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opinión


El Nacional / ND

Toni

4 agosto, 2013

Rústico Bracho nació en Bachaquero, allí cursó primaria y secundaria.

opinan los foristas

Luego llegó a Caracas a estudiar Psicología en la UCV.

Rústico demostró tener dos habilidades. Ser un excelente estudiante y, sin ser activista, establecer una buena amistad con los sectores de la extrema izquierda que hacían vida en la UCV (encapuchados) Un perfil como el de Rústico no podía pasar inadvertido para la CIA. Primero hicieron contacto con la empresa internacional donde se había empleado. Uno de sus directores le ofreció una beca para estudiar inglés en un colegio en Arlington, Virginia, Estados Unidos. La escuela enseñaba idiomas y “otras cosas”. Era, para no demorarlo más, un apéndice de la CIA.

A Rústico lo reclutaron fácilmente. Lo primero que le pidieron fue que adoptara un seudónimo para que su zulianidad no quedara en evidencia. Por regionalismo adoptó el nombre de Centonio Montiel. El cubano Rigoberto (Rigo), que era su contacto, rápidamente lo convirtió en Tonio. Luego Buster Jhones, director de la “Sección Venezuela”, lo recortó a Toni, en una metamorfosis no sólo lingüística sino cultural. Para todos los efectos visibles Rústico y Centonio se borraron del mundo del espionaje y, para siempre, quedó Toni.

Regresó a Venezuela a finales de los sesenta, después de pasar años de entrenamiento en las “otras cosas” ya mencionadas, aunque no descritas (información clasificada).

Hasta la elección de Chávez, Toni, desde un escritorio ejecutivo en la empresa que lo había empleado antes, estableció contacto con sus viejos amigos y otro nuevos.

En el año 2000, luego de más de 30 años de servicio, Toni fue jubilado por la CIA. Sin embargo, un evento inesperado (la muerte de Chávez) encendió todas las alarmas en la CIA y, ante la indefinición política que se presentó, reactivaron a Toni y lo invitaron a la “Oficina”.

Jhones y su asistente discutieron la posibilidad de colocar un espía en Venezuela. Recorrieron todas las opciones convencionales: funcionarios de embajada, empleados de empresas, inversionistas, etc. Todas fueron descartadas por ser ya muy trajinadas. Ya para terminar la reunión Toni tuvo una idea que Jhones no titubeó en calificar de brillante. Estamos empeñados, dijo Toni, en decidir cómo introducir en Venezuela a un espía que no pueda ser descubierto. ¿Qué tal si mandamos a uno que no tuviera que ocultarse, que sería recibido por el Gobierno venezolano como un héroe y que tendría acceso a todos los niveles del régimen y de la oposición? “¿Y cómo hacemos eso?” intervino Pete.

“Muy sencillo, explicó Toni, escogemos un agente joven con alguna experiencia en análisis de riesgo, economía y olfato político. Que no hable español (no puede ser demasiado perfecto). Le damos información “explosiva” sobre espionaje a ciudadanos americanos (algo que todo el mundo sabe) y lo hacemos desertar en Rusia. Una vez asilado y declarado lo que le escribimos, varios de los países de América Central y del Sur, entre ellos Venezuela, le ofrecerá asilo y …asunto arreglado”.

El “asunto”, que fue realizado con precisión quirúrgica, se enredó después. No por falta de interés de Maduro sino por exceso de insultos y de entusiasmo. Lo que obligó al Gobierno de Estados Unidos a protestar so pena de que le descubrieran el juego.

¿Y ahora qué hacemos? preguntó Pete. Pues le cambiamos la cara a Snowden y lo regresamos, respondió Jhones. Y yo le busco otro nombre, agregó Toni. Pero, por favor, suplicó Pete, que no sea ni Rústico ni Centonio. Tres carcajadas cerraron la reunión.

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