opinión


El Nacional / ND

La lección de septiembre

15 Septiembre, 2013

Permiso mi general, para pasarle el tanque por encima a estos huevones”. Eso fue lo que dijo un joven oficial al general responsable de la toma del Palacio de La Moneda en el momento en que el hombre se disponía a abandonar el lugar, dejando tras de sí el cadáver del hasta ese día presidente Salvador Allende y el viejo edificio neoclásico destrozado a fuerza de bombas y balazos.

opinan los foristas

Los “huevones” a los que se refería el oficial era un grupo de empleados de la Presidencia, ahora prisioneros, alineados junto al frontis de La Moneda, frente a un tanque de guerra cuyo cañón descomunal les apuntaba inclemente mientras el maquinista jugaba a acercar y retroceder el vehículo aterrorizando a los detenidos.

Esa es una de las tantas historias crueles, de abusos y ensañamientos, que por estos días han vuelto a recordar los medios de comunicación chilenos a propósito de los 40 años transcurridos del cruento golpe de Estado que puso fin a un gobierno electo democráticamente y abrió paso a una de las más perversas, sangrientas y crueles dictaduras que se hayan padecido en América Latina.

El golpe fue implacable y la dictadura que siguió también.

Los militares golpistas, con el apoyo de la CIA y lo más radical de la derecha chilena, venían sin escrúpulos no sólo a ponerle fin a un Gobierno sino a intentar exterminar a los activistas de los movimientos políticos que, con el Partido Socialista y el Comunista a la cabeza, habían conformado la alianza conocida como Unidad Popular llegada al Gobierno con la promesa de hacer una revolución por vía electoral y democrática.

Pero ya sabemos que no fue así. El régimen dirigido por el general César Augusto Pinochet no escatimó esfuerzos ni medios para cumplir la estrategia de tierra arrasada y dejó como tributo a la barbarie las cifras de aproximadamente 3.200 personas asesinadas, 1.190 de las cuales aún siguen desaparecidas, más unas 33.000 que sufrieron cárceles, torturas y otros vejámenes. Nada justifica este horror.

Desde el primer día, el 11de septiembre de 1973, oficiando en el Estadio Nacional la masacre en la que miles de seguidores de la UP fueron torturados y unos 500 asesinados, el régimen mostró sin tapujos su naturaleza. Luego vinieron operaciones de “limpieza” como la Caravana de la Muerte, una comitiva del Ejército que recorría el país agilizando los juicios de los prisioneros del golpe, famosa por sus técnicas para asesinar lentamente a las víctimas, sacándoles los ojos con cuchillos, quebrándoles mandíbulas y piernas, y disparándoles a los genitales para al final ametrallarles.

La dictadura duró 17 años y terminó por un mal cálculo del criminal mayor que lo sacó de la Presidencia por la vía de un plebiscito. Pero la pesadilla continuó. Pinochet entregó el poder pero se mantuvo por 8 años al frente del Ejército y muchos más como senador vitalicio moviendo los hilos para impedir la investigación y castigo a los crímenes de su régimen.

Dejó, además, lo ha explicado claramente Michelle Bachelet, una nación profundamente dividida y polarizada, una Constitución que dificulta cualquier cambio profundo en la institucionalidad política del país, y un sistema educativo convertido en negocio que hoy en día es fuente de un gran descontento popular.

Por suerte, la existencia de un sistema de justicia internacional, del que el Gobierno venezolano ha comenzado a escaparse, hizo que el general cayera preso en Londres y luego pagara en Santiago un arresto domiciliario de más de 500 días. A partir de entonces la justicia chilena comenzó a procesar las numerosas demandas que habían sido introducidas por los familiares de las víctimas. Sin embargo, según precisan los organismos de derechos humanos, 60% de los casos aún no ha sido juzgado.

Una lección que no deben olvidar quienes defienden los golpes de Estado. Porque el militarismo es el gran enemigo de nuestras democracias y porque, como decía Santiago Carrillo, del Partido Comunista Español: “¿Dictadura? ¡Ni la del proletariado!”.

hernandezmontenegro@cantv.net

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