opinión

Una historia real y de aquí

21 Julio, 2013

Hace meses que debí escribir este relato pero con el día a día de la política lo fui postergando hasta hoy que decidí contarles esta historia relatada por mi hijo Camilo Facundo de 14 años y que quiero compartir con ustedes porque reviste una significativa lección para nuestros gobernantes y especialmente para quienes ocupan cargos en la administración pública.

opinan los foristas

A Camilo le gusta el futbol, se inició los 7 años en el Club Huracanes de Lechería dirigido por Primo Villarroel, compañero de la UDO que estuvo siempre con nosotros en las luchas estudiantiles y hoy da clases y dirige este importante Club Deportivo. Después de varios años en Huracanes, Camilo un día decide presentarse en las prácticas del Deportivo Anzoátegui; recuerdo una larga conversación con él, le dije que en Huracanes ya era titular y que en el Deportivo sería banca y tendría a muchos por delante de él, simplemente me respondió que él lo sabía y que él era disciplinado y trabajador, lo único que le pedí es que hablara con Primo, pues eran unos cuantos años y que no hiciera lo que muchos hacían, retirarse y no hablar con su entrenador.

Con los meses Camilo ya estaba jugando entre 15 y 20 minutos por partido y hasta fue seleccionado para jugar un campeonato nacional en Caracas. Un día me cuenta que botaron al entrenador, un maracucho que cariñosamente llaman Xavi, muy regañón pero con unas ganas inmensas de transmitir lo que él sabe, y que todos los jugadores estaban muy molestos. Los jugadores no sabían porque lo habían botado, los padres de los jugadores se movilizaron y rápidamente se supo que alguien de la Asociación de Futbol del Estado había solicitado su destitución ante el nuevo Director de Deportes de la Gobernación, Eduardo Álvarez. Las quejas eran, fundamentalmente que Xavi no cumplía con su trabajo y el Director procedió inmediatamente a destituirlo.

Cuando los padres de los jugadores y los jugadores protestaron y se comunicaron con el Director, éste en un acto de sentido común, producto escaso en la administración pública y en nuestros líderes políticos, sorprendió a todos y citó a los padres y a los jugadores a una reunión en el mismo campo de juego en el Polideprotivo. Allí se dedicó a oír, en primer lugar a los muchachos del equipo, preguntándoles si el entrenador cumplía los horarios de entrenamiento y cómo se sentían con él, entre otras cosas. Luego de escuchar a todos los que intervinieron, padres y jugadores, y en un acto que habla muy bien de quien conoce el mundo deportivo, sin rodeos reconoció que se había equivocado al tomar una decisión escuchando solamente a una parte de los involucrados, y delante de todos y con gran humildad, dejó sin efecto la destitución; los muchachos gritaban de alegría.

En contraposición recuerdo la triste impresión que me dejó el anterior Director de Deportes a quien conocí en una interpelación que se le realizara en el Palacio Legislativo por numerosas irregularidades y por prohibir la entrada de un entrenador a la pista de atletismo. Un tipo prepotente y sectario que terminó siendo un bandido. Nada que ver con esta lección de humildad, madurez y sentido político del papel de un revolucionario al frente de una dependencia pública.

Cuántas cosas marcharían mejor si la conducta de Eduardo Alvarez fuese una práctica cotidiana de los 33 directores del gabinete del Gobernador Istúriz, de los muchos directores de dependencia nacionales y de las 21 Alcaldías del Estado Anzoátegui. Esa dosis de sentido común, sensatez, valor para reconocer los errores y dar la cara es precisamente lo que nos hace falta para avanzar en la consolidación del proceso revolucionario.

@williancontigo

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