opinión

La bendita partida de nacimiento

14 Septiembre, 2013

Este hombre sí habla pendejadas, Dios mío. En estos días ratificó que era el hijo de Chávez. ¿Qué gana con decir tantas ridiculeces? No importa que sigan con el fastidio de la partida de nacimiento, él es el hijo de Chávez. Este figurativo argumento es, aunque siga mintiendo y burlándose, su más contundente amenaza.

opinan los foristas

Está frente a una situación como el hombre que construye con fichas de dominó una pirámide y cuando va a lograrlo, otro que pasa le saca una ficha y se le desmorona. Y lo que él desearía es que fuera simplemente la pirámide de fichas.

A estas alturas, es muy difícil suponer que si esa partida de nacimiento suya existiese, transparente, auténtica, innegable, ya no sólo la habrían enseñado, sino que se habría festejado con una manifestación regalando “vergatarios” celulares, propagándolo al mundo en interminables cadenas insultándonos y acusándonos de conspirar contra la verdad de la revolución y la patria.

Pero no.

Lo que Nicolás Maduro repite como cartilla es que “él es hijo de Chávez”.

Una mentira tonta.

Pero para este cartel que hoy ostenta el poder, engañar a los venezolanos que todavía les siguen, atados a confusiones sin solucionar, sumidos en la alienante publicidad que los menciona una que otra vez, engatusándoles de mentiras y limosnas el alma, o comprometidos en convenios que no han leído, o con oscuros compromisos que les ata en una red violenta, servil que no saben cómo desenredar, ha funcionado.

Lo que no esperaban es que la partida de nacimiento del “heredero” se convirtiera en esto, en el instrumento más peligroso para sus planes.

Tampoco lo esperaba la oposición.

Pero allí está. Imagínese lo que significaría que se llegara al final de estas investigaciones, porque hay muchas fuentes investigándolas, entre ellas Walter Marquez, que ha sido y es infatigable en su seguimiento, que sigamos en esto y no aparezca la bendita partida de nacimiento.

Porque todo se ha ido embrollando de tal manera, que el propio Santos no se salva de la suspicacia popular. Y más cuando su relación con el “ilegítimo” se basa en intereses que benefician al hermano país sobre nuestra incapacidad de auto abastecernos alimentada con la inercia de este gobierno.

Son millones y millones de dólares. No son tonterías.

Los mismos adoradores del difunto no se explican por qué el ilegítimo no enseña la partida de nacimiento…

Todavía no se enfrentan a esa mentira cotidiana y engañosa de que es un hijo de Chavez. Suena a chiste. A anhelo. A adoración. Pero mentira al fin. Esta trama tiene perfiles del mismo guión de la mentira gigantesca sobre la muerte del “Comandante eterno”.

Ninguno, ni aquí ni más allá de la frontera, millones de votantes, esperaba esto. Con todo lo que ha vivido Venezuela, nunca se creyó a nadie, coronel o no, capaz de llegar a la Presidencia sin descifrar su identidad. ¿Y si es colombiano? Demoledora, la verdad se encargará de ser el arma que descubrirá al fin las más oscuras páginas en nuestra historia, develándolas al mundo. De eso sólo podemos ocuparnos nosotros. Los venezolanos. Sin descansar hasta que la leamos en las calles, en un coro de libertad.

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