opinión

Venezuela: ¿Confrontación de ideologías o combate contra forajidos?

19 Septiembre, 2013

“… Pero esta fragilidad del Estado totalitario explica también el hecho de que no pueda permitirse ningún aflojamiento de su vigilancia, ninguna tolerancia frente la crítica realmente consecuente y casi ninguna concesión en política exterior … se ve forzado a la firmeza para sobrevivir, temeroso siempre de que una crisis, por benigna que parezca, adquiera carácter mortal. Su debilidad lo condena a ser siempre más fuerte”. Jean-Francois Revel

Sobre la reciente visita de Henrique Capriles a Miami, muchas cosas podríamos comentar, críticas sensatas, comentarios malintencionados, aplausos, discurso revitalizador, medios de comunicación y organizaciones inconformes, etc. En fin, todas opciones que la visita de un liderazgo creciente con la firme determinación de asumir el poder despierta a su paso.

opinan los foristas

Sin embargo, considerando las muchas cosas que, de seguro, tendremos a bien conversar y debatir, en los próximos días y semanas, hemos estimado pertinente comenzar por una frase que Henrique Capriles, palabras más o palabras menos, pronunció en su discurso, cuando afirmó que no se trata de una confrontación ideológica, se trata de resolver problemas de fondo en un país que se cae a pedazos.

Para quien suscribe esta nota, la afirmación de Henrique Capriles, no tuvo mayor relevancia, de seguro porque la compartimos plenamente. Craso error, ya que para muchos con quienes convivimos en este politizado Sur de la Florida, se trató de una blasfemia, de una irreverencia que no se puede compartir y menos aceptar. Incluso, para muy respetados amigos que sobreviven en Venezuela o están viviendo en otros países alrededor del mundo, también la frase despertó incomodidad.

Es obvio que no podemos esgrimir o argumentar sobre las razones que maneja Henrique Capriles para hacer tal afirmación, sin embargo, si podemos dejar claras las razones que quien escribe, tiene para mostrar su acuerdo con la referida frase. Aclarando que no necesariamente sean las mismas de Capriles, pero que consideramos válidas desde nuestro punto de vista.

Comenzaremos por decir que durante nuestros años juveniles, como estudiante de bachillerato en el Liceo Andrés Bello y como cursante de ingeniería en la Universidad Central de Venezuela, la discusión ideológica y política eran como “el pan de cada día”. De manera consciente o instintiva nos sabíamos atrapados en aceptar la concepción de izquierda-derecha como una suerte de teología obligante, para analizar todos los hechos políticos, culturales e históricos.

Durante los años posteriores, los hechos y acontecimientos ocurridos, sumados a una visión más serena y reflexiva de la historia, nos han llevado a rechazar cualquier esquema imperturbable de pensamiento o limitaciones sectarias y condicionantes de los debates.

Sin desestimar la necesidad de producir un debate teórico sobre el tema, el cual puede y debe producirse, tratemos de enfocarnos en lo planteado. Estimamos que ya en estos momentos, una considerable mayoría de los venezolanos, no está preocupada del tema ideológico. Se plantean el tema en un plano distinto al ideológico, ya que:

a) la percepción de haber perdido los espacios democráticos;

b) una dinámica social basada en la protesta constante y diaria;

c) una zozobra permanente ocasionada por una inseguridad cierta y creciente;

d) vivir una realidad económica que golpea su capacidad de adquisición de alimentos, bienes y servicios;

e) sentir una crisis política que genera incertidumbre y hace tambalear un gobierno con serias y crecientes dudas sobre su legitimidad de origen,
así lo condicionan.

Por otro lado, no deberíamos dudar que, en su origen, este régimen tenía una concepción ideológica que aspiraba imponer un régimen socialista, sin embargo, como ha sucedido a lo largo de la historia, sobrevino el fracaso, ya que, como lo menciona Jean-Francois Revel, en su libro “La Tentación Totalitaria”, “el principal obstáculo para el triunfo del socialismo no es el capitalismo sino el comunismo”.

Es decir, así como en Cuba el castrismo asumió el poder prometiendo una revolución socialista, ocultando su verdadera vocación comunista-totalitaria, degeneró en un régimen de oprobio, perverso, facineroso y totalitario que para nada sustenta su poder, hoy día, en una ideología socialista. Eso es tan solo, la fachada, para mantenerse y ejercer control tanto en Cuba, como en una América Latina seriamente penetrada por el virus del populismo inoculado por gobiernos de izquierda o derecha que realzan el resentimiento y el odio de clases.

Otro caso, patético, es lo sucedido con las FARC en Colombia, dejando constancia inequívoca que nunca compartimos su método de lucha, es decir la lucha armada, no deberíamos dudar que el carácter original del movimiento estaba basado en la ideología marxista-leninista. Hoy día creemos que nadie debería dudar de la ausencia de esa ideología como sustento. Las FARC se convirtieron en grupo terrorista, forajido y brazo armado de las bandas de narcotraficantes. También la ideología es, hoy día, una fachada que le rinde beneficios políticos.

La participación en el Foro de Sao Paulo y la decisión tomar el camino electoral, le permitió a la corriente de izquierda menos radical, avanzar y sumar partidarios. La victoria de Luiz Inácio Lula da Silva en Brasil, constituye el triunfo más emblemático de esa corriente, un luchador sindical y creyente de la democracia con un pensamiento de izquierda, gobernando uno de los países más influyentes en el mundo, pero bajo el anclaje de una férrea institucionalidad democrática.

En Venezuela, sin duda que la toma del poder, para implantar una revolución socialista, era un objetivo de largo plazo defendido desde muchas corrientes del pensamiento de izquierda, con propuestas políticas e ideológicas serias, estemos o no de acuerdo con ellas. Sin embargo, la decisión de entregar la conducción de esta gesta, a un militar con muy poca formación ideológica y con una profunda convicción totalitaria del poder fue un craso error. La llegada al poder, en el momento de mayor fragilidad democrática e institucional del país, le permitió tomar el control total. Su populismo, su carisma y su liderazgo, bajo la dirección política de Fidel Castro, convertido en una sanguijuela, en procura de sobrevivencia, condenaron al fracaso la idea original.

En el paso del tiempo, la propuesta de desfiguró totalmente, la ideología socialista se convirtió, tan solo, en un parapeto, en una excusa para continuar arengando el resentimiento, el odio y la división. Además, la dosis exagerada de populismo, daño profundamente la lógica social del venezolano y carcomió su tejido social. La violencia, la corrupción, la impunidad, la venganza, el cinismo y desfachatez son hoy día, la característica del régimen neo-totalitario que quiere consolidarse en Venezuela.

Será que alguien pretenderá hacernos creer que Nicolás Maduro, Cilia Flores, Diosdado Cabello, José Vicente Rangel y su “papi papi”, Rafael Ramírez, Jorge Rodríguez (hijo), Nelson Merentes o Roy Chaderton, solo por nombrar algunos, defienden el poder por “razones ideológicas”. Creemos que sería ingenuo pensarlo o, cuando menos, muy difícil de sustentar. Ellos se plantean mantenerse en el poder, solo por cuestiones de poder y por razones de intereses personales.

Porque han hecho de la corrupción un negocio altamente rentable que corroe los principios y enloda dignidades. Adicionalmente, a ese tremedal también han sido invitados supuestos opositores, defensores de la democracia que hoy se revuelcan con ellos.

El debate es complejo, pero estas son mis razones sobre la mesa para discutir y las que me hacen aceptar la frase de Henrique Capriles, sobre el tema. No sabemos si él tiene otras, pero estas son las nuestras. Esto es un combate contra forajidos que, como dijera de manera premonitoria Juan Pablo Pérez Alfonso, hunden a Venezuela en el excremento del diablo.


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