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opinión

Pedro Lastra

La insólita leyenda del imbécil que quiso meter 33 maletas con 1,3 toneladas de coca a París

29 septiembre, 2013

Un amigo de profesión bajista que acompañaba a un importante artista nacional fue retenido en el aeropuerto Charles de Gaulle de Paris bajo la sospecha de llevar coca en su contrabajo. Tan famoso por cierto – el contrabajo, un BabyBass electro acústico de la afamada marca Fender -, como que había pertenecido al gran bajista cubano Israel “Cachao López”.

opinan los foristas

Lo que pareció ser un simple trámite debido al celo policial de una pequeña perrita faldera especializada en detectar drogas, de servicio junto a la estricta dama de la policía francesa de fronteras que la llevaba como su auxiliar dama de compañía, se convirtió en una torturante sesión de interrogatorios y contrainterrogatorios que se prolongó durante horas y horas. Ni siquiera los empeños del funcionario de la embajada de Venezuela en Paris, que había ido a recibir a la comitiva, sirvieron de nada.

A medianoche, doce horas después del arribo a Paris, cuando el atribulado bajista llegó al hotel con los despojos del memorable instrumento, pudimos enterarnos de la verdad. La faldera en cuestión se encarnizó con la herencia de Cachao López y no le soltó los colmillos ni siquiera después de radiografiarlo por todos sus costados. Encerrados en un cuarto blindado de la aduana francesa, no entraban señales telefónicas. Ni influencias externas, así provinieran del Vaticano. La policía francesa, además de incorruptible, es una cosa tan seria, que en Venezuela no ha existido nada parecido ni en los tiempos del Waraira Repano.

Al cabo de tan infructuosos interrogatorios y esfuerzos tecnológicos por dar con la verdad y satisfacer la furia de la faldera y su amita, los estrictos pesquisas francesas decidieron cortar por lo sano: tomaron un taladro y perforaron el histórico BabyBass por sus cuatro costados, dejándolo como un queso Gruyere y, como es obvio, inservible para siempre. Y aún así, convencidos de que lo único que salía del contrabajo electro acústico era goma espuma, debieron satisfacer a la tenaz olfateadora abriendo el bajo por sus dos mitades.

Allí vinieron a comprender las razones de la insobornable porfía de la faldera: la pega zapatera con que el artesano que acababa de poner a punto el bajo en su taller de El Paraíso había vuelto a unir las dos caparazones, suele ser usada por los traficantes para engañar a los perros policiales, que ya habían aprendido a detectar el truco. Con ellos, ni “Hércules”…

Si una mínima lámina de pega zapatera causó el segundo entierro metafórico del descomunal jazzista cubano Israel Cachao López, ¿cómo pudo creer uno de los esbirros de los poderosos necesitados de “caja chica” para enfrentar el desafío electoral del 8D que pasaría 33 maletas con 1,3 toneladas de cocaína por delante de nuestra incorruptible faldera de no más de 10 klgs de peso?

Bien lo dijo Einstein: sólo la imbecilidad es más infinita que el universo. Pero de que daña, daña. Va siendo hora de cortar por lo sano y destaparlos como a un Fender Bass.

@pedrolastra



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