentales puedan ser recuperadas a fin de reinvertirlas útilmente en otras poblaciones que estén desprovistas de servicios públicos vitales.

Rómulo, ante el “otoño” de peticiones de servicios municipales que caían sobre Miraflores, decía: “El Gobierno nacional siempre ha procurado acudir de alguna forma, reconozco que siempre parcial e insuficientemente, para atender esas peticiones. Pero eso no es lo normal ni lo racional. Los concejos municipales no pueden seguir apelando indefinidamente a esas donaciones del Gobierno central. Como entidades honorables, y una vez organizados en una forma eficiente sus mecanismos de recaudación de ingresos, y una vez convencidos los ciudadanos de que en este país deben ser pagados puntualmente los servicios públicos, estarán en capacidad de contratar préstamos con un organismo especializado precisamente en ese tipo de operaciones, las cuales, como es sabido, no encajan dentro de las normas de la banca privada y ni siquiera dentro de las que rigen a las instituciones crediticias del Estado”.

Se buscaba así que el espíritu coalicionista fuera llevado a todo el ámbito nacional, ya que la realización de un altísimo porcentaje de las obras recaía sobre el poder central. El caso es que en medio de tantos trastornos públicos que se sucedían en Venezuela, hubo tiempo para la siembra de los grandes ideales y proyectos políticos de sana inspiración doctrinaria. Estaban por nacer la OPEP y la gran Constitución de 1961.



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