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Alfonso Molina y su libro: “2002: el año que vivimos en las calles”: Casi nadie ha escrito sobre el paro cívico nacional

30 septiembre, 2013

alfonso_molina_libro_conversaciones_con_carlos_ortega_30sep2013Enrique Meléndez / especial Noticiero Digital / 30 sep 2013.- El periodista Alfonso Molina considera que los sucesos de abril de 2002 constituyen un fenómeno político pues la ciudadanía, sin una dirigencia partidista que la liderara, tomó las calles para exigir el respeto a sus derechos, y que le da un carácter a este movimiento de antecedente a lo que se inició en España bajo el nombre de “Los indignados”, y que de allí se extendió por casi todo el planeta, quizás, como por efecto dominó.
opinan los foristas
He allí a la conclusión a la que llega, luego de sus conversaciones con Carlos Ortega que dieron lugar al libro que ahora está en la calle, y que ya agotó la primera edición; destacando Molina que, si bien es cierto que sobre la semana sangrienta de abril de 2002 se ha abundado en libros, filmes y documentales; sobre el paro cívico de ese mismo año casi nadie ha escrito, viniendo a ser esta obra uno de los pocos trabajos que se han escrito al respecto.A continuación la primera parte de la entrevista:El libro suyo escrito a dos manos con Carlos Ortega, por decirlo así, y que acaba de aparecer, lleva por título “2002: el año que vivimos en las calles”. ¿A qué se debe ese nombre?

-El 2002 fue el año donde se operaron profundas transformaciones en la conciencia ciudadana. A lo largo de esos doce meses en el país sucedieron muchas cosas; signadas más que todo por la activación de los ciudadanos; en tiempos en que no existía un liderazgo político; porque el año 2002 brillaba por su ausencia una dirigencia partidista; aunque sí existía un liderazgo social, por ejemplo, representado por Fedecámaras, por la CTV, por la Gente del Petróleo, por la Asamblea de Educación, y por un conjunto de organizaciones ciudadanas, propias de la sociedad civil.

-Si es que entendemos a la sociedad civil como el conjunto organizado de personas, alrededor de fines particulares; fuera del ámbito gubernamental, precisamente, lo que son sindicatos, gremios, ONG de diversos signos, asociaciones de vecinos, centros de estudiantes, es decir, el ciudadano organizado se lanzó a la calle a protestar, para exigir sus derechos.

Usted habla de la presencia de un liderazgo social a la cabeza de ese movimiento, que se genera ese año; no obstante, el oficialismo prefiere decir que esa ausencia de la dirigencia partidista lo llenaron los medios de comunicación. ¿Cómo lo ve usted, siendo precisamente un comunicador social?

-Yo creo que ese concepto es inexacto; es más bien una excusa, por parte del gobierno. Evidentemente, los medios de comunicación asumieron un rol, y que tenían que hacerlo, porque lo que estaba de por medio era un problema de objetividad; del futuro de la democracia. Lo que se inició aquel año o todo lo que se denunció en aquel año se ha venido cumpliendo, por parte del gobierno.

-Había un proyecto totalitario; autoritario, que se ha venido imponiendo, hasta el momento en que hoy no tenemos prensa independiente; casi toda la hegemonía mediática la ejerce el gobierno; salvo publicaciones como El Nacional, El Universal, TalCual, La Razón, los demás periódicos están sometidos. Hay un acoso publicitario; hay un hostigamiento, incluso, hasta policial; penal hacia sus propietarios.

-Es verdad que en aquellos años los medios de comunicación tomaron posesiones, en defensa de la democracia y de la libertad, pero también es verdad que los protagonistas directos de esa desavenencia civil fueron los ciudadanos, que se lanzaron a las calles a exigir sus derechos. Tú podrás recordar la gran marcha que se hizo el 23 de enero del año 2002, para conmemorar la efemérides de la democracia. Esa fue la primera gran marcha que se hizo; que fue de la Plaza Morelos a la Plaza O´Leary.

-Después vinieron los sucesos de abril de 2002, y digo los sucesos porque fueron varias cosas las que pasaron en dicho mes; luego, vinieron todas las marchas que se hicieron a lo largo de ese año, hasta culminar con el paro cívico, que durante 63 días este país estuvo pendiente de la renuncia de Chávez, que era el objeto de aquella lucha, y constituyendo, en ese sentido, un fenómeno.

-Fíjate, yo quiero ser enfático en esto. Este fue un fenómeno inédito. No solamente, la sociedad venezolana, sino también muchas sociedades, han sido convulsionadas por sus propios ciudadanos; quienes se lanzaron a las calles a exigir sus derechos. Pero esta situación que nosotros vivimos a lo largo de 2002 constituye el antecedente de lo que será después el movimiento, que en España se conoció como el de “Los indignados”.

-Pero hay que ver, que cuando se habla en España de una concentración, eso no pasa de unas cinco mil personas, y aquellas fueron marchas de 500 mil personas. Eso fue un verdadero fenómeno de masas, si tú quieres decirlo de una manera arcaica. Pero ahí estaban los ciudadanos.

El libro nace luego de un encuentro que usted sostiene con Carlos Ortega, en una coincidencia de ambos en un café de Cartagena de Indias; momento en el que comienzan a intercambiar impresiones, y así quedan para recoger todo aquello en una serie de grabaciones. ¿Cuántos fueron los días de conversaciones?

-Días, uno tras de otro, fueron como dos semanas; cara a cara y durante horas. Pero, en primer lugar, el libro está atravesado por una larga entrevista; aunque no se trata de una entrevista; siendo más bien este género en esta oportunidad un instrumento para abordar un conjunto de reflexiones que están acá, y esas reflexiones son producto de otras sesiones de trabajo en conjunto, a través de Skype.

-Nosotros seguimos conversando; madurando los textos: unas veces estábamos de acuerdo, otras veces no, y de modo que llegamos a un producto final, que es éste, y el que la gente está comprando, como lo prueba el hecho de que ya el libro va por la reimpresión. Ahora, hay cosas en este libro que a mí, en lo particular, me llamaron mucho la atención, como por ejemplo el caso de un acto de brujería que lleva a cabo Chávez en un país africano.

Sí, eso lo comentó Nelson Bocaranda en su columna del jueves pasado. Dijo que se había adentrado en un país del Africa, en busca de una tribu, donde se practicaban maleficios, y para lo cual llevaba una foto de Ortega.

-Sí, sí, y aquí está relatado todo eso. Yo me dediqué a investigar ese tipo de actividad, y conseguí una página web, donde aparece documentado todo ese ejercicio de magia negra, por llamarlo de alguna manera. Esto es algo que casi nadie lo sabía. Es por eso que Bocaranda lo destaca en su columna. Lo mismo que tampoco se sabía acerca de una confidencia relativa al Centro Carter.

¿De qué se trata esa confidencia?

-El asunto es el siguiente: la CTV, en este caso Carlos Ortega, se informa que el gobierno nacional le había donado cinco millones de dólares al Centro Carter, y con la activa participación de Jennifer McCoy. El Centro Carter en tanto que ONG puede recibir dinero de cualquier gobierno; lo que no puede es recibir dinero del país donde está actuando. Porque eso compromete su objetividad y su imparcialidad.

-Eso fue lo que le reclamó Carlos Ortega a Jennifer McCoy; le dijo que le parecía inapropiado que ellos recibieran cinco millones de dólares, y a lo que la señora McCoy le respondió que eso no era así; que no eran cinco los que habían recibido, sino sólo dos millones de dólares. A lo que él le espetó, no sin una cierta ironía: “Ah, caramba, se quedaron tres millones de dólares en el camino”.

Mañana, la segunda parte…



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