opinión

Oscar Arnal

El grave invento del socialismo del siglo XXI

16 Agosto, 2013

La pólvora la inventaron los chinos en el siglo IX de nuestra era. Los bizantinos y los árabes la introdujeron en el año 1200 a Europa. Inventarla de nuevo no tendría ningún sentido. Ha causado muchos males a la humanidad, especialmente por lo que significó en las armas de guerra. Otros inventos también han causado grandes daños. Entre ellos se podría hablar del: éxtasis, los campos de concentración, la bomba de hidrogeno, el Gas Sarín, el agente naranja, las hipotecas de alto riesgo, los aceites hidrogenados, demás contaminantes, etc…

opinan los foristas

Otro inventó que deslumbró e ilusionó, dominó más de medio mundo, pero terminó en un gran fracaso, fue el marxismo. Su puesta en práctica dejó alrededor de 100 millones de muertos. Y mientras los países con democracias occidentales, vivían en libertad y multiplicaban por seis lo que se producía en los países comunistas, las “dictaduras del proletariado” privaron del pluralismo a sus ciudadanos, violaron los derechos humanos sin piedad y crearon muchas más diferencias entre ricos y pobres. En la Unión Soviética se establecieron hasta de 9 clases sociales diferentes.

El actual régimen pretendió inventar el agua tibia con aquello del “Socialismo del siglo XXI”. Cuenta la leyenda que muchos años antes de Cristo, los persas ya usaban el agua tibia con regularidad y con propósitos específicos. La propuesta económica del oficialismo, fue algo así como tratar una especie de tercera o cuarta vía, pero sin ocultar que los seducía “el mar de la felicidad” de Cuba. Un país que en materia económica no podía constituirse en ejemplo de nada…

Lo que ha pasado es parecido a ir subiendo el Ávila, encontrar tres caminos y pretender no tomar ninguno, sino crear otro. El esfuerzo para cortar los matorrales, abrir nuevas brechas y buscar un sendero más corto sería una utopía, un imposible y eso fue lo que sucedió. Desde los caminos de los indios y el de los españoles, que tiene unos 400 años, a menos que una nueva tecnología o ciencia apuntale un norte distinto, lo demás es gastar pólvora en zamuro.

Allí están las cifras trágicas de la inflación en comparación con los demás países. El alto costo de la vida interanual de los países latinoamericanos en el primer semestre es la siguiente: El Salvador 0,9%; Paraguay 1,7%; Chile 1,9%; Colombia 2,2%; Ecuador 2,7%; Perú 2,8%; México 4,1%; Panamá 4,1%; Guatemala 4,8%; Dominicana 4,8%; Bolivia 4,8%; Costa Rica 5,1%; Honduras 5,3%; Brasil 6,7%; Uruguay 8,2%; Nicaragua 8,3%; Argentina 10,5% y Venezuela 39,6%. Lo que indica que con la excepción venezolana, el costo de la vida está bajo control en la región. Así mismo, la inflación de Europa es 1,61%; la de EEUU 1,75% y la de China 2,6%. De donde se concluye que el fenómeno inflacionario ha sido puesto de rodillas en casi todo el globo terráqueo.

Los años ochenta fueron para Latinoamérica, los de “La década perdida”. La hiperinflación, la estanflación, la devaluación de las monedas y los grandes déficit fiscales fueron la constante. Los pobres se hicieron cada día más pobres y se sintió aún más el fenómeno religioso de la teología de la liberación. La brecha entre unos y otros se agudizó y se hizo patente la denominación del “Continente de las Desigualdades”.

En los últimos lustros sucedió lo contrario. La mayoría de las economías de la región empezaron a dar muestras de recuperación. Superaron el problema monetario y divisas patrias empezaron a ganar terreno frente al dólar. El problema del alto costo de la vida, que supone el peor de los impuestos a los ciudadanos fue controlado casi por completo, a tal punto que con la casi excepción de Venezuela, la inflación se corrigió.

Las naciones de la América Latina encontraron el éxito económico cuando comenzaron a balancear sus presupuestos; a firmar acuerdos de libre comercio con otros países; a llenar sus anaqueles de productos de todas partes. Cuando pusieron a flotar sus monedas y dejaron que la confianza en los bienes y servicios las estabilizara. Cuando los bancos centrales adoptaron posiciones de equilibrio. Cuando garantizaron la seguridad jurídica para atraer inversiones. Cuando aprovecharon sus ventajas comparativas y competitivas. Cuando sacaron el partidismo de la administración pública y de las empresas del estado. Algunos como Ecuador, El Salvador o Panamá, cuando dejaron circular monedas más fuertes como el dólar junto a la oficial. Situación que se observa también hoy en el Perú y en otros países que han dejado que los distintos signos monetarios del mundo sean de uso posible y se coticen en libertad. Nuestros hermanos latinoamericanos cambiaron el rumbo y con transparencia y una buena disciplina lograron poner sus economías a tono, a tal punto que se reconoce el rumbo positivo que ha tomado la Latinoamérica con relación al mundo.

A la par, las democracias del continente se fortalecieron. La plaga de las dictaduras militares violadoras de los derechos humanos se liquidó y el fantasma del golpismo casi que se desvaneció. Muchos de nuestros países, siempre bailando en la cuerda floja de la inestabilidad económica, que derivaba en la política, encontraron mucho mayor piso y fortaleza. Aunque falta mucho por hacer.

Venezuela a pesar del altísimo precio sostenido del petróleo, no ha podido contener la espiral inflacionaria, tal y como lo hicieron también los demás países de la OPEP, que la bajaron a menos de un digito. Y no es excusa, que en el pasado, la supuesta cuarta república no lo logró, ya que nuestros hermanos de la región a la par de nosotros, tampoco lo habían podido hacer. En Venezuela existe emisión de dinero inorgánico sin respaldo. Cada día se compra menos con la misma cantidad de bolívares. Los salarios no alcanzan. El control de cambios, que opera como un torniquete, para cuando hay hemorragias, al dejarlo causa gangrenas y provocará amputaciones.

Los caminos en la ciencia económica están marcados. Existen reglas y parámetros establecidos que conducen a conclusiones acertadas. Las leyes científicas de la economía actúan de manera perfecta. Una de ellas es la ley de la oferta y la demanda. Cuando se ofertan muchos productos en los mercados los consumidores buscan los más baratos, que combinen la mejor calidad. Si hay escasez como sucede entre otros con los vehículos, la demanda hace que los precios se disparen. Todavía peor es con los productos de primera necesidad. Sí una mamá busca leche para alimentar a su hijo y no la encuentra, a cualquier costo se la paga a quien sea. Los controles excesivos generan los efectos más perversos. Pasar compañías privadas al estado provoca su acabose. Ya vemos los problemas que se están presentado con Lácteos los Andes y con empresas Dianas. Según Vargas Llosa todavía el Perú está pagando las consecuencias de gobiernos como el de Velasco Alvarado, donde todo se estatizó.

Venezuela tiene la obligación de poner su economía en línea con las demás. Sin embargo, el gobierno sigue tratando de inventar el agua tibia o descubrir la pólvora. Así como hay libros de recetas en materia culinaria, con mayor razón existen para una ciencia como la economía. Y no se trata de las recetas del Banco Mundial, ni las del Fondo Monetario Internacional. Son las que han aplicado los países de la región, los países productores de petróleo, los países del mundo desarrollado y hasta los países comunistas como China. Hay que ponerlas en práctica antes de que sea demasiado tarde o nos iremos por el camino equivocado. Si los demás países pudieron, Venezuela puede. Se trata de girar duro, de ponerse los pantalones, de ajustarse la correa o irse por un barranco.

Por: @OscarArnal

oscar.arnaln@gmail.com

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